Primera Convención Arco Progresista - Ponencia Política
Ponencia Política

19-20 de julio, 2008

La Primera Convención del Arco Progresista (AP) tiene un próposito fundamental: iniciar una segunda fase en el proceso de unificación de los esfuerzos de la Coordinadora Socialdemócrata de Cuba (CSDC), del Partido del Pueblo (PP) y de la Corriente Socialista Democrática Cubana (CSDC) en un partido político socialdemócrata único, amplio, representativo, vigoroso y con ambición de futuro, abierto a aquellas tradiciones del socialismo liberal y del socialismo cristiano, fundidos en un partido de centro izquierda, capaz de ofrecer una mejor alternativa de cambio y estabilidad democráticos para el  presente y futuro de la nación cubana.

La perspectiva de este partido es global es decir, abierta a todos los cubanos en cualquier lugar del mundo que compartan nuestros valores y nuestras metas. Nuestro fundamento es institucional: ofrecer en Cuba y para Cuba, por primera vez en cincuenta años, y junto a otras alternativas que se lo toman en serio, una opción política que cree en el concepto de las instituciones y en el imperio exclusivo de la ley y los valores éticos para regular la convivencia entre las personas. Un partido moderno que hace de la solidaridad, la libertad, el respeto a los derechos humanos y de las minorías, la ecología, la prosperidad, el bienestar y la prosecución de la felicidad una cadena creativa indisociable.

El propósito de crear este partido uniendo fuerzas no es nuevo. En el año 2000 la Coordinadora Socialdemócrata y la Corriente Socialista firmaron una Carta de Intención en la que explícitamente mencionaban la idea de dar pasos calibrados en tal dirección, fortaleciendo los climas de confianza. En el 2002, se une a este propósito el Partido del Pueblo. Ese es el año de creación del Arco Progresista. En el 2008,  está posibilidad comienza a hacerse realidad después de que estas tres organizaciones se pusieron a prueba, juntas, frente a esas condiciones adversas que determinan siempre la credibilidad, perdurabilidad y viabilidad de los propósitos. Hoy podemos seguir andando, en esta nueva dimensión, con más determinación y confianza en un camino que no será sencillo.

El Arco Progresista como partido nace en un momento difícil e interesante para Cuba. Se perfila un proceso de cambio histórico en nuestro país, que siempre insistiré es también un cambio cultural, –de ahí sus complejidades– que solo será inevitablemente democrático si articulamos la suficiente voluntad y capacidad políticas para provocarlo. La transición hacia otra cosa es visible, pero solo será democrática si los demócratas lo queremos. Y el Arco Progresista lo quiere y está determinado a que así sea, independientemente de las adversidades y de que las circunstancias sean difíciles.

Lo mejor que podría ocurrir en este momento histórico está sucidiendo: unir, orgánicamente, estos esfuerzos y propósitos. Con las bases que siempre hemos privilegiado: la institucionalidad, la ética y el sentido de inclusión de las diversas sensibilidades desde el respeto a las diferencias.  

Nuestra apuesta cuenta para ello con una nueva circunstancia externa que debemos saber aprovechar a  favor de nuestros proyectos. Por primera vez parece que Cuba tendrá un entorno internacional que disipe los peligros a nuestra seguridad nacional y el uso estratégico de estos peligros –dos cosas distintas– y que facilitaría la labor para quienes apostamos por el multilateralismo, el diálogo, la reconciliación nacional y la gradualidad en el proceso de cambios. Si se verifica la elección de Barack Obama como próximo presidente de los Estados Unidos, podríamos decir que la suerte está echada: solo será cuestión de saberla aprovechar creativamente. La compatibilización de la política europea, norteamericana –en su dimensión geográfica más amplia, que incluye a Canadá y a México–, y de otros actores latinoamericanos comprometidos con la democracia será única en cincuenta años. A partir de entonces podríamos decir que desde el exterior y en términos de seguridad nacional, estratégicamente hablando, para Cuba habría un solo peligro y este se llama Hugo Chávez. 

Insisto en el factor internacional porque es el único que nos permite destrabar la situación para poder encaminar el juego propiamente político dentro de Cuba, por primera vez en medio siglo. Hasta ahora era imposible el juego político interno porque los cubanos no vivíamos bajo un esquema de gobierno sino bajo un esquema de dominación. Y que este esquema de dominación se prolongará solo fue posible por el uso y abuso de la amenaza externa en medio de la confusión interesada entre dominación, que es una cosa, y nación, que es otra distinta. Una vez desaparecida la amenaza y el uso creíble de esa amenaza externa, coincidiendo con el cambio histórico en Cuba, se dan las condiciones para que el juego político interno se inicie, en medio de una dificilísima transición de la dominación al gobierno. La indefinición de las autoridades en estos momentos, frente a los cambios que exige la situación de crisis estructural que vive el país, responde al hecho de que quienes hasta ahora dominaban empiezan a darse cuenta –no todos desde luego– de que tienen que asumir el reto de empezar a gobernar, lo que obligadamente implica un cambio de visión: el Estado es para los ciudadanos, no los ciudadanos para el Estado. Después de cincuenta años, no es fácil cambiar la perspectiva. 

¿Qué es lo mejor que podemos hacer para estrenar la opción del Arco Progresista como partido? Pienso que lo mejor pasa por identificar la naturaleza fundamental de nuestros problemas. Me gustaría poner en discusión en esta Convención la siguiente hipótesis: la naturaleza fundamental del problema cubano no pasa por la economía sino por la política. Este fundamental problema político ha tenido y tiene consecuencias económicas, que sufrimos a diario, pero nada tiene que ver con el desacuerdo o la experimentación entre diversas opciones para la creación de riquezas, sino con el divorcio político con la idea misma de crear riquezas. Por eso soy de la opinión de que nuestro subdesarrollo es político, no económico. Lo que sitúa el dilema sobre la base de cuál es nuestro lugar en el país, la nación y el Estado. Y en ninguno de los tres espacios somos sujetos participantes con nuestros propios brazos y nuestra propia voz, sino elementos pasivos frente a las determinaciones que el Estado ha tomado por nosotros. No somos por tanto ciudadanos, sino súbditos de ese Estado que durante cincuenta años nos viene pidiendo que esperemos a que él pueda satisfacer lo que él entiende son nuestras necesidades, en el tiempo que él entiende que deben satisfacerse, y del modo que él entiende debe hacerse.

Si esta hipóstesis es correcta, entonces la naturaleza fundamental de nuestros problemas está en nuestra condición de ciudadano, y el reto que tenemos es el de construir la Cuba de los ciudadanos: un proyecto que por primera vez se plantea en nuestra historia política: una historia que solo ha privilegiado su dimensión épica, muscular, la de los héroes, la de aquellos que están dispuestos a derramar la sangre para hacerse dueños del país y, de paso, de la historia. 

Visto así, los desafíos no son simplemente ideológicos –derecha, centro o izquierda– sino nacionales: qué país, qué nación y qué Estado nos vamos a dar, y cuál es nuestro lugar en estos espacios para avanzar en la discusión más precisa acerca de si las derechas, los centros o las izquierdas tienen la mejor opción para Cuba. De hecho, de ese lugar dependen la calidad y cualidad de país, nación y Estado que construyamos.

No significa esto que ideológicamente no tengamos en el Arco Progresista un reto que compromete la posibilidad del proyecto nacional y de nuestras opciones. Como Cuba ha sido siempre un país de grandes sensibilidades sociales, está claro que cualquier cambio de futuro implica para nosotros una actitud ante los legados de lo que fue la revolución cubana: la universalización de la enseñanza y de los servicios de salud, así como nuestra postura ante el sentido de independencia nacional:  legados hoy comprometidos por la prolongación excesiva de  esquemas de dominación  incompatibles con nuestra cultura. En tal sentido, para nosotros el desafío es simultáneo: defender esos legados y contribuir a la construcción de un nuevo país, evitando en lo posible que el país político y el país sensible den el bandazo que ya vienen dando el país social y el país de los valores.

Desde el punto de vista del desafío nacional creo pues que nuestra apuesta política debe estar encaminada a contribuir en la construcción de ese nuevo país con las miras puesta en la Cuba de los ciudadanos, dentro del concepto de sociedad creativa.

¿Qué significa sociedad creativa? Es la coordinación de iniciativas ciudadanas que se complementan para dinamizar al ciudadano político en la transformación democrática del Estado, desde abajo. El problema es que el tipo de Estado que existe en Cuba se alimenta de su dominación sobre la sociedad. Y una solución posible es la de independizarnos de ese Estado a través de la sociedad creativa. La idea es la de multiplicar los proyectos cívicos, sociales, de solidaridad, culturales, comunicacionales y políticos que den participación a los ciudadanos por sí mismos, e independientemente del Estado.

Ello garantiza la creación de un ciudadano activo, la cooperación entre ellos y sus comunidades, la autoestima de los ciudadanos, la visión de que el Estado está a su servicio, los lazos de solidaridad rotos en medio de la pobreza y la desvalorización de los seres humanos, y la activación de las demandas cívicas por cambios concretos. La sociedad creativa permite crear un tejido permanente y cruzado, tupido y consistente que presione en la dirección de democratizar el estado pacíficamente y a través de medidas concretas. Un mismo ciudadano participando en iniciativas y proyectos diversos estimula la autoconfianza y la posibilidad de utilizar la mayor riqueza social actual, que es la del conocimiento, en la solución de problemas concretos que no dependen exclusivamente de la economía.

Dentro del concepto de sociedad creativa no es un problema la explosión de iniciativas. Más bien esto constituye una riqueza necesaria para ir construyendo la Cuba de los ciudadanos, imaginando inciativas concretas que no puedan ser pasadas por alto por el Estado. El desafío aquí es llegar efectivamente a los ciudadanos y en forma permanente. Lo importante es que las iniciativas sean complementarias, que no compitan innecesariamente entre sí, que puedan coordinarse y que haya compatibilidad mínima entre los proyectos que las animan.

Hoy existe un tipo de sociedad que podríamos llamar sociedad destructiva: esta no es  solidaria, sino egoísta, se reproduce apelando a la corrupción desde abajo, no tiene otras metas que la supervivencia, pierde energías en su incomunicación y no intercambia ideas para solucionar problemas concretos. Lo peor, no ejerce y comunica su voz para crear una opinión pública en torno a los problemas cruciales de la sociedad y para activar nuestra condición de ciudadanos. 

Está claro que la sociedad creativa no se construye de la noche a la mañana. Exige esfuerzo, solidaridad y apoyo de todos y de la comunidad internacional. Pero creo que esta es la mejor manera de crear la Cuba de los ciudadanos y de democratizar al Estado pacíficamente y con eficacia. 

Durante años hemos intentado democratizar al Estado desde arriba. En el esfuerzo, hemos perdido de vista dos cosas: que en el intento no nos enfrentábamos a los mecanismos de un gobierno ordinario sino a los mecanismos de la dominación: y quien domina se cree en el derecho de controlarnos, independientemente de nuestra voluntad o precisamente porque no reconoce nuestro derecho a tener voluntad. Por otra parte, que sin tejidos ciudadanos nuestras legítimas demandas aparecen como exigencias de una minoría inconforme y no como las exigencias en torno a problemas globales. Sin amplias voces ciudadanas, muchas democracias no escuchan las demandas que oyen. ¿Qué decir de las autocracias? Estas no escuhan porque ni siquiera oyen, excepto para castigar.

Debemos admitir que un Estado encerrado en sí mismo, enquistado alrededor de esquemas de dominación, cuyos resortes más aceitados corresponden a los de vigilar y castigar, no es un Estado proclive a la democratización desde arriba, aunque se apelen a sus propios mecanismos.

Nos queda solo la democratización desde los ciudadanos, que es la más estable y la que más perdurabilidad confiere a la democracia y al estado de derecho. Al mismo tiempo, es la que garantiza que nadie más se apropie del Estado para satisfacción de ambiciones y visiones personalistas.

En tal sentido van las siguientes tareas políticas que pongo en discusión del Arco Progresista para impulsar, desde nuestra perspectiva, la modernización y democratización de Cuba.    

Primera: una campaña fuerte de identificación ciudadana del Arco Progresista por toda Cuba, y donde quiera que haya un cubano en el mundo, fortaleciendo nuestras redes y apelando a voluntarios que quieran ayudarnos en este proyecto en barrios y comunidades, y en ciudades en el exterior. Es importante que la gente conozca a sus alternativas ym más importante aún, que las conozca por nosotros mismos. El gobierno hace una labor fuerte por brindar la imagen que tiene de  nosotros frente al público. Eso no debe constituir un problema ni debemos  quejarnos por ello. En todo debate político cada quien se defiende con sus armas típicas y nosotros debemos utilizar las nuestras: armas enteramente positivas, decentes, elegantes y civilizadas en las que demos la imagen que creemos y debemos tener. Esta campaña es fundamental para dar soporte y confianza a nuestras propuestas, explicando, con seguridad y determinación, cuál es la opción de izquierda que representamos.

Segunda: fortalecer las inciativas que hemos venido desarrollando, o en las que hemos venido trabajando en diferentes ámbitos y en diferentes momentos, para crear espacios de participación  ciudadana según intereses y vocaciones de personas concretas, en una sociedad rica y diversa como la cubana. En tal sentido son básicos, para nuestro propósito de ir construyendo un nuevo  país desde el ciudadano, las propuestas del Foro de la Concertación, las que se han venido montando desde el Grupo Mediático Consenso: 25 plus 25: pensando la nación, donde participan intelectuales, artistas, académicos, profesionales y gente de pensamiento, y animada por la Revista Consenso; el Foro Racial que prontamente aparecerá en nuestro sitio web, así  como el períodico Consenso y otros proyectos cívicos y culturales: el Premio Tolerancia Plus, la lucha por la abolición de la pena de muerte en Cuba y contra la violencia o por los derechos de elección sexual, en los que hemos sido pioneros. El debate cultural, que implica la fuerte demanda por el autoreconocimiento ético, identitario y estético desde el derecho ciudadano, no desde los espacios otorgados por el poder, es un lugar prioritario del trabajo del Arco Progresista.

Tercera: trabajar fuertemente por la creación de una opinión pública sistemática dentro del país. En Cuba existe opinión en público pero no opinión pública, para lo que es obligado la diversidad informativa y la controversia abierta que genera. Las publicaciones eclesiales han adelantado mucho en esta dirección. Nuestros esfuerzos para que el mundo conozca la versión que tenemos que darle sobre nuestras realidades siguen siendo importantes y básicos para generar solidaridades y apoyos concretos. Por demás, es inevitable que esto sea así en una época de globalización. Pero debemos globalizar la opinión pública interna para sistematizar las sensibilidades que abundan dentro de Cuba en torno a problemas y acontecimientos concretos y diarios, y en torno a las realidades del mundo. Aquí debo mencionar una vez más al periódico Consenso(noticias), el Periódico Global de los Cubanos, y cuyo esfuerzo fundamental se encamina a la formación de esa opinión pública dentro del país. Crear corresponsalías provinciales y buscar reporteros voluntarios por todo el país y en otros lugares del mundo es un paso que se impone ya para este periódico después de su vigésimo novena salida ininterrumpida. 

Cuarta: fortalecer nuestra labor con el mundo del trabajo. Nuestras relaciones con los trabajadores deben ser primordiales, y este ha sido un déficit del Arco Progresista. Cierto que hay un cambio sustancial en el mundo de la producción hacia la inmaterialidad del trabajo, donde el trabajador tradicional ligado a producciones básicas y a la materia prima elemental va perdiendo importancia. En Cuba, además, asistimos al desarrollo parcial de una economía de servicios que abre el campo cada vez más al conocimiento. Pero todavía hay sectores amplios de trabajadores en el sentido tradicional del término y fundamentalmente en labores agrícolas a los que el Arco Progresista debe abrirse con sensibilidad. Junto a los sectores marginados, estos son los más olvidados hoy en Cuba.

Quinta: coordinar con animadores de iniciativas ciudadanas complementarias, y que sean viables, para animar y potenciar el tejido de la sociedad creativa. El Arco Progresista debe estar allí donde se generen inciativas de actores responsables y que consideremos viables y oportunas, sobre todo de aquellas iniciativas que tiendan a darle permanencia y estabilidad a la sociedad creativa.   

Sexta: impulsar la iniciativa Un millón de firmas por la Reforma Agraria. Cuba no tiene seguridad alimentaria. No por falta de tierra, brazos o ideas, sino porque el viaje de las autoridades hacia el sentido común se hace demasiado largo. El Estado parece preocuparse, pero menos ocuparse en un asunto que tiene que ver con las posibilidades de que Cuba vuelva a ser un país: que solo lo es aquel territorio con población, capaz de proveer de alimentos suficientes, estables y sostenidos a sus habitantes. La cuestión no es solo entregar la tierra, sino el régimen de propiedad que crea y fortalece el sentido de pertencia a Cuba –algo fundamental en esta época de fuga nacional para restablecer la confianza en el país–, y la liberalización del mercado laboral y agrícola. El espectáculo de tener que importar nuestra alimentación básica de los Estados Unidos, no el lujo de la exquisitas manzanas californianas, es simplemente antinacional; pese a la retórica en contrario. Como se ha propuesto el presidente Luiz Inácio Lula da Silva para el Brasil, Cuba puede ser también un granero.  Primero para sí y quizá después para el mundo.

Séptima: crear nuestro grupo de presión en Washington, capital de Estados Unidos. El Arco Progresista cuenta con una organización que desde Europa pretende influir en lo que considera la mejor política posible hacia Cuba desde el viejo continente: la Asociación Cuba-Europa en  Progreso que ha venido realizando una magnífica labor para dar a conocer nuestros proyectos y amplificar allí nuestra voz. Algo similar es necesario ya en los Estados Unidos. Los miembros del Arco Progresista en ese país podrían dar los pasos necesarios en esa dirección para crear un grupo permanente que pueda influir en lo que consideramos deben ser las mejores políticas de los Estados Unidos hacia Cuba. Ello es fundamental tanto si resulta electo Barack Obama como si lo es John McCain. Debemos trabajar para crear grupos similares en países latinoamericanos que consideramos importantes para Cuba: como Brasil, México y Venezuela. 

Octava: fortalecer el Foro Progresista de La Habana –que nada más inauguraremos el día 20 de julio con salutaciones desde el exterior y debates sobre varios temas dentro de Cuba– como espacio para el intercambio de propuestas de pensadores progresistas de primera línea de todo el mundo. En su edición de julio de 2009, esperamos contar con la participación de diversas personalidades que invitaremos para la ocasión. La Fundación Progresista Diego Vicente Tejera, adscrita al Arco Progresista, será la encargada de atender este Foro.  

Son estas, las ocho tareas que propongo discutir como parte de la estrategia de corto y mediano plazos del Arco Progresista, convertido en partido político. Otras pueden ser agregadas y algunas de ellas eliminiadas o modificadas. Esto es un debate, desde luego. Las prioridades nacen de las mismas circunstancias y de la capacidad que demostremos para verlas. Pienso que el momento es propicio para mostrarnos como una opción política de presente y de futuro. Hemos tenido y tenemos unos proyectos estratégicos que, si primara el sentido común y Cuba se animara a ser un país normal, podrían ser aplicados ahora mismo sin más dilación que la de  preparar un diálogo inclusivo con las autoridades. Revisando la Plataforma Común, que junto a otras organizaciones preparamos hace casi 10 años –estos se cumplirán el próximo 29 de septiembre–  se puede advertir allí un programa, un ritmo y una filosofía para el cambio que empezarían a sacar a Cuba de la crisis el día después de anunciada a la sociedad cubana. De eso estamos seguros.

Pero la cuestión política a debate, discutiendo honesta y realistamente, no tiene que ver con el ejercicio de gobierno, con el poder propiamente dicho, sino con la naturaleza en el ejercicio del gobierno y del poder. Antes de gobernar, los ciudadanos cubanos debemos preguntarnos cómo se debe gobernar y cómo queremos ser gobernados. Y esta claro que no es nada recomendable seguir las pautas trazadas por todos los que nos han precedido, algunos en los primeros cincuenta años del siglo XX, y uno solo después de 1959. Para la Cuba del futuro, en verdad, los modelos culturales que han regido nuestra convivencia política no sirven, así de claro. Ni los Generales y Doctores, ni el Despostismo Ilustrado con nombre de Revolución. Una de las primeras preguntas a responder es si con intolerancia se puede gobernar una Cuba abierta y rica en diversidad. La respuesta es negativa. Por esa razón, salta con mayor evidencia la necesidad de trabajar por una nueva Cuba de los ciudadanos: desde donde único se puede cambiar con eficacia la naturaleza autocrática en el ejercicio del poder que hemos heredado, con herencia reforzada, como el picadillo reforzado con el que una vez se pretendió mal alimentarnos. Una Cuba democrática lo es ante todo porque está llena de ciudadanos democráticos. Lo demás es cosmética nacional para las galerías. 

Muchas gracias.                
Primera Convención Arco Progresista - Ponencia Orgánica
Ponencia Orgánica

19-20 de julio, 2008 


El propósito inicial que dio origen al Arco Progresista llega a su segunda y decisiva fase, con el paso de convertir oficialmente a esta coalición en un partido político de corte socialdemócrata abierto a dos sensibilidades importantes: el socialismo liberal y el socialismo cristiano.

La incorporación de quienes ven en el socialismo la posibilidad de espiritualizar metas sociales colectivas desde los valores cristianos, junto a los que enfatizan la tradición liberal que dio paso al socialismo es una ganancia que fortalece nuestras opciones y abre la posibilidad de una controversia más fecunda entre los que, independientemente de los matices, intentamos conjugar derechos humanos, libertades, solidaridad, equidad social y democracia. Este hecho convierte al Arco Progresista en un partido de centro-izquierda, representativo de amplias sensibilidades en la sociedad cubana, dentro y fuera de Cuba.

La primera fase en este camino se inició realmente en el año 2000 cuando la Coordinadora Socialdemócrata en el exilio y la Corriente Socialista Democrática Cubana firmaron una Carta de Intención por la que se comprometían a intercambiar ideas, proyectos y a aparecer juntas en la firma de declaraciones y el trabajo con proyectos e ideas de común interés y con independencia de nuestras diferencias. Esta primera fase ganó impulso dos años después con la incorporación del Partido del Pueblo, con un asiento más significativo en las provincias orientales y con una relación más estrecha con otros círculos políticos en el exilio. Con independencia de las diferencias de orígenes y en los estilos de trabajo, continuamos trabajando a partir de nuestra común identidad ideológica y de la posibilidad de acercar posiciones en un trabajo común que pudiera absorber las diferencias, convirtiéndolas en fuente de fortaleza y no de debilidad.

Hoy ya se dan las condiciones internas, los climas de confianza apropiados y la disposición política de las tres organizaciones para adelantar una segunda fase de este proceso de unificación que comprende cuatro pasos esenciales: la asunción del Arco Progresista como el partido socialdemócrata que nos identifica, la creación de un liderazgo único a partir de vicepresidencias compartidas entre los líderes de las tres organizaciones, la adopción de la  Plataforma Común que fue elaborada junto a otras organizaciones en la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada, disuelta en el 2003, como el Programa Estratégico del Arco Progresista y la fusión de nuestros esfuerzos educativos, intelectuales y de formación en la Fundación Progresista Diego Vicente Tejera que absorberá todos los esfuerzos que independientemente hayan emprendido nuestras organizaciones.

Puede parecer extraño que vayamos escalonando este proceso en fases distanciadas. Esta claro que, al margen de la necesidad de evitar fragmentaciones inútiles que solo debilitan la representatividad social de las organizaciones políticas  –que sentido tiene la existencia de cuatro o cinco expresiones políticas distintas que poseen una identidad ideológica común–  el momento demanda trabajar unidos en una coyuntura de máximo peligro histórico y de máxima oportunidad para impulsar el cambio democrático. Pero el escalonamiento responde a una filosofía y a un propósito mayor que animan a estas instituciones socialdemócratas: la institucionalidad y el necesario clima de confianza entre las personas en un país donde todo es altamente sospechable.

De modo que sí. Ya puede hablarse del Arco Progresista como partido político con un liderazgo único, con una identidad unificada, que tendrá un domicilio social común, una única dirección electrónica y delegaciones en todas las provincias del país y en el exterior.

El Arco Progresista se estructurará a partir de

Un Presidente (a)
Seis Vicepresidentes (as)
Delegados Provinciales
Delegados Municipales
Coordinadores de la Red Ciudadanos por el Cambio Tranquilo
Representantes en el Exterior y
Director (a) Fundación Progresista Diego Vicente Tejera

Hasta tanto se realicen las elecciones programadas para la fecha de celebración del Primer  Congreso, la máxima instancia del Arco Progresista será el Colegio de Vicepresidentes más el Portavoz.  Solo cuando se celebre el Congreso se elegirá al Presidente o la Presidenta del Arco Progresista. Las reuniones de este Colegio se celebrarán cada 45 días. Los Vicepresidentes, representantes o delegados (as) que vivan el exterior enviarán para la fecha de cada reunión los informes que crean pertinentes y las ideas o iniciativas que entiendan deben ser discutidas y valoradas. Las propuestas de decisiones estratégicas o que impliquen iniciativas o pasos fundamentales tienen que contar con el consenso de los Vicepresidentes que vivan en el exterior. Ellos (as) deben ser informados con antelación de los pasos que dará la organización. 

Esta segunda fase comprende el proceso de unificar las delegaciones en los lugares en que se duplique la membresía, la creación de una Comisión de dos miembros que recorrerá el país para abrir delegaciones en las provincias donde no hay presencia alguna de socialdemócratas organizados, la creación de otra Comisión de dos miembros que trabajará en las nuevas bases estatutarias del Arco Progresista, y que debe ofrecer una propuesta en el mes de noviembre para ser entregada a cada uno de los miembros del partido para su discusión y aprobación en todas las delegaciones. Comprende también la creación de un Comité de Ética de tres miembros conformados por un miembro de cada una de las tres organizaciones respectivas que han decidido unificarse. 

Hasta tanto se aprueben estas nuevas bases estatutarias, el Arco Progresista regirá su vida interna en base a los Estatutos y el Código de Ética de la Corriente Socialista Democrática, solo en los capítulos que corresponden a los Deberes y Derechos de los Miembros y Simpatizantes de la organización. Los vicepresidentes trabajarán colegiadamente privilegiando la toma de  decisiones por consenso y fundamentando orgánicamente sus decisiones en la línea política del Arco Progresista y en el Código de Ética. Los vicepresidentes tendrán autonomía para generar iniciativas, nombrar comisiones y delegar funciones, respetando el principio de unidad de acción. Todos los representantes del Arco Progresista tanto funcionales como nombrados se subordinarán a sus respectivos vicepresidentes.

Esta segunda fase también comprende la creación de delegaciones del Arco Progresista en el exterior; fundamentalmente en los países donde haya una importante comunidad de cubanos. 

La tercera fase, que cierra el proceso de unificación, comprende la celebración del Primer Congreso del Arco Progresista y la elección de su dirigencia. Este primer Congreso se celebrará en enero de 2010 y estará precedido de una Conferencia Nacional que celebraremos a mediados de 2009, donde se ratificarán los nuevos Estatutos discutidos, modificados y aprobados en las Delegaciones. 

Finalmente, la Fundación Progresista Diego Vicente Tejera, adscrita al Arco Progresista, será la encargada de los proyectos de estudio, investigación y formación de los miembros de la organización así como de realizar eventos, talleres o cuantas iniciativas crea necesario para la actualización del debate de los socialdemócratas cubanos. A su cargo estará la coordinación del Foro Progresista de La Habana, un foro anual para el debate e intercambio globales entre progresistas de todo el mundo. La Fundación Progresista deberá desarrollar lazos permanentes de intercambio con centros de estudio o fundaciones afines.    
   
Primera Convención Arco Progresista - Fundamentación ético-política
Tesis para la fundamentación ético-política de un Proyecto de Futuro

19-20 de julio de 2008


Como plantea el título de esta ponencia, desde esta Primera Convención queremos plantear un tema básico para el futuro de Cuba que requiere construir sus cimientos desde el presente, en un país ainstitucional como ha sido siempre el nuestro. La contribución del Arco Progresista en este tema es tan capital como puede serlo la lucha por el bienestar concreto de los ciudadanos cubanos. Digamos ya que este bienestar depende en buena medida de sólidas bases institucionales.
   


1)    La política es asumida por muchos cubanos como una práctica deleznable y negativa, en tanto se le identifica con los comportamientos, lacras y vicios de individuos que han ejercido la función publica con un criterio de utilidad personal, demagogia y oportunismo.  
 

2)    Es necesario lograr que la política llegue a ser percibida como el honesto acto de ocuparse de los asuntos de los demás, ejercicio fundamentado en una vocación,  una capacidad, un compromiso y una responsabilidad.


3)    Al político moderno en Cuba, proyectado hacia el futuro —por encima de sus fundamentos ideológicos o alineación política— se le impone el reto trascendental de desterrar del imaginario social y las prácticas cotidianas perversiones como el elitismo, el personalismo, el caudillismo, el clientelismo ó el lucro personal, que lamentablemente hemos visto manifestarse en la política alternativa cubana de las ultimas décadas.


4)    En las fundamentaciones teóricas de nuestra definición y propuesta política (Plataforma Común de la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada  y Teoría de la Transición de la Corriente Socialista Democrática Cubana) se hace hincapié en los mecanismos y vías para convertir el ejercicio político en práctica ejemplar de ética, honestidad, consecuencia y responsabilidad.


5)    A los políticos que han asumido la responsabilidad de construir el futuro de la nación no debe bastarnos con las carencias y sinrazones del gobierno cubano para legitimar nuestras proyecciones y diseños.

6)    Por encima de presupuestos ideológicos, alineamientos políticos e intereses particulares, sólo reconociendo y respetando los espacios y derechos ajenos, los compromisos contraídos y los valores universalmente reconocidos podremos marcar pautas y afianzar referencias positivas que nos permitan hacer un aporte decisivo al necesario reestablecimiento de normales mecanismos de convivencia social y política.

7)    El fundamento ético de los comportamientos personales y sociales  junto al humanismo como esencia de toda construcción sociológica o política constituyen el camino seguro e inexcusable hacia esa convivencia armónica y equilibrada que todos soñamos. Colocar al ser humano, a sus más caros valores y dignidades por encima de cualquier otra consideración o interés de tipo cultural, ideológico o particular  permitirá, a la sociedad toda y a los proyectos políticos en particular, impulsar el establecimiento, en las conciencias y en las estructuras, de los más altos referentes de interrelación humana.

8)    El comportamiento ético de los políticos alternativos se convierte en un arma determinante en la construcción de ese futuro de democracia plena y prosperidad compartida que es para Cuba un ideal largamente acariciado. El estricto comportamiento ético contribuye a desmontar los diseños de  impugnación y deslegitimación que constituyen pilar esencial de la vocación represiva de las autoridades cubanas.

9)    El comportamiento ético de los políticos alternativos debe contribuir a alejar el globalmente extendido fantasma de la decepción y escepticismo políticos de los ciudadanos que haría muy difícil la reconstrucción de correlaciones socio-políticas modernas y positivas.

10)    Desterrar del comportamiento cotidiano, social y político, lastres tan extendidos como el oportunismo y la corrupción, eliminar el nocivo divorcio entre las palabras y las acciones e imponer el respeto a la ley como valor esencial y trascendente pueden insertar a nuestra sociedad en una dimensión nueva y superior de la convivencia humana.

11)    La prevalencia de las aureolas y poderes personales por encima de los valores y proyectos ha marcado muy negativamente nuestra trayectoria histórica y política. Seguir hombres en lugar de ideas ha sido una de las grandes carencias culturales que hemos arrastrado en la lucha por conformar una nación completa y equilibrada. Los parciales e insuficientes alcances que, en la definición de referentes cívicos e institucionales alcanzamos en la primera mitad del siglo pasado, fueron abruptamente cercenados por la imposición de un poder que llevó al paroxismo todas nuestras tradiciones caudillistas.

12)    La política alternativa no ha escapado a esta tentación tan poco edificante. La extendida personalización de los proyectos opositores muchas veces reproduce las carencias y vicios que dicen combatir y muy poco puede aportar a la necesaria redefinición de patrones y referentes modernos de estructuración política y social.        

13)    Sólo los proyectos que integran el Arco Progresista han logrado, desde una definición política, privilegiar el diseño institucional como mecanismo ideal e insoslayable para afianzar propuestas sostenibles y trascendentes, conscientes de que por encima de cualquier dificultad externa o carencia propia, los grandes proyectos se solidifican y se salvan en la institucionalidad. 

14)    Es estrictamente necesario, de cara a los enormes retos que enfrentamos, que el talento, el mérito y la capacidad de los individuos se pongan en función de los valores, principios 9 estructuras insTitucionales que proteg%n a los proyecto3 p/líticos de las naturAles deficienc)as humanas y de nuestras recuRrentes tradici/nes personalistas.

15)    La instituci/nalidad garantiza la integridad y trascendencia de los proyectos políticos frente a los diseños repResivos del gobierno cUbAno, uN caudillo, poR muy BrillanTe o reconocido que sea, puede ser represaliado, pEro una instiTución aun físiCamente diEzmada conserva su capAcidad de trascendencia, impacto político e influencia social.

16)    SólO instituciones fuertes y coherentemente estructuradAs son capaceS de expresar la3 inqUhetudes, anhelos, esperanzas, valoreS y necesidades de la sociedad cubana, para apoRtar alternativas viables, lejos del populismo y los mE3ianismos que matan el prestigio de los proyectos políticos y la confianza de los ciudadanos.   

17)    Varias  veces en nuestra historia hemoS diseñado estructurAS de paz en tIempos de gu%rra con nada halagüeÑos resultados, t!mbién hemos  preferido los gritos a las declaraciones para impulsar grandes objetivos liberadgres, Y con lamentable recurrencia damos la %spalda a nuestras pOtencialidad%s cívicas para resolver a tZavÉs de lA v)olencia y la confrOntación nuestras contradicciones y desencuentros.

18)    El movimiento opositor de las últimas décadas, a pesar de demostrar un pacifismo y civilidad a toda prueba, no ha renunciado a la filosofía de la plaza sitiada y la fortaleza demolida como alternativa de solución política. No son pocos los que en momentos de definición conceptual han confundido pacifismo con moderación.

19)    Para fomentar ambientes positivos de ventilación política es necsario eliminar taibién la violencia verbal de los diseños y proyecCiones alternatiVos, sin dejar de atender a la Raíz, la esenci! y las consecuencias de los problemas qu% aquejan a la sociedad.

20)     No #onvertir al adversario en enEmigo, haceb hincapié en los conceptos y   las propuesta en lugar de ,a prote3ta vana g las ofensas y calificativos hacen -ucho más sólida la alternativa independiente y debilita considerablemente los patrones de impugnación que sustentan los diseños represivos de las autoridades cubanas.

21)    La moderación como fundamento de proyección política es una contribución trascendental a la necesaria creación de referentes conceptuales y culturales para que se desarrolle, por fin en Cuba, el ciudadano cívico y político, sin el cual será imposible construir la sociedad democrática, prospera y solidaria  que soñamos desde los tiempos de Martí y Diego Vicente Tejera.

22)    Para los socialdemócratas y progresistas cubanos la ética, la institucionalidad y la moderación no son una apuesta de utilidad coyuntural. Desde la impronta fundacional de Diego V. Tejera atravesando la cruzada de Eduardo R. Chibás por el adecentamiento de la vida pública y su rechazo sin fisuras, pero con tolerancia, a la doctrina comunista, estamos plenamente convencidos de que sólo esos fundamentos esenciales nos permitirán, en cualquier circunstancia, hacer una contribución capital al renacimiento democrático, material, cultural  y civilizatorio de la nación cubana.  


Leonardo Calvo Cárdenas
Secretario de Organización de la Corriente Socialista Democrática Cubana.
Director General del Grupo Mediático Consenso. (GMC)
Primera Convención Arco Progresista - Ponencia sobre la corrupción
    
Ponencia sobre la corrupción

19-20 de julio, 2008 


La corrupción es un mal bastante extendido en la sociedad cubana. Es imposible obviar que nuestro país sufre sus embates y bastaría una mirada algo atenta para comprenderlo.

Mientras las tiendas que ofrecen sus mercancías en moneda nacional están mal surtidas, las llamadas tiendas recaudadoras de divisas tienen una mejor oferta, que sin llegar a satisfacer todas las demandas de la población, al menos ofrecen un paliativo a las carencias de los ciudadanos. Aquí hay una primera causa de corrupción. 

Sin embargo, una pregunta se impone: ¿pueden todos los cubanos acceder a estos productos, cuando se ofrecen en una moneda que no es aquella en la cual perciben su salario los trabajadores? Tenemos aquí una segunda causa para la corrupción.

La dualidad monetaria es, a no dudarlo, una tercera fuente generadora de la corrupción presente en el país. Mientras unos, sea de forma legal por medio de las remesas provenientes del exterior o producto de su trabajo en el caso de los artistas, artesanos y otros sectores, tienen la capacidad adquisitiva para acceder a este mercado, una inmensa mayoría no lo posee y debe buscar alternativas, casi siempre fraudulentas, para conseguir esta moneda.

Desde los precios, los pesos y las medidas alterados, el desvío de mercancías, el robo de estas para hacerlas circular en el mercado negro, hasta la bochornosa compra-venta de servicios, el país se ha convertido en una maquinaria donde prima la corrupción. Quien no entre en el juego de este mercado interno, quien pretenda vivir a espaldas de este mecanismo, simplemente no puede llevar una vida digna. 

El malestar que este fenómeno provoca, tiene consecuencias que extienden sus tentáculos hasta la ética ciudadana. El verbo comprar se ha vuelto obsoleto. Parece desterrado de nuestro vocabulario. Se ha impuesto otro, resolver, cuyos matices abren una interrogante con relación al porvenir del país. 

Años atrás cuando se comentaba sobre el trabajo de alguien, se le preguntaba: ¿Cuánto ganas?, ahora se inquiere invariablemente: ¿Qué resuelves? Porque en Cuba quien se apropia de lo ajeno-público, está resolviendo. El que medra a costa de su posición o responsabilidad, está luchando. Cuando alguien se sirve o beneficia de la tupida red de ilegalidades que padecemos, está inventando. Podemos ver establecimientos comerciales con “faltantes” o “libre de faltantes” lo cual es en cualquier caso la legitimación denominativa del delito.  Una cuarta fuente de corrupción: no llamar a las cosas por su nombre.

El hecho de que determinadas circunstancias socio-económicas y sus efectos provoquen que actitudes y proyecciones lógicamente reprochables sean asumidas y toleradas como naturales e incluso legítimas, constituye un muy negativo aporte al necesario equilibrio de las relaciones sociales y a la percepción ética sobre todo de las nuevas generaciones.

Los niveles de corrupción son perniciosos. Han creado una mentalidad de conformismo y abulia en el ciudadano, pero más aún, han resquebrajado la ética ciudadana. A nadie le interesa el trabajo honrado, menos aún a los jóvenes. Es una realidad vergonzosa, pero realidad que lacera a la sociedad y nos mantiene en una relación de enfrentamiento constante: debido a la mercantilización ilícita de la sociedad se han roto los lazos fundamentales de solidaridad entre cubanos.

El trabajo es fuente de desarrollo colectivo, pero también de realización y bienestar personal, de crecimiento profesional y humano. El anquilosamiento estructural y los retrocesos económicos de los últimos años han provocado un incomodo desfase entre el costo de la vida y el poder adquisitivo y que el resultado del trabajo no se corresponda con las necesidades sociales e individuales, además de una disminución del interés y la dedicación al trabajo y la profusión de actitudes y prácticas negativas que lesionan gravemente nuestras referencias éticas.

Al sustituir el interés material e individual por una serie de resortes de compulsión política y estímulos, pretendidamente morales, que se divorcian de las reales necesidades de la sociedad, el trabajo pierde su valor motivador e impulsor del desarrollo y la realización personal.

Y cuatro fuentes hemos identificado de corrupción. ¿Dónde está la madre de todas las corrupciones? Se escribe y habla insistentemente acerca de la necesidad de producir más para salir de las actuales carencias y enrumbar hacia un mejor porvenir. Pero, ¿cómo se puede producir más, cómo se puede incentivar el amor por el trabajo cuando no se remunera de forma adecuada a quienes trabajan? Se interpretan mal las claves y se pretende resolver los problemas apelando a la conciencia. Mal diagnóstico y mal remedio: cuando la corrupción entró es porque primero compró las conciencias. ¿Por qué?

¿Es perjudicial que un trabajador alcance un nivel de vida más elevado cuando es capaz de producir bienes para todos? ¿Es ilícito un enriquecimiento sustentado en el sudor de cada día? ¿Puede el Estado asumir estos derechos? Debería.

Debería el estado explicar satisfactoriamente por qué no permite la pequeña empresa privada, por qué la sociedad no puede aprovechar las capacidades de quienes pueden producir bienes y servicios, por qué los cubanos no pueden invertir en su propio país, y a quién le haría daño la creación de riquezas para todos. Pero el Estado se niega a responder.  

La madre de todas las corrupciones está allí. En la combinación entre monopolio de Estado y pobreza social. El fracaso en el combate a la corrupción radica en que es imposible acabar con lo que se genera. Los mismos que generan políticas corruptoras no están en capacidad de combatirlas con eficacia. Las sociedades más corruptas son las sociedades más pobres. Invitamos a todos a consultar el índice de Transparencia Internacional para comprobar quiénes están en los primeros lugares de la corrupción. Cuba está allí, y eso que nuestras estadísticas no son confiables: una quinta fuente de corrupción.  

Necesitamos un  país productor. Para ello hay que darles la posibilidad a los ciudadanos de que se conviertan en productores libres. Temerle al enriquecimiento personal es un freno al desarrollo. La solución no es aumentar los salarios que en modo alguno eliminan los problemas y crean otro: el de la inflación. Cuando podamos trabajar libremente y alcanzar ingresos que permitan satisfacer nuestras necesidades de progreso, entonces se le habrá propinado el primer golpe eficaz a la corrupción.

Muchas veces se oye decir o incluso se lee que el país atraviesa una seria crisis ética, una pérdida de valores. Pero, ¿acaso se puede solucionar esta crisis cuando el individuo carece de las más elementales posibilidades de mejorar sus status social con el trabajo honrado?

Las medidas de corte económico son necesarias e incluso útiles, pero no son las únicas. La libertad individual para crear es imprescindible si se desea acceder a vías seguras de mejoramiento. Economía y ética tienen que ir de la mano, no pueden estar divorciadas.

Por eso un planteamiento correcto en la necesaria lucha contra la corrupción pasa por la economía. Un planteamiento serio en términos de economía pasa por la política. Un planteamiento serio en términos político pasa por el Estado. Corrupción y Estado se retroalimentan con independencia de las campañas de ese mismo Estado para combatirla. Tres años después de que se planteara el primer combate público contra la corrupción, esta habita con nosotros con la misma presencia que el aire. Y recordar que en la primavera del año 2007 fueron puestas en vigor una serie de medidas que, a través de resortes compulsivos, pretendían restaurar la muy resquebrajada disciplina laboral. Varios meses después recibimos los reportes oficiales que demuestran lo poco efectiva que resultó la nueva vuelta de tuerca.  
   
Por eso, en el planteamiento de un nuevo país construido desde el ciudadano es fundamental enfocar el problema económico de base para enfocar correctamente el origen de la corrupción y poder combatir con eficacia otro tipo de corrupción que se origina en los privilegios.

No hay corrupción solo por monopolio y pobreza. Hay corrupción también por los privilegios que el Estado otorga a sectores, a sectores dentro de sectores, e incluso a personas. El acceso exclusivo a la Internet, a la Televisión por Cable, a los mejores servicios, a los autos y a la vivienda, a viajar al extranjero etc, genera una corrupción de segundo orden que compromete a la burocracia y a las elites. Privando el acceso de las mayorías  a bienes y servicios a los que por derecho puede acceder cualquier ciudadano en cualquier país pobre del mundo, es otra fuente de corrupción que también se genera en el Estado. Un sistema activo de corrupción por el que el Estado compra a las elites y las contentas en su exhibición frente al resto de los ciudadanos, portando una “exclusividad” en el disfrute de bienes y servicios que en realidad son de acceso masivo en una época moderna. 

Es esta elite la que mercantiliza los servicios públicos y establece los precios que se pagan en el mercado subterráneo de la salud y en el mercado subterráneo de la educación y de las artes. Dos servicios que se suponen gratuitos y que encarecen el costo de la vida para las mayorías: “tengan” que pagar en especie o en dinero.

Un último tipo de corrupción debe ser analizada: podemos identificarla como corrupción espiritual y tiene su fuente en las necesidades de supervivencia psicológica frente a la represión del Estado. Esa corrupción se manifiesta cuando la persona debe enmascarar o reprimir lo que piensa. De ahí que tengan razón los que afirman que la ausencia de libertad, que se expresa concretamente en la ausencia de garantías jurídicas para ejercerla, es altamente corruptora. Ella tiene estrecha relación con la corrupción en el mundo de la economía: el hurto de los pensamientos propios, esconderlos, está vinculado al hurto de los bienes y servicios, al escondite de las mercancías.

Es urgente enfrentar por tanto el problema de la corrupción. De continuar extendiéndose el fenómeno nos podemos encontrar en el futuro como China: un país que se moderniza a pasos agigantados pero en el que la corrupción crece al par que la economía.

En Cuba, donde la economía no crece para el ciudadano, el fenómeno de la corrupción puede estar indicando una quiebra del Estado. Los Estados fallidos, el de Cuba todavía no lo es, son aquellos altamente corruptos en los que sus mecanismos de control y legalidad están envilecidos por los mismos funcionarios encargados de hacerlos cumplir. Lo que genera una desconfianza en la capacidad del Estado y una pérdida de su credibilidad como fuente de orden y derecho, respeto y confianza. 

En el Arco Progresista debemos activar políticas ciudadanas que por un lado abran un debate social sobre el tema y por otro coloquen a los ciudadanos en posición de demandar medidas concretas que, generando su bienestar, los ponga del lado de la lucha contra la corrupción. 

Muchas Gracias.
Primera Convención Arco Progresista - Ponencia sobre la mujer
Ponencia sobre la mujer

19-20 de julio de 2008

La situación nacional que se nos presenta es hija de siglos de razonamientos machistas. El caudillismo y la violencia, dos de los grandes males que nos afectan como nación, nada tienen de femenino. Es importante entonces, para transformar la naturaleza del poder y de las  relaciones sociales en nuestra sociedad, recorrer el camino de forma diferente a como se ha hecho hasta ahora. Para ello no sólo es necesario incorporar decididamente a la mujer sino incorporar su visión del mundo.
La participación de la mujer en la historia y la sociedad cubanas ha sido tan relevante como cargada de simbolismos. Ella ha estado presente en casi todos los acontecimientos que han definido la historia, la cultura y la obra silenciosa que conforma nuestra nacionalidad. Ha sido ella, injustamente, el pilar histórico de la familia cubana. La historia nos ha hecho relevante las anécdotas de mujeres que tienen comportamientos a la altura de las expectativas machistas. No se hace justicia a las mujeres, otorgándole sólo el derecho de entrar en la historia y en la vida política de la nación a partir del paradigma impuesto por los hombres.
Antes de 1959 el torrente básico de la mujer cubana -a pesar de algunas conquistas femeninas como la del sufragio realmente universal alcanzado en 1934- tiene un rol prehumano y estrecho en el marco de una estructura patriarcal heredada de nuestra cultura y de nuestros estilos de emancipación. La mujer cubana participa y actúa pero desde una estructura de roles secundarios que la exhibe en los momentos heroicos y la devuelve automáticamente a la cerrazón y estrechez de la vida familiar y del hogar.
Para participar tenía que pedir autorización no sólo a los patrones seculares de una sociedad diseñada por y para los hombres, sino a las difíciles condiciones de vida y existencia que le impedían alejarse de los hijos y la familia.
Con la Revolución Cubana se dan las condiciones relativamente efectivas para la emancipación de la mujer. Puede ella vincularse al trabajo, desplegar sus capacidades profesionales y participar en ciertas estructuras de decisión; auspiciado todo ello por la existencia de un mayor entorno participativo.
Esto lo garantizan ciertas condiciones existentes:

a.    la garantía de cuidado y pleno acceso de los hijos a la educación,
b.    la igualdad de condiciones para acceder a la educación, las profesiones y al trabajo,
c.    la codificación tanto institucional como constitucional de la igualdad de derechos y
d.    la existencia de un estatuto especial de derechos para el ejercicio de la maternidad.

Sin embargo, la propia estructura originaria de la Revolución limita el impulso emancipatorio de la mujer cubana. La revolución le otorga a la mujer, identificada con ella, un rol de retaguardia en la consecución de sus fines. En este  sentido la mujer actúa como una "asistente de la Revolución".
Este rol de la mujer como agente imprescindible pero subsidiario de la Revolución reproduce la misma relación que ésta sostuvo con las gestas independentistas, y se reproduce, a través de un sistema de comando absolutamente vertical y con fuertes matices patriarcales dentro del cual la participación de la mujer es potenciada pero absorbida por las pautas sociales de una sociedad tradicionalmente machista, en la estructura social articulada a partir de 1959.
El intento de emancipación de la mujer no llegó a su punto culminante con la Revolución  porque el antiguo vínculo de subordinación se manifestó desde que ésta triunfa en una estructura dual y paralela: subordinación respecto de un Estado dirigido por hombres y subordinación en un hogar regido también por hombres.
El desencanto generalizado de la mujer hacia la política, así como la alta tasa de divorcialidad expresan por un lado la inconsecuencia del intento de emancipación y por otro, la necesidad de reconocimiento como sujeto social en igualdad de condiciones con el hombre. Esto se recrudece por la imposibilidad de crear asociaciones femeninas de forma independiente a la única organización femenina permitida que responde a los diseños e intereses del Estado-Partido en Cuba. Por eso el ideal teórico de igualdad entre el hombre y la mujer nada más ha conducido a la indeferenciación sexual frente a esferas, tareas y actividades que en nuestras condiciones exigen esfuerzos por encima de las capacidades psico-somáticas de la mujer. Se ha producido así -aunque nuestras tradiciones impiden que se complete este proceso- una machicización por el trabajo de algunos sectores femeninos y una tendencia creciente asumir los roles masculinos como patrones legítimos de conducta.
La militarización de la sociedad cubana constituye otro hecho que potencia el rol masculino en la sociedad en detrimento de los roles propios de la mujer. De este modo la mujer cubana convive con la tensión que supone un rol más participativo en la sociedad y la relación de subordinación tanto frente al Estado como dentro de su estructura familiar; contribuyendo así a profundizar el sentido de frustración que marca, en términos generales, a la mujer cubana.
Las condiciones hoy existentes en nuestro país imposibilitan a la mujer para una sistemática y emancipada participación en la modernización de la sociedad. Las carencias materiales en el hogar, la ausencia de condiciones para el cuidado primario de los hijos, la violencia estructural que va descomponiendo nuestros códigos y valores sociales, la violencia doméstica e intrafamiliar, la pérdida de la autoestima de las mujeres, especialmente de las más jóvenes,  y el retorno explícito a un machismo arcaico afectan con particular virulencia las posibilidades de la mujer.
Las salidas que un número creciente de mujeres ha encontrado han sido disímiles pero lógicas. Por eso la creciente prostitución y mercantilización del sexo es la respuesta crítica pero coherente en una sociedad que ha destruido todas las premisas necesarias para que las coyunturas adversas, estructuralmente generadas, se reviertan a través de potentes movimientos civiles autodefinidos y dentro de los cuales podría destacarse un sólido movimiento femenino. Si bien es necesario agregar que la prostitución y mercantilización del sexo no tienen sólo un fundamento económico. Están determinadas, también, por la deficiente formación de valores éticos y morales en el seno de la familia y en las instituciones sociales 
Para el Arco Progresista el enfoque en relación con la mujer parte ante todo del principio de emancipar al hombre de la mujer. La diferencia de sexo sigue siendo vista como una ventaja a favor de los hombres y como un obstáculo que se debe superar, en vez de tomarse como riqueza y valor de una verdadera democracia entre los sexos. Los principios igualitaristas se han demostrado insuficientes porque tienden a esconder las problemáticas, a ignorarlas y a dar soluciones superficiales sin tener en cuenta las particularidades, las características, las aspiraciones, y las necesidades de la mujer. Y, sobre todo, porque no han nacido de las propuestas de las mujeres sino de lo que los hombres han pensado que es bueno para las mujeres. Hombres y mujeres somos diferentes, no somos mejores o peores, más fuertes o menos inteligentes, somos diferentes.
Si la familia es la célula de la sociedad, y la sociedad se debe formar sobre bases de paridad de oportunidades para todos sus miembros, de respeto hacia las diferencias que existen entre sus componentes de diferentes edades, sexos, razas, color de la piel, creencias religiosas, culturas, orígenes, extracción social, encuadre productivo, capacidades físicas y mentales; la democracia y la paridad de deberes, derechos y oportunidades deben comenzar por la familia. Y todos los principios que son deseables para la sociedad, deben ser primordialmente aplicados en la familia. La división del trabajo en el seno familiar fortalece el arcaísmo tradicional de que existen tareas y responsabilidades propias de cada sexo. Ello no contribuye a estabilizar las condiciones emancipatorias que se requieren para alcanzar la plena liberación de la mujer.    Si bien el rol de la mujer es fundamental en la consolidación de una familia estable, hombres y mujeres pueden, indistintamente, asumir aquellas responsabilidades que son percibidas y practicadas casi  exclusivamente por la mujer. No es justo que la mujer arrastre el peso de la familia y que vea limitadas o anuladas todas las demás vías de realización humana.
La educación de las nuevas generaciones, así como la de las generaciones pasadas nacidas y crecidas con la revolución garantiza un nivel educacional comparable con el de cualquier país desarrollado pero es incompleta porque no educa a los ciudadanos y a las ciudadanas en la   dignidad de ser diferente, en la riqueza de ser diferentes.  Nuestra sociedad será más libre y más democrática si fomenta, no solo retóricamente, la cultura de la riqueza de la diferencia y de la dignidad de la diversidad, la cultura del respeto y de la tolerancia de quien no es igual, el respeto de sus características, de su manera de ser, de su manera de manifestarse, de su manera de vivir, del orgullo de sus raíces y de su idiosincrasia. La discriminación y el miedo a quien es diferente tienen sus raíces en el desconocimiento y en el empecinamiento en preservar este desconocimiento como valor. Todo esto suprime el valor raigal y único de la mujer.
El respeto hacia la mujer no es solo la manifestación de la caballerosidad, es también el respeto de lo que hace con dignidad, de lo que piensa, de como se manifiesta, de sus sentimientos, de sus elecciones, incluida la elección sexual y de la responsabilidad de la reproducción de los hijos que debe ser mutuamente compartida.
Con esto estamos diciendo que las mujeres en el Arco Progresista trabajaremos por un cambio cultural que conciba la igualdad de responsabilidades en las tareas cotidianas de la vida familiar y del hogar. Lo cual supone no sólo potenciar la creación de condiciones generales dentro de la sociedad que sirvan de plataforma para este propósito, sino trabajar en la esfera educacional con vistas a preparar tanto al hombre como a la mujer en principios auténticos de igualdad.
Por ello, el Arco Progresista debe potenciar la creación de un sólido movimiento femenino que defina y defienda los derechos e intereses de la mujer. Nadie mejor que ella está en condiciones de plantear, sin tutelas externas, cuáles son y cómo canalizar aquellos valores, códigos, objetivos e intereses que expresarían sus inquietudes, peculiaridades y posibilidades de participación social, económica y política. Para nosotras tiene un valor fundamental las mujeres que no tratan de emular al hombre, de estandarizar sus parámetros a los masculinos, sino de defender su propia identidad expresada en algo tan clave como la democratización, como habíamos expresado, de las relaciones entre los sexos.
Otro de nuestros presupuestos y objetivos es garantizar el derecho de la mujer a la plena participación política. El Arco Progresista está obligado por esta razón a tomar y valorizar con vigor  la  manera que tenemos las mujeres de hacer política; esa manera de reunir y no marginar, de trabajar para construir, de dar vida, de cuidar lo que está creando, de mediar.
El Arco Progresista debe abogar resueltamente porque la mujer participe, en igualdad de condiciones, en los órganos de dirección política de nuestra organización; definiendo, ella también, cuáles pueden y deben ser las líneas de acción política a seguir por los socialdemócratas.
Ello implica la posibilidad de, atendiendo a sus capacidades y formación, dirigir cualesquiera de las estructuras políticas y organizativas del Arco Progresista. Una concepción no superada de tradicionalismo patriarcal supone que la mujer o está encargada solamente de asuntos femeninos, o está únicamente capacitada para administrar diseños ajenos.
De ahí que sea necesario suavizar y eliminar la crueldad propia al ejercicio de un tipo de poder, introduciendo un nuevo lenguaje y comunicación políticos que elimine la machicización de la política.
Para lograr éstos y otros objetivos en línea con nuestros presupuestos las mujeres dentro del Arco Progresista continuaremos trabajando para profundizar:

1.    la preparación y educación de la mujer,
2.    la protección de la maternidad y la familia,
3.    la creación de condiciones materiales para la humanización del trabajo de la mujer,
4.    la creación de instituciones con formas diversas de gestión para la educación y el cuidado de los hijos,
5.    la protección del derecho materno y de familia para decidir el destino educacional de los hijos bajo tutela parental,
6.    la independencia económica y de posición social de la mujer que evite la prostitución y mercantilización del sexo por motivos económicos,
7.    la defensa de la mujer contra imputaciones indignas,
8.    la promoción de puestos de trabajo adecuados a la constitución física de la mujer,
9.    la defensa de sus preferencias sexuales en el marco del derecho individual a una calidad y estilo de vida autoasumidos y
10.    la institucionalización de derecho y movimientos femeninos dentro de la sociedad civil.

Nuestro concepto es claro: no habrá verdadera emancipación de la mujer hasta tanto no se establezcan los términos y no se reconozcan sus capacidades, en el marco de un debate social permanente, donde participen ambos sectores de la sociedad para marcar las pautas y ritmos de la nación y la sociedad cubanas.
Ciertamente las manifestaciones  discriminatorias sobre las mujeres acompañan a la humanidad desde siglos, pero el motivo principal que ha originado la permanecía del no reconocimiento real de las féminas esta en la corteza cerebral de hombres y mujeres, que ven a la mujer como el complemento de los hombres, y los falsos beneficios como favores y no derechos.
La población cubana, que es por naturaleza machista, heredó esta condición culturalmente.
El actual sistema de gobierno ha hecho creer a las cubanas que las liberó. Hecho que, sin ser falso, distorsiona algo la realidad. Otros medios de marginación femenina se fueron creando porque a la vez que pudieron participar más en la sociedad se vieron obligadas a responder a mayores obligaciones en el hogar. Indirectamente esto fortaleció la idea de que la mujer en sociedad recibía más favores que derechos.
La imagen delicada de la mujer no debe proyectarla como el reverso de la masculinidad. La mujer es algo diferente y único, capaz de participar en cualquier tarea con protagonismo y audacia pero no para sustituir a los hombres, sino para ocupar su lugar de manera inteligente y meridiana.
Debemos insistir en que la educación de la actuales y futuras generaciones debe encaminarse hacia el cambio de pensamiento en las concepciones y funciones de la mujer. Sabemos que eso llevará tiempo pero si el empeño es bien orientado se logrará y los estratos sociales obtendrán los resultados que pretendemos.
Ahora bien, nuestra sociedad esta necesitando de manera urgente cambios en las maneras de actuar.  Las organizaciones civiles y políticas deben incorporar a las mujeres en su seno, no como para llenar espacios sino como núcleos activos y dinámicos capaces de asumir su protagonismo y generar visiones sociales y políticas dominadas por los hombres. Y desde luego que no estoy desestimado  la importancia de la mujer en la formación y sostenimiento de la familia; por el contrario, bien sabemos es la célula  más importante de la sociedad.     
Y he aquí un problema. La presencia de la mujer cubana cada vez se torna débil con relación a los verdaderos valores que tiene y necesita e independientemente de que la veamos por doquier: en la fábrica, las ciencias y el pensamiento. Y el problema tiene su base en que la sociedad cubana actual ha colocado a la mujer en el espacio que el sistema político ha ideado para ella.
Y es que la presencia masculina siempre se buscó como pilar de toda manifestación femenina  y cuando esto no es así la mujer está ausente. El estado, mediante varios códigos oficiales, tiene organizado los deberes y derechos de su población femenina; además, varias directivas monitorean lo anterior, sin que se llegue a satisfacer las verdaderas necesidades de ellas.
Necesitamos la verdadera inserción en la vida social y política de nuestro país, sin ataduras de raza o posición social. La falta de educación al respecto ha colaborado con cierta indiferencia de la mujer hacia los problemas políticos y sociales.
Nosotros somos capaces de ser como está diseñado por la naturaleza: la creadora del núcleo familiar y su custodio, pero tenemos que saber que también tenemos la necesidad de estar ahí en la construcción de la sociedad en la que vivimos, que no somos el relleno de nada. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre los géneros como fenómeno privado y como comportamiento público.
Las llamadas leyes civiles son principios estructurales de la vida del hombre en sociedad para su bien o para mal; ellas desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres.
Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la  vida social, sino que tienden a modificar en las generaciones futuras la comprensión y la valoración de las realidades y necesidades reales.
El reconocimiento de la emancipación de la mujer cubana primeramente debe iniciarse desde ella misma para que la sociedad y estado la reconozca y pueda mostrar sus verdaderas actitudes y capacidades para una posición social verdadera sin guías externos y alejadas de realidades. En verdad, tal y como sucede con el problema racial, el concepto de emancipación es un concepto de los dominadores: el único instrumento con el que contamos para ser desde nuestra propia identidad es el de la auto emancipación. Y esta no necesita esperar por lo que piensen los patriarcas.    
La República a la que aspiramos no es una utopía, es realizable. La voz de la mujer cubana es  insustituible para la realización de nuestro proyecto de nación y para lograr que la socialdemocracia se convierta en un verdadero proyecto líder, moderno y de futuro para la modernización de la sociedad cubana. 

Miriam Herrera Calvo 
Coordinadora Proyecto de Estudios de la Mujer
Programa de la Corriente Socialista Democrática Cubana
Corriente Socialista Democrática Cubana
 
enero 2003
Anteproyecto
Una plataforma socialdemócrata - Por una nueva izquierda
 
    Presentación    1
    Proyecto Político 2
    Proyecto Económico  6
    Proyecto Cultural  13
    Proyecto Social  16
    Proyecto Femenino      24
    Proyecto Juvenil   27
    Proyecto Relaciones Internacionales   29
    Proyecto Centro de Estudios del Socialismo Democrático  33
    El Socialismo Democrático en Cuba ¿Hacia dónde va?   35
    Vindicación de Diego Vicente Tejera      38
 
Proyecto Político 
 
               I.      La propuesta política que recogían los Cuadernos del 97 intentaba dar continuidad sistemática a los conceptos fundacionales que dieron vida a la CSDC en 1992.
             II.      Planteábamos en 1997 las bases imprescindibles y los grandes marcos del modelo político que eran necesarios, para nosotros como socialistas y socialdemócratas cubanos, con el fin de dotar a nuestras identidades con un perfil claro.
            III.      Las circunstancias y condiciones de entonces eran triplemente exigentes: por un lado, exigían  profundizar en las ideas rectoras de nuestro proyecto, si es que queríamos fundar una alternativa sólida en un país donde fue suprimida toda expresión articulada de las diferencias políticas. Por otro lado, demandaban que nuestros conceptos fueran lo suficientemente nítidos para evitar la confusión sobre las bases políticas del socialismo democrático en un escenario en el cual el socialismo era entendido, y continua siéndolo, como un proyecto enfilado contra las libertades. Finalmente,  nos obligaban a defender nuestra existencia con carácter y altura de miras frente a una represión de alta intensidad. 
          IV.      Todo ello permite entender por qué nuestros esfuerzos tenían, debían y podían concretarse,  únicamente, en definir una buena carta identificatoria: tanto la entrada a la  política como las circunstancias políticas nos conducían a esbozar, por necesidad, las definiciones más generales de un proyecto. – Y esto para una organización que ha tenido, tiene y tendrá que enfrentar los más grandes desafíos en el complicado y confuso panorama de la sociedad cubana.
            V.      ¿Qué propuestas eran posibles cuando muy pocos entendían la condición de ser socialistas democráticos o socialdemócratas? ¿Cómo implementarlas si nada garantizaba nuestra capacidad de interlocución o la posibilidad de desplazarnos de la marginación a la inserción política?
          VI.      En el 2002, la política nos plantea un reto formidable: pasar de las definiciones retóricas, necesarias en la fundación de cualquier alternativa, a las definiciones y articulaciones concretas.
         VII.      Ya no caben dudas sobre quienes somos. Es claro también lo que queremos: la libertad, la democracia, la equidad y la justicia sociales. El qué y el quiénes, dos cuestiones que expresan la identidad de los que hemos querido ser identificados por la sociedad, el Estado cubano y la comunidad internacional, han sido cumplimentados por nosotros con fuerza, consistencia y valentía.
       VIII.      Pero si el qué y el quiénes eran las preguntas obligadas de los noventas, el cómo es la cuestión imprescindible del 2002. ¿ Cómo llevar a vías de hecho nuestras agendas? ¿Cómo lograr una real interlocución política? ¿Cómo insertar nuestras propuestas en la sociedad?  ¿Cómo responder a nuestras expectativas? ¿Cómo crear una trama social y política que genere una legitimación irreversible? ¿Cómo contribuir, en fin, a erigir una nueva sociedad política en un país que congeló la posibilidad de construir sus contratos sociales sobre la base de las diferencias? 
           IX.      Satisface saber que las preguntas actuales tienen que ver más con las vías del cambio  que con los fundamentos de ese cambio. Contar con un vigoroso suelo ideológico -en una época en que las ideologías aparentemente se desvanecen- nos ha permitido alcanzar tres cosas esenciales: la estabilidad de nuestro organización, la solidez de nuestra referencia y la visibilidad de nuestro proyecto. Índices notables de que la CSDC llegó para instalarse de manera definitiva en el mapa político de Cuba, y de que un nuevo contexto se abre paso por la voluntad de nosotros, contra la voluntad de las autoridades y por encima de la voluntad social. Contexto netamente ambiguo que expresa al mismo tiempo una riqueza política insospechada y un desencanto previsible del ciudadano.
             X.      ¿Cuáles son los elementos definitorios de este contexto?
           XI.      Mirando hacia el Estado se observa un desgaste estratégico acerca de la Cuba del futuro. Las autoridades sólo poseen una táctica política para la conservación del poder,  sin que puedan responder ya a las preguntas de qué quieren y de quiénes son. En la lógica cerrada del Gobierno y partido comunista cubanos existe una contradicción entre lo que hay que hacer bajo la presión de las circunstancias y lo que hay que decir por imperativo ideológico. Esta contradicción provoca un daño a la legitimidad de su discurso que es  socialmente positivo para crear una pluralidad de legitimidades políticas, pero que obstaculiza el flujo coherente de las necesidades e inquietudes de la sociedad: el Estado ha dicho sí y no a la economía de mercado para convivir con sus peores manifestaciones. El Estado ha dicho sí y no a la propiedad individual porque no puede impedir que la sociedad privatice su gestión económica. El Estado ha dicho sí y no a la modernización para evitar una marginación total de las corrientes globalizadoras. El Estado ha dicho sí y no al pluripartidismo por su incapacidad para reconstruir el Muro de Berlín. El Estado  ha dicho sí y no a la apertura cultural para neutralizar la contestación y cooptar los espacios simbólicos de convivencia. Finalmente, El Estado ha dicho sí y no al discurso de los derechos humanos para defender su concepción a través de un falso planteamiento de los derechos. El sí de esta ecuación refleja una visión táctica del poder. El no, una falta de visión estratégica hacia la sociedad.
          XII.      Mirando en dirección de la sociedad hay un reacomodo involuntario de sus estrategias de supervivencia. La fragmentación que se describe hoy provoca una ausencia de comunicación social que trata de ser reestablecida, entre otros, por la iglesia católica  pero que divorcia cada vez más a los diferentes sectores sociales entre sí. Desaparece el pueblo como noción política y no aparece, o reaparece muy lentamente, el ciudadano. La agenda de los cubanos, de este modo, se simplifica: la búsqueda de la sobrevivencia individual por todos los medios y el alejamiento de todo compromiso político serio y sistemático es su contenido. Proceso que es cada vez más visible en las nuevas clases que surgen alrededor de la débil modernización económica. Un nuevo proyecto de vida no intenta abrirse paso, por tanto, a través de las alternativas políticas, sino a través de los orificios abiertos por un Estado postotalitario. Situación esta que complica el juego político porque se produce en un país que perdió todas las referencias alternativas que son necesarias para situaciones de cambio, y que las desconoce en una situación en la que es imprescindible e inevitable un nuevo proyecto de sociedad. El Estado cubano logra así un nuevo equilibrio sobre dos realidades ambiguas: el silencio político del ciudadano desencantado y el apoyo acrítico y corporativo de sectores que se creen beneficiarios, y algunos realmente lo son, de las políticas del gobierno. Una misma y precaria situación económica, matizada por nuestro contexto político, histórico y cultural, produce, de este modo, dos hechos que hemos de tener en cuenta en nuestros esquemas y diseños: por un lado obstaculiza la reconquista de la política por el ciudadano; por otro lado, garantiza que la política se reproduzca dentro de un pensamiento y partido únicos, alimentada por el sustento de sectores que se autoreconocen como revolucionarios. Por esta razón la crisis del modelo ideológico no se ha manifestado a su vez en la crisis del modelo político.
        XIII.      Mirando hacia nosotros mismos como partido de oposición, el contexto político puede caracterizarse desde dos perspectivas: primera, superada la crisis de legitimidad -hoy son muy pocos los que se cuestionan el derecho y hasta la necesidad del pluralismo y pluripartidismo políticos- no hemos logrado superar las crisis de legitimación y definición. En el caso de la legitimación, se trata de cómo lograr apoyos sociales significativos y de cómo activar al ciudadano y ciudadana políticos desencantados; en el caso de la definición, se trata de qué cosas les ofrecemos para lograr el enganche político y de qué seguridades les brindamos para obtener sus compromisos de participación. Desde la segunda perspectiva,  y agotándose las políticas tradicionales de represión por parte de las autoridades -sin duda alguna el gobierno ha tenido que disminuir su intensidad represiva hacia la sociedad civil y política emergente- estamos ante el desafío mayor de desarrollar una capacidad real de interlocución y negociación en los que, desde luego, hemos hablado de diálogo, negociación y transición pactada. El asunto es de cómo convertir el agotamiento de los diseños represivos en institucionalización de nuestra alternativa opositora a través de la normalización social de la diferencia política. Si el gobierno no está ya en condiciones de reprimirnos de la misma manera, nosotros debemos alcanzar al ciudadano  para llegar a las instituciones. De ahí que el reto de hoy sea de estricta imaginación política.
       XIV.      ¿Se puede hacer política alternativa en Cuba? Creemos que sí. Cuatro cambios fundamentales se vienen produciendo en nuestro sociedad que preparan el terreno al pluralismo político. Primero: se produce una rica explosión de la diversidad cultural para forjar nuevos sentidos de pertenencia reconocidos a los individuos. Segundo: se quiebra el monopolio ideológico del partido único para posibilitar nuevos referentes de articulación social. Tercero: se definen, a partir de la diferenciación y las desigualdades sociales, nuevos intereses e inquietudes imposibles de concebir en una sociedad monolítica. Ello crea las condiciones para que los ciudadanos y ciudadanas opten por sus preferencias. Y cuarto: se desprestigia el modelo único de articulación económica -en este campo el Estado se debate en una infeliz retirada-  que permite devolver la autonomía a una diversidad de actores económicos. Cultura, ideología, sociedad y economía. ¿Son lo mismo que ayer? No, definitivamente. Estos cambios pavimentan el camino para la política. Aprovecharlos en todo lo posible reflejaría que los socialistas y socialdemócratas cubanos hemos captado su sentido.
        XV.      ¿Qué estrategia debemos seguir en este nuevo, rico y complicado contexto? Para nosotros el desafío sigue siendo formidable. Nuestra estrategia debe ser entonces exquisita. Ella supone cuatro conceptos: audacia, realismo, imaginación y métodos positivos. Audacia para romper las inercias de una situación inercial. Realismo para actuar en consonancia con la realidad que se presenta y no con la realidad que nos representamos. Imaginación para orientarnos desprejuiciada y creativamente a través de las transformaciones  que se verifican en la sociedad. Y métodos positivos para neutralizar la lógica que asocia el cambio con la exclusión. De ahí que en términos políticos no podemos trasladar los esquemas de guerra fría, que se aplicaron entre Estados ideológicamente diferenciados, al debate interno entre ideologías y proyectos diferentes. Nuestra estrategia debe buscar la convivencia pacífica, no la coexistencia pacífica. 
       XVI.      Estaríamos necesitando para esto mentalidad política. Es decir, la disposición para asumir la naturaleza necesaria y positiva de los conflictos, el marco en el que estos se presentan, la solución negociada de estos conflictos, la diversidad de intereses en juego y el beneficio que debe implicar para esa diversidad de intereses. El todo o nada y el ustedes o nosotros no deben formar parte de nuestra proyección política si es que la convivencia pacífica es un propósito serio de nuestra alternativa.
     XVII.      ¿Hacia dónde debemos encaminar nuestra estrategia? Hacia la política-proceso. Crear espacios de participación que institucionalicen socialmente nuestras propuestas políticas y participar en los espacios sociales para institucionalizarnos políticamente es un camino que debemos recorrer para la democratización. Si no transitamos la vía social e institucional no llegaremos a las grandes instituciones de la democracia. La idea de que los cambios democráticos se alcanzan, como pretende la política-acontecimiento,  haciendo propuestas al Estado desde los márgenes de la sociedad es sólo una verdad teórica.  En Cuba, esta idea pasa por encima de dos realidades: la manifiesta falta de voluntad política del gobierno para realizar transformaciones sustanciales y el divorcio entre alternativas y ciudadano. En todo caso, la voluntad de las autoridades de realizar cambios políticos sería efectiva para nuestras propuestas si logramos una significativa capacidad de representar al ciudadano, y  si lo hacemos en aquellos marcos institucionales en los que éste más interactúa.
    XVIII.      Por eso nuestra estrategia requiere actuar en los marcos constitucionales del Estado. De la ley a la ley es un punto de partida necesario que nos obligaría a aceptar el proceso constitucional vigente con todas sus contradicciones. Si el preámbulo de la Constitución plantea que Cuba es un Estado que se organiza para el disfrute de la libertad política, debemos hacer efectiva la contradicción con los restantes artículos que coartan la expresión concreta de esa libertad política a la que tenemos derecho legal. Esto constituiría la prueba y el reto de que hemos sido imaginativos en nuestra articulación con la sociedad.
     XIX.      Es importante por esta razón que veamos la realidad como problema y no como obstáculo. Propiciar una trama política que nos conecte con la sociedad y que genere dinámicas que adecuen las instituciones a los nuevos hechos sociales es la manera en la que abriremos verdaderos espacios de transformación. Es bueno pedirle al Estado que respete sus premisas constitucionales e institucionales. Es políticamente más eficaz actuar desde ya sobre la base de estas premisas para lograr de hecho lo que debe ser refrendado por el derecho. Mediante un proceso semejante podremos lograr cambios de la ley a la ley. 
         XX.      Para ello los socialistas y socialdemócratas cubanos apostamos por la estabilidad social y política. Ni la desestabilización produce cambios que conlleven en sí mismos a transformaciones políticas profundas ni la sociedad cubana la toleraría. Nuevos estilos se imponen en la posguerra fría: la confrontación de ideas y proyectos, la cooperación en ámbitos de interés común y el consenso sobre identidades compartidas. Todo esto desde el respeto mutuo de los intereses e identidades específicos. Sobre estas bases, negociar el cambio es el mejor estilo que podemos emplear para disminuir los factores de riesgo que el mismo implica, para concitar la participación de los más diversos y  disímiles sectores y para neutralizar a importantes y poderosos estratos que se opondrían al proceso de aperturas. No es inteligente pasar por alto que si el gobierno cubano tiene sus opositores, la transición democrática también tiene los suyos.
        XXI.      ¿Cuáles son las metas positivas de nuestra estrategia en el concepto de la política- proceso?
      XXII.      Los socialistas y socialdemócratas cubanos que nos agrupamos en la CSDC trabajaremos a corto y mediano plazos en la dirección de:
1.        Profundizar los climas de confianza que fortalezcan nuestra capacidad de interlocución y de ser sujetos imprescindibles para un eventual proceso de negociación política.
2.        Ampliar nuestras bases sociales, en todos los sectores de la sociedad, de modo de posibilitar una mayor influencia política a partir de nuestros programas y nuestras propuestas.
3.        Interactuar más eficazmente en el sector de la cultura que es donde se está definiendo un nuevo proyecto de sociedad.
4.        Trabajar en las comunidades y barrios mediante propuestas de cooperación específica en aquellas áreas de presumible interés común que no comprometan nuestra identidad ideológica y política.
5.        Insertar a nuestros miembros, simpatizantes y amigos en la vida social y laboral para superar la marginación impuesta por nuestra identidad ideológica y política. 
6.        Abrir espacios autónomos, mediante el voluntariado, que coadyuven al mejoramiento de la vida social y espiritual de nuestras comunidades.
7.        Solicitar ante el Ministerio de justicia para junio del 2002 y en su caso apelar, ante las instancias correspondientes, la legalización de la CSDC al amparo de la ley  54 de Asociaciones.
8.        Cooperar con el Estado en aquellos asuntos donde entendamos está en juego el interés e integridad nacionales.
9.        Convocar encuentros comunitarios antes de cada período de sesiones de las Asambleas Provinciales y de la Asamblea nacional para discutir, recoger y vehicular los criterios ciudadanos alternativos acerca de asuntos de interés vital para la sociedad.
10.    Trabajar dentro de la MROM de Cuba y del exilio en la propuesta de Carta Fundamental de Derechos y Deberes de los Cubanos que aquella propondrá al gobierno y sociedad cubanos, y presentará a la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra y a la Alta Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
11.    Articular un mecanismo político que denominaremos Carta Ciudadana a través del cual, y con el apoyo libremente expresado de los ciudadanos y ciudadanas, propondremos y demandaremos cambios específicos que gradualmente democraticen la vida social, económica y política del país.
 XXIII.      Con estas once líneas de acción, la CSDC iniciará un dinámico activismo social y político de cara a tres objetivos básicos para nuestra organización: la inserción social y política de nuestra alternativa, la construcción del ciudadano político capaz de expresar y vehicular sus propias demandas mediante nuevos espacios de participación y la institucionalización de la democracia a través de, principal pero no exclusivamente, la democratización de las instituciones.
   XXIV.      Se requiere para ello que la CSDC sea capaz de trabajar coherentemente sobre tres bases: disciplina orgánica, flexibilidad e imaginación políticas y concepción de equipo. Si nuestro propósito es alcanzar un fuerte liderazgo político estamos en la obligación de asumir consistentemente esas tres bases necesarias para cualquier organización que se considere seria y moderna y con ambiciones de éxito. Mentalidad positiva, disposición para el triunfo, determinación política y valentía frente a los variopintos obstáculos que se nos presentarán son las premisas combinadas para satisfacer aquellas ambiciones y cementar las bases de aquel liderazgo.
     XXV.      Un liderazgo que se pondrá a pruebas si no logramos construir la democracia sobre el ejercicio social y continuamos con la pretensión de construirla sobre  el ejercicio retórico. Debemos aceptar de una buena vez el hecho de que la constante repetición de los fines –democracia, elecciones libres, economía de mercado –es la constatación de que la política alternativa está derrotada al comienzo de su propio discurso. A la pregunta de dónde está en nuestro proyecto la declaración de los grandes principios que nos animan, sería bueno responder, con el mejor humor si es posible, que la fe es el fundamento de toda obra humana pero que la política no se hace escribiendo autos de fe. A las elecciones libres no se llegan a través de su propuesta, sino mediante la construcción social de su posibilidad política.
      XXVI.      A la creación de las condiciones preliminares para la democracia en mayúsculas debe dirigirse la estrategia inmediata de la CSDC. Es verdad que si queremos tener una visión del bosque no es aconsejable detenerse en los árboles. Pero en términos de democracia cubana ese bosque hay que crearlo plantando y haciendo crecer, transgenésicamente, sus  árboles.
     XXVII.      El cultivo de los árboles es la metáfora de nuestra estrategia política preparándonos, eso sí, para que el bosque no nos sorprenda.
 
PROYECTO ECONÓMICO
 
               I.      Los Cuadernos del 97 adelantaban unos análisis y unas propuestas económicas en unas circunstancias en las que la economía cubana comenzaba a madurar unas tímidas reformas aperturistas. Hacíamos entonces un balance histórico y proponíamos una plataforma de cambios que conjugaba conceptos de la práctica económica socialdemócrata y de las aspiraciones más genuinas del socialismo democrático.
             II.      Casi cinco años después, la situación económica ha variado lo suficiente tanto dentro como fuera de Cuba como para que actualicemos nuestros análisis y consideremos si nuestras propuestas necesitan ser puestas al día o si mantienen alguna vigencia.
            III.      ¿En que ha cambiado la situación económica de nuestro país? ¿En que han variado las circunstancias económicas externas? Repasemos los puntos esenciales que son básicos en ambos contextos para nuestro futuro económico. 
          IV.      A partir de 1994, el gobierno implementó ocho medidas de tipo estructural que significaron un cambio significativo en la economía cubana. Fueron éstas: 
 
1.        La apertura al capital extranjero y la creación de un sector emergente constituido por empresas mixtas, el sector del turismo, las sociedades mercantiles cubanas y las representaciones de firmas extranjeras, autorizadas a operar en divisas, con mayores salarios y beneficios, y mayor flexibilidad en su gestión – incluyendo operaciones de comercio exterior.
2.        La transformación de las granjas estatales en cooperativas de producción agropecuaria, entrega de tierras en usufructo y creación de un mercado con precios de libre formación para la comercialización de los excedentes. Esquemas integrales de financiamiento y estimulación en divisas para los cultivos de exportación; y en tendencia, creación de condiciones para  que los cultivos de exportación financien de forma creciente los gastos en divisas del resto de los cultivos.
3.        La legalización de la circulación de la divisa, la autorización de las remesas, la creación de casa de cambio y cuentas bancarias en esa moneda, y el desarrollo de una red de tiendas para su captación por el Estado.
4.        Un mayor espacio para el empleo por cuenta propia y la creación de un mercado para artículos industriales y artesanales.
5.        La implantación de sistemas de estimulación en divisa y de medidas de adaptación del sistema salarial y de regulación de los ingresos para lograr un mayor vínculo con los resultados del trabajo.
6.        La reducción de los ministerios y organismos centrales del Estado (de 50 a 32); el  fortalecimiento y creación de nuevas funciones(turismo, inversión extranjera) y la simplificación de las estructuras para una mayor descentralización de las decisiones hacia el nivel empresarial.
7.        La reorganización progresiva de las empresas estatales: simplificación de estructuras, creación de nuevas formas empresariales(corporación, unidad básica empresarial), incorporación de nuevas funciones, incluyendo sistemas de autofinanciamiento en divisas. Lo que más tarde se conoció como Perfeccionamiento Empresarial y
8.        La reestructuración del sistema financiero-bancario, con la creación de un banco central y la diversificación de las instituciones bancarias y de sus funciones.
            V.      Estas medidas trajeron como resultado la lenta y parcial modernización de la economía y la rápida latinoamericanización de una estructura social que disfruta, afortunadamente aún, de prestaciones sociales – debilitadas – en la educación y la salud.  Un número reducido de sectores se abrieron a la economía mundial, lo que ayudó al crecimiento positivo de ciertas cifras globales y al bienestar de un también reducido grupo de sectores sociales. Por otra parte, la dolarización y el acceso a una economía cada vez más consumista, polarizó la sociedad, introduciendo un nuevo nivel de desigualdades que destruyó toda noción de una “economía socialista de período especial en tiempo de paz”: una vez que el acceso se mide, no por la capacidad del sistema para satisfacer las crecientes necesidades, sino por la capacidad adquisitiva del ciudadano para acceder a un bienestar que es creado bajo conceptos que no son los del sistema, la sociedad y con ella la economía tienen un nuevo punto de partida que se contradice con lo que anuncia y defiende el poder político.  Las remesas – más que el turismo que continúa siendo el  espacio exclusivo de los que vienen de fuera y la humillación para los que decidimos permanecer dentro – constituyen el factor que más incidencia tiene sobre el desenvolvimiento de nuestra economía. Constituyen también el único proceso serio que, como reforma económica, se desarrolla dentro de Cuba.
          VI.      Las demás reformas económicas, excepto los cambios en la institución bancaria, o bien han sido paralizadas – como es el caso de la pequeña empresa individual o familiar – o bien nacieron mediatizadas por intereses de estricta naturaleza política. Es el caso del Perfeccionamiento Empresarial.
         VII.      Está en marcha, en este sentido, una contrarreforma económica, tal y como expresó la MROM en su último documento económico titulado: Situación actual de la economía cubana: análisis, perspectivas y propuestas, documento que constituye un referente para nosotros como socialistas y socialdemócratas.
       VIII.      Esta contrarreforma explica la  crisis estructural sostenida que esta sufriendo la economía cubana que, no obstante los crecimientos verificados en los últimos años, no puede definir los rieles de una economía en desarrollo sostenible.
           IX.      En efecto. Asistimos a un regreso del estatismo bajo aparentes formas descentralizadas. Razón por la que el Perfeccionamiento Empresarial no aporta los resultados esperados, siguiendo criterios oficiales. Un dato, que puede ser coyuntural por su carácter específico, aporta un elemento conceptual importante para nuestros análisis: de las 1, 500 asociaciones económicas que iniciaron los pasos hacia el Perfeccionamiento Empresarial,  sólo 100 lo están aplicando integralmente. La mayoría de ellas con serios problemas de contabilidad y control de los recursos. Significa entonces que más que Perfeccionamiento Empresarial estamos necesitando de una Economía de Empresarios.
             X.      La agricultura, por su parte, sigue sumida en sus problemas estructurales. Continúa la propiedad y gestión estatales en la mayoría de las tierras cultivables de que dispone el país; las Unidades Básicas de Producción Cooperativa que hoy administran cerca del 35% de las tierras aptas para el cultivo y la ganadería están sumidas en una crisis no superada de improductividad y bajos rendimientos. Lo que las convierte en una enorme carga para el presupuesto nacional, en la medida en que los productores no gozan de libertad, ni de estímulos a sus producciones. Los mercados agropecuarios, con sus precios de monopolio y la precaria canasta básica de nuestros ciudadanos, son el reflejo exacto  de esta discapacidad de la gestión agrícola cubana. Como resultado de la ineficiente administración de la agricultura y la consiguiente desaceleración, la producción de azúcar ha pasado a un tercer plano después de los sectores más dinámicos como el turismo y las remesas. Esa política de desistimulación y monopolio estatal de la propiedad de la tierra ha conducido a una reducción alarmante de los rendimientos agrícolas: su efecto más negativo es la precariedad de la tasa de seguridad alimentaria del país. Así, Cuba inicia el siglo XXI siendo uno de los países con los más bajos per cápitas en producción agrícola y que mayores partidas dedica, de sus reservas en divisas, a la compra de alimentos en el exterior.
           XI.      Desde el ángulo de los servicios nos encontramos con una absurda obstinación de Estado que impide que se desarrolle en Cuba un sector para el que la sociedad cubana está preparada.  La estructura oligopólica de la economía, que se caracteriza por un férreo monopolio en la producción, distribución y comercialización de la mayoría de los servicios, congela las posibilidades internas y margina a un sector que es solo informal por la ausencia de verdaderos mecanismos de competencia. En un contexto en el que los espacios informales son los que están en real capacidad para ofrecer servicios al detalle, tanto a las empresas como a los ciudadanos.
          XII.      No podría decirse, sin embargo, que la economía de Estado goza de débil salud. Las entradas indirectas por concepto de remesas y directas por concepto de turismo le proporcionan un campo de maniobrabilidad junto a los puntos de crecimiento económico. Esto ha permitido ajustar los desequilibrios económicos en la esfera monetaria. Ciertamente, el gobierno ha aplicado una terapia de choque monetarista que ha impedido grandes desequilibrios financieros. Si la inflación debía ser el resultado natural de la gran masa de dinero que se emite y la débil capacidad productiva y de servicios para absorberla,  éste no ha sido nuestro caso. Para mantener un equilibrio fiscal y monetario estable, el gobierno ha hecho una combinación de principios típicos del keynesianismo – disparar el consumo y mantener el empleo - con elementos monetaristas de la Escuela de Chicago, donde se privilegia la utilización de los mecanismos fiscales y de precios como fórmula principal para enfrentar los desequilibrios económicos: los altos precios de los productos de mayor demanda y la aplicación de altas tasas impositivas han paralizado la acelerada caída del valor del peso cubano, de por sí devaluado, y posibilitado mantener  la  estabilidad social, pese a que han coadyuvado a profundizar las ya definidas zonas de desigualdad y diferencia sociales. Tenemos hoy grupos reducidos que controlan enormes sumas de dinero, desde familias dolarizadas hasta especuladores, que imponen también sus reglas de juego financieras. El Estado pues maniobra en dos direcciones fundamentales: monopoliza los recursos financieros de la sociedad y engrosa el presupuesto de gastos ideológicos para fortalecer el suelo simbólico del poder.
        XIII.      La deuda externa de Cuba es otro problema acumulado que está impidiendo la concesión de créditos blandos a mediano y largo plazo. Su solución, que es un problema complejo para todas las economías periféricas como la de Cuba, se dificulta porque el Estado no flexibiliza la estructura económica de modo que pueda aumentarse nuestra liquidez en divisas para renegociar la deuda desde condiciones más favorables. 
       XIV.      Internamente, por tanto, la economía ha venido creciendo respecto a los primeros años 90 pero no se desarrolla. Ciertos sectores se modernizan, pero no así nuestra estructura económica. El mercado irrumpe, pero no se aceptan sus más importantes reglas del juego. La agricultura se reforma, pero no se transforma para sostener nuestras necesidades alimentarias más fundamentales. La sociedad se liberaliza, pero el Estado se impone. La economía se dolariza, en un proceso imparable de desnacionalización de nuestro referentes económicos, pero las desigualdades aumentan. Las principales prestaciones sociales permanecen, pero ya no satisfacen las viejas, nuevas y crecientes necesidades y exigencias de la sociedad.
        XV.      Las condiciones externas agregan un matiz importante en esta situación. De 1997 a la fecha dos fenómenos se profundizan: el proceso de globalización y las políticas económicas excesivamente desreguladoras que la acompañan y que arrinconan a los Estados.
       XVI.      El gobierno responde a esto de forma contradictoria y defensiva. Mientras emplea un discurso integracionista como retórica obligada de todo gobierno, despliega una ofensiva ideológica del todo o nada contra la globalización. El lenguaje de la guerra fría, con sus figuras en blanco y negro, es trasladado al fenómeno complejo de creciente interdependencia de las economías, cuando lo que se requiere es flexibilidad, capacidad de adaptación y visión aperturista. Con ello se atrapa a la economía dentro de un proceso indefinido de interrelación global y de pretensión autárquica que no se corresponde con las políticas concretas en los sectores más dinámicos de crecimiento real en la economía cubana.
     XVII.      El tipo de respuesta del gobierno a la Asociación de Libre Comercio para las Américas (ALCA) expresa esa retórica antiglobalizadora. Las consecuencias para Cuba de los sucesos del 11 de septiembre en los Estados Unidos – una coyuntura que pone al desnudo nuestra precariedad estructural – reflejan la imposibilidad de desdeñar lo que en materia económica acontece hoy en día en el mundo.
    XVIII.      En el 2002, ¿ cuál debe ser nuestra respuesta como socialistas y socialdemócratas a esta situación cambiante, peligrosa y al mismo tiempo indefinida? 
        XIX.      En los Cuadernos del 97 podemos encontrar algunas pero no todas las respuestas a los retos de nuestra economía.
         XX.      Aquellos Cuadernos siguen siendo un buen punto de partida porque en ellos exponíamos una serie de cambios estructurales que desde nuestra visión, mantienen y profundizan su actualidad.
        XXI.      Como entonces, hoy no se pueden seguir ignorando una serie de condiciones presentes en la economía cubana:
1.        la pequeña dimensión de su mercado interno, del excedente económico producido y su limitada capacidad para generar capitales, limita sus posibilidades de financiar, de manera independiente, su desarrollo y obliga por tanto a una fuerte dependencia externa.
2.        el rezago tecnológico e informacional que le impiden a la sociedad, más allá del dominio de los tecnócratas, poseer las referencias necesarias para actuar en el marco de una economía moderna.
3.        la ausencia de recursos fundamentales cuya explotación racional y con sentido ecológico permitan relanzar un proceso económico vigoroso y atractivo para el capital.
4.        el desempleo potencial que se enmascara detrás de una arbitraria asignación de recursos y una redistribución forzosa de la fuerza laboral atendiendo a criterios de conservación política.
5.        la extremada sed de consumo, en términos psicológicos, dentro de una económica definida en términos de supervivencia y
6.        la violencia estructural, en términos sociológicos, vinculada a la movilidad económica y la creación de status que no guardan relación con el aporte y la creación de riquezas. Esto ha llevado al nacimiento de nuevos status económicos desde la marginalidad social o desde el dominio burocrático.
      XXII.      Pero otras condiciones, difíciles de manejar, se han creado en el tejido económico cubano:
1.        La economía clientelar resultado de una modernización parcial y de una cultura negativa en los directivos de las empresas a los distintos niveles.
2.        La licitación discrecional de los proyectos económicos con capital extranjero que impide orientarlos en áreas de interés económico para la sociedad.
3.        El traslado hacia sectores modernizados de los vicios creados en viejas formas de gestión económica. Por tanto, el impacto de una nueva ética del trabajo que se podría esperar de la modernización se debilita.
4.        La formación de oligopolios asociados al sector modernizado y conectados al poder político.
5.        La acumulación de fuertes sumas de capital de particulares tanto en los bancos del Estado como en sus espacios domésticos. Esto ha creado nuevos sectores ricos, incapacitados jurídicamente de invertir su dinero atesorado.
6.        La tensión existente entre unas reformas paralizadas y las necesidades que su propia introducción han creado.
7.        La profundización del proceso de integración en casi todas las regiones del mundo que están provocando un cambio acelerado de las dinámicas económicas y una expulsión natural de aquellos países y regiones que no se incorporen rápidamente a este proceso.
     XXIII.      Un número de propuestas que habíamos planteado en los Cuadernos del 97 estarían en condiciones de asumir los viejos y parte de los nuevos retos de la economía. Y hoy, por razones que son urgentes desde el punto de vista de la seguridad nacional, se hacen todavía más necesarias.
   XXIV.      Es necesario primero un cambio dramático en la estructura de la economía que:
1.        privilegie el desarrollo de la pequeña y mediana empresas independientes, fundamentalmente en el área de la agricultura y de los servicios.
2.        reoriente la economía cubana hacia el área de los servicios para el cual existen ya y podrían ampliarse una gran reserva de conocimientos y amplios  sectores cuya preparación y nivel les permitiría asimilar esta reconversión económica.
3.        fomente el desarrollo de las empresas ecológicas, principalmente las vinculadas al turismo que utilizan materias primas secundarias.
4.        redimensione la industria. Esto implicaría su total reconversión, eliminando aquellas que no estén a tono con la eficiencia y la reducción de costos. Asimismo, la industria se vincularía al mercado a partir de las potencialidades específicas de cada región y desde su propia dinámica.
5.        potencie la creación de empresas municipales con participación comunitaria.
6.        propicie la modernización en aquellas áreas que como la minería seguirán las pautas de la gran industria, buscando su inserción en los intereses comunitarios.
7.        fomente y estimule la inversión en aquellas empresas que exploten nuestras ventajas comparativas.
8.        busquen nuestra inserción en la economía regional y mundial desde las ramas y producciones que, según el criterio de ventaja comparativa, permitan acelerar el crecimiento y desarrollo económicos.
9.        posibiliten la participación  de los capitales nacionales en el fomento de la pequeña y mediana empresas independientes, así como en la formación de microempresas.
10.    permitan el ascenso de las personas naturales a personas jurídicas para la formación de empresas económicas.
11.    definan una nueva política impositiva que incentive la participación de estas personas jurídicas en la formación de esas empresas económicas que no sólo absorban el desempleo y subempleo actuales, sino que limiten a las empresas de naturaleza oligopólica a favor de un mercado social y participativo.
12.    una nueva ley de inversiones permita la inversión licitada y no distinga a los potenciales inversores por nacionalidad o lugar de residencia.
13.    fomente las pequeña y mediana empresas independientes conectadas al sector del turismo. 
     XXIII.      Es necesario, junto a esto, un cambio gradual en la estructura de propiedad que posibilite una combinación eficaz de sus diversas formas – privada, estatal, pública, cooperativa, autogestionaria, mixta e individual – de manera que se adecuen, no sólo a la estructura económica, sino a la dimensión de los diversos sectores y a la capacidad real de ofertar servicios tanto a las empresas como a los ciudadanos. Esto último tiene que ver con la capacidad de gestión, autonomía y libertad, así como con la información de que dispongan los actores económicos.
   XXIV.      No tiene sentido que el Estado conserve la propiedad sobre áreas que pueden ser muy bien potenciadas por otros propietarios, ni tiene sentido colocar en régimen de propiedad privada aquellas que pueden ser gestionadas por otros actores con un criterio de servicio público. Es claro que ni la propiedad estatal ni la propiedad privada garantizan, por su sola existencia, la rentabilidad o la ganancia de las empresas. La cuestión fundamental es la capacidad de gestión y beneficios de que puedan gozar y generar las empresas en un régimen flexible de movilidad y autonomía.
     XXV.      ¿ Qué modelo de economía es necesario para manejar un proceso tan complejo como el que demandan las sociedades actuales?
   XXVI.      Depende de la perspectiva. Para nosotros es necesario vindicar la Economía Social de Mercado. Un modelo que permitirá reenlazar nuevamente a la nación, impedirá que continúen acentuándose las desigualdades y propiciará la combinación de crecimiento económico, progreso individual y social y desarrollo sostenible.
  XXVII.      ¿Qué significa Economía Social de Mercado? Esta tiene un primer significado negativo: en ella los poderes públicos deben impedir que la lógica de las ganancias o utilidades imponga su hegemonía en el mercado y conlleve, en determinados sectores, la fluctuación entre una prosperidad precaria y una marginación estable. Tiene, además, un segundo significado positivo: por ella se garantiza tanto una distribución de las riquezas como una distribución de los recursos que permitan su creación.
XXVIII.      Esto implica una nueva concepción de ese Estado de Bienestar que en diversos países europeos fue duramente criticado e impugnado por los teóricos y hacedores de la economía totalmente desregulada y el repliegue total del Estado. Implica, por tanto, un estímulo al empresario y a la creación constante de microempresas que deben y pueden ser apoyadas por las políticas públicas del Estado. La Economía Social de Mercado no sólo debe redistribuir via impuestos la riqueza creada, debe primordialmente crear las condiciones para que el individuo o grupos de individuos creen su propia riqueza. Debe estar en condiciones de decirle al ciudadano o ciudadana: ¡Usted puede hacerlo!
    XXIX.      Por estas razones, y en este punto los Cuadernos del 97 resultarían irrealistas, no debemos propugnar la implantación de un Mercado Socializado, tal y como propugnarían los economistas radicales del socialismo democrático. Sería necesario para ello dos cosas que no son deseables: eliminar la ganancia como criterio económico y desentenderse completamente de la propiedad privada y de los derechos que le son inherentes. Algunos críticos, en nuestra propia perspectiva socialdemócrata, califican esta pretensión de aventurerismo, y lo cierto es que nosotros no debemos cometer el error de los fundamentalistas de todo signo: el de pretender llevar hasta sus límites últimos las esencias de los sistemas que defienden. En la tradición de izquierdas esto ha significado el sacrificio de la justicia posible ante el altar de la justicia doctrinaria. En la tradición del liberalismo económico ha conllevado el sacrificio de las sociedades ante el pedestal de la ganancia individual. Si debemos defender y buscar los mecanismos para lograr uno de los objetivos básicos del socialismo democrático: procurar la democratización de los procesos económicos, lo que significa la participación ciudadana en la definición y toma de decisiones principales en las empresas.  
      XXX.      De aquí que si jurídicamente defendemos el Estado de Derecho, políticamente debamos propugnar el Estado Social. Una combinación posible entre libertades y equidad. Entre riqueza individual y solidaridad. Entre bienestar y cultura.
    XXXI.      Y esto ante los retos de la globalización y la Nueva Economía. Retos que no percibimos y conceptuamos en los Cuadernos del 97. 
   XXXII.      Los socialistas y socialdemócratas que animan nuestro proyecto deben tener una visión tanto crítica como positiva hacia la globalización. Nuestra identidad de izquierdas debe hacernos mantener abierto el ojo crítico ante un proceso que no está favoreciendo a las mayorías. Mayorías que están muy cercanas a nuestras identidades políticas, geográficas y culturales. La era informativa, propia de la globalización, ha expuesto duramente la pobreza, incluida la nuestra, y las consecuencias negativas de las políticas excesivamente desreguladoras que demonizan al Estado.
 XXXIII.      La izquierda reivindicativa nos habla del fracaso de la globalización y de las políticas económicas liberales llevadas a su extremo. Pero esta es una retórica de combate que se contradice por principio. Porque ni la globalización ni el liberalismo económico se han propuesto distribuir solidaridades o justicia social. Los liberales fanáticos dicen que la sociedad no existe. Los más argumentales nos plantean que la justicia social es una utopía. De modo que si algún fracaso es registrable sería el de nosotros, que no hemos sabido instrumentar propuestas que sean seguidas por las mayorías, al menos en América Latina.
XXXIV.      Por esto la izquierda responsable debe tener, también, una visión positiva de la globalización y de sus inmensas posibilidades. Conocer de qué se trata y de cómo la información, la educación problémica, a sociedad del conocimiento, la inmaterialidad de los productos, la producción por ordenador, la flexibilidad de los mercados, la empresa individual, asociados a la inversión de capitales a distancia y en tiempo real, todo lo que conforma la Nueva Economía, está condicionando las posibilidades de individuos, sociedades y naciones. Cuba debe, entonces,  insertarse adecuadamente a la economía, sobre todo regional, con una visión positiva y defendiendo básicamente sus intereses nacionales.
 XXXV.      El fracaso cierto del liberalismo económico fanático debe darnos la perspectiva de que la globalización merece ser gobernada, si no queremos seguir siendo gobernados por su economicismo a ultranza.
XXXVI.      Ello debe darnos una nueva perspectiva económica a los socialistas y socialdemócratas que se reúnen alrededor de la CSDC: la política no debe subordinar a la economía como propugnaron y propugnan los comunistas, ni debe ser gobernada por ella como exigen los liberales. La política debe gobernar, porque es la única que hace de las necesidades e intereses públicos su asunto por excelencia para la convivencia de las sociedades.
XXXVII.      Para Cuba es crucial esta perspectiva. Tanto por el hecho de que sin un cambio de mentalidad política no habrá serias reformas económicas, como porque la protección y adecuación de las prestaciones sociales que se preservan en Cuba demanda de nosotros una fuerte inversión en la política; esto si queremos corregir el movimiento pendular de los que de seguro intentarán decirnos que a final de cuentas de lo que se trata es de economía y nada más. Esta es una genuina perspectiva socialdemócrata.
XXXVIII.      Por tales razones debemos trabajar fuerte por el cambio de algunas concepciones y por introducir nuevos enfoques de lo que somos, de por qué no hemos sido, de lo que podemos y de nuestras responsabilidades como nación.
 XXXIX.      La idea de que el hombre o la mujer son un recurso humano no debemos compartirla. El hombre y la mujer son sujetos económicos que deben ser respetados y asumidos en su integridad. La idea del ciudadano económico debe, de este modo, acompañar al concepto de ciudadano político.
         XL.      La idea de que nuestras precariedades económicas son resultado de la política norteamericana no corresponde a la realidad ni a la lógica. El modelo económico del socialismo real ha mostrado suficientemente su fracaso para que necesitemos hoy un inventario de sus despropósitos. Por otro lado, no resiste un análisis serio la posibilidad de que la política económica de un solo Estado pueda aniquilar las posibilidades económicas de un sistema. Las razones de nuestras precariedades son estrictamente endógenas y tienen que ver con la incapacidad intrínseca de las economías exclusivamente comandadas por el Estado. Comprender esto es necesario para realizar una mirada interior y derrotar cualquier pesimismo acerca de que los cubanos no podemos generar un bienestar perdurable y construir una nación seria y sólida.
        XLI.      Para ello debemos asumir nuestras responsabilidades como nación autocentrada y segura de si misma. Para los socialistas y socialdemócratas de la CSDC ha constituido una buena noticia la disposición del Estado cubano de discutir con los Estados Unidos el capítulo de las compensaciones por las propiedades nacionalizadas a norteamericanos. Esta es una buena base para el mejoramiento de las relaciones entre ambos países y para restituir  las relaciones económicas sobre bases mutuamente ventajosas.
      XLII.      Es necesario contemplar también un programa de negociaciones para compensar a los cubanos que fueron expropiados. Como parte de un derecho y como premisa para crear climas de confianza que posibiliten un pacto histórico que pongan a la nación por encima de los conflictos de propiedad. 
     XLIII.      Una clara y definida legislación es imprescindible para todo proceso de transformación económica en el que estarán en juego diversos intereses. La reforma política es condición necesaria de la reforma económica. La reforma jurídica debe ser su antesala. Es necesario una legislación flexible, con preceptos básicos permanentes que de manera general otorguen garantías y seguridades, haciendo cumplir tanto lo contemplado en ella como lo que dimane de las negociaciones y contratos, pero adecuable a las nuevas necesidades económicas o sociales que puedan surgir de las realidades concretas. 
   XLIV.      Se requiere asimismo de un Estado fuerte con capacidad para responder a las contingencias económicas, y que evite la aplicación de legislaciones que resulten lesivas a las grandes mayorías. Estado que tendrá que ser todo lo dúctil posible para permitir la creación y consolidación de escenarios democráticos en los que se pueda  desempeñar, con pleno derecho, una pujante sociedad económica que tendrá en los pequeños y medianos propietarios, así como a los cooperativistas, a sus protagonistas más relevantes.
     XLV.      Los socialdemócratas no le excluimos al Estado intereses económicos de alcance estratégico, pero le demandamos funcionalidad – lo que implica cierta reducción – , generación de responsabilidades en el ciudadano, estabilidad en sus estructuras básicas y modernización. Es esta última una condición importante para que en aquellas áreas donde su actividad es enteramente legítima – regulador en el ámbito macroeconómico, orientador global del rumbo económico, negociador privilegiado en el área de comercio exterior, entre otros, se desempeñe con la mayor eficacia posible.
   XLVI.      Se requiere, pues, y en nuestra concepción, un Estado fuerte pero concentrado, y lo suficientemente flexible para tutelar neutralmente el juego según reglas generales dentro de la sociedad civil. Por eso, el Estado ha de ser fruto del consenso en ciertas premisas fundamentales, si es que ha de cumplimentar con éxito la doble representación soberana: la nacional y la democrática.
 
PROYECTO CULTURAL
     
Un Estado democrático es la expresión de una cultura democrática. Democratizarla es, en este sentido, condición indispensable para el desarrollo pleno de la sociedad y de los individuos que la conforman.
I.            La sociedad cubana, en su aspecto cultural, reclama revalorizar nuestra herencia y colocarla en un plano universal, acorde con las ideas democráticas y pluralistas que predominan en el mundo actual. La débil apertura que en este campo se viene dando –aunque no expresa una real voluntad de transformación profunda– es un buen índice de la necesidad de que Cuba se adecue a los nuevos tiempos. Y para cumplir ese cometido es imprescindible democratizar la cultura, liberándola de los límites que le imponen la ideología y la censura.
II.            Si, como creemos, la cultura es el modo en que una sociedad crea y (re)crea valores, con el fin de satisfacer las necesidades históricamente surgidas tanto en el dominio material como espiritual, ésta no puede seguir siendo un espacio de orientación, control, dirección y manipulación de la cultura como reflejo de estrechos intereses políticos. Se trata, en fin, de devolverle a la sociedad el rol de producir, circular y consumir cultura sin la tutela del Estado.
III.            Estimular una política de "cultura de resistencia" implica anquilosar y fosilizar un proceso esencialmente dinámico y activo. Por tanto, consideramos más adecuado promover una política de "cultura de confluencia" que enriquezca estética y cualitativamente nuestra creación cultural; tal y como viene sucediendo en no pocos espacios de la cultura cubana.
 
IV.            En tal dirección proponemos:
1.        La desideologización de la cultura,
2.        La constante estimulación de la creatividad individual y colectiva,
3.        La independencia para la creación cultural en las comunidades
4.        La libertad de opción entre la diversidad de formas y expresiones culturales,
5.        La tolerancia y respeto hacia la pluralidad de ideas y concepciones políticas, filosóficas, religiosas o de cualquier otra Índole.
6.        Evadir, mediante fórmulas específicas, la discriminación y la intolerancia hacia minorías ideológicas o culturales.
7.        Estimular la solidaridad intercultural,
8.        La apertura y acceso ilimitado de todos los individuos o grupos de éstos al campo informacional.
VI.           Nuestro proyecto, consecuentemente, se dirige a campos específicos de acción:
        El sector público de la educación
        El sector público de la información
        El sector público de estimulación a la cultura
 
EDUCACIÓN
 
VII.           Nuestro sistema educacional exige una reforma estructural profunda y duradera.
VIII.           A pesar del ingente e innegable esfuerzo educacional emprendido por el actual gobierno desde la Campaña de Alfabetización hasta la actualidad ésta aún padece de serias deficiencias metodológicas, organizativas y estructurales.
IX.           Entre éstas, las más notables son, a juicio nuestro, las siguientes:
        Nuestra educación actual es de tipo totalitaria, intolerante, antidemocrático, y en muchas ocasiones, cuasi-militarizada.
        El criterio político-ideológico es el que predomina en las materias a impartir sin respetar la diversidad de formas culturales e ideológicas existentes.
        A la vez que aumenta el nivel de escolaridad, desciende el nivel de conocimiento.
        Ausencia de rigor profesional en maestros y profesores.
        Ausencia de estímulo social para el conocimiento y para la información.
        Designación estrictamente política de las profesiones y de su acceso a las mismas.
        La política del "promocionismo" escolar en determinados niveles educacionales que favorece la carencia de rigor en las evaluaciones, promueve la negligencia y la baja calidad en las clases por parte de los profesores al mismo tiempo que menoscaba su autoridad y respeto entre el alumnado.
        Ausencia de libertad informativa.
X.           Para superar estas deficiencias antes mencionadas, proponemos:
1.        Desideologizar y despolitizar el sistema educacional,
2.        Flexibilizar los mecanismos informativos existentes y dar nuevos pasos que permitan un acceso ilimitado al conocimiento y a la información acorde con las necesidades y posibilidades actuales,
3.        Instituir sistemas rigurosos de evaluación que midan y exijan alto grado de conocimientos,
4.        Reforma general de los esquemas educativos para lograr una cultura política de convivencia, tolerancia y respeto a la diversidad. Para ello es necesario introducir en los programas de educación todo lo referente al tema de los derechos humanos,
5.        Restablecer la enseñanza básica y obligatoria sobre las bases de una instrucción general y universal que permita a los estudiantes aprender a aprender y a desplegar sus capacidades e inteligencias, dones o vocaciones en un terreno amplio y puedan, con plena madurez, elegir una profesión acorde con sus posibilidades e intereses. Facilitando el acceso al estudio de disciplinas elegidas por los estudiantes sin la manipulación de cuotas que frustren las aspiraciones profesionales del adulto futuro.
6.        Mantener la gratuidad de las enseñanzas primarias, secundarias y preuniversitarias en escuelas públicas o regidas por el Estado.
7.        Concesión de la autonomía universitaria a los centros de altos estudios del país, sin que el Estado deje de contribuir al patrimonio universitario.
8.        Estimular la creación de centros educativos autónomos e independientes del Estado y cualesquiera otras instituciones con fines culturales, científicos, de divulgación e investigación.
9.        Posibilitar la libre elección de la familia al tipo de educación que deseen de acuerdo a su filiación y a la formación que pretenden establecer a sus hijos, incluyendo en la política educacional del país la apertura de diversos sistemas de enseñanza.
10.    Darle carácter opcional en el sistema de enseñanza las llamadas “escuelas en el campo”,
 
INFORMACIÓN
 
XI.           La información es el proceso de emisión y recepción de datos y hechos, originados en los diversos espacios sociales y culturales, con el fin de su conocimiento, difusión y estudio. La misma está íntimamente relacionada con la educación en cada país, y vinculada de manera especial a la prensa y la política editorial. El gobierno cubano impide el libre curso de la información, así como el libre acceso a las más actuales redes informativas como es el caso de INTERNET, precisamente en la época de la información.
XII.           La prensa oficialista en su rol de defensa del status quo tergiversa u oculta información a la sociedad. A su vez, la censura –y la autocensura como fenómeno heredado por el férreo control- contribuyen al déficit acumulado de información y a la desinformación que padece la sociedad cubana.
XIII.           Lo anterior hace del ciudadano cubano un ente con escaso o nulo conocimiento de su entorno político, mutilado en su capacidad de responsabilidad y de respuesta a un mundo cada vez más informado, donde los acontecimientos dejan de tener importancia local para convertirse en temas de interés universal.
XIV.           La CSDC, consciente de que la información es un pilar fundamental de una sociedad libre y democrática, y una condición indispensable para el resurgimiento de una cultura tolerante, plena y diversa, propone:
1.        Liberar los mecanismos de información de las constricciones ideológicas o partidistas
2.        Descentralizar la información garantizando la apertura y el acceso libre de los ciudadanos a la misma.
3.        Eliminar el monopolio político ideológico del Estado sobre los medios informativos: televisión, prensa escrita y radial.
4.        Promover una ley de prensa que garantice la libertad de expresión por cualquier medio de comunicación.
5.        Promover leyes o medidas que impidan publicaciones o abuso de información con fines discriminatorios por motivo de sexo u orientación sexual, raza, creencia religiosa, política o de otra índole.
6.        Estimular el sector privado a incorporarse a la edición de todo tipo de obras que se consideren necesarias para la actualización del conocimiento científicos o culturales.
7.        Estimular el establecimiento de una ética periodística que estimule la búsqueda y la divulgación de noticias y hechos, garantizando la objetividad y la veracidad, al margen de compromisos y normas políticas o ideológicas.
 
POLITICA DE ESTIMULACION CULTURAL
 
XV.           Una de las preocupaciones básicas de la CSDC es el papel que el Estado desempeña en relación con el estímulo a la cultura.
XVI.           La concepción del Estado actual, basada en el monitoreo selectivo y en la manipulación cultural en función de la política, empobrece tanto la creación cultural diversa, libre y plural como la diversidad de concepciones propias a este espacio de la cultura. Esta concepción sólo se preocupa por estimular a sus seguidores, marginando toda otra manifestación cultural que contravenga los criterios impuestos por el Estado.
XVII.           Nuestra política de estimulación cultural buscaría propiciar las circunstancias y los medios para cumplir con los siguientes propósitos:
1.        Estimular, en cada zona del país, la creación y el desarrollo de movimientos culturales de todo tipo.
2.        Apoyar la creación de programas culturales que favorezcan la inserción de grupos o sectores marginados.
3.        Introducir, en todos los planos de la sociedad, programas para la educación ecológica y los derechos humanos.
4.        Alentar el surgimiento y el desarrollo de programas y grupos culturales alternativos.
5.        Procurar la coexistencia en plano de igualdad de acceso a las más avanzadas formas de comunicación, de todas las opciones culturales de nuestra sociedad, evitando la discriminación o la marginación de grupos culturales o tendencias artísticas con menor poder monetario.
XVIII.           El Programa Cultural de la CSDC propugna y defiende una cultura surgida desde las raíces de la nación basada en el fortalecimiento de la sociedad civil y del individuo como fuentes primarias de creación cultural, donde el Estado contribuya a crear las condiciones que fortalezcan este proceso.
XIX.           El Programa Cultural de la CSDC considera fundamental el papel de los intelectuales tanto en la creación de los espacios y escenarios que posibiliten una transformación de los ambientes culturales como en el fortalecimiento de las débiles aperturas que vienen posibilitando un intercambio más flexible, tolerante y creativo.
 
 


PROYECTO SOCIAL
 
INTRODUCCIÓN
 
I.          Con los proyectos contenidos en los Cuadernos del Socialismo Democrático dados a conocer en 1997, la CSDC convirtió sus ideas fundacionales en alternativa política. En los cinco años subsiguientes hemos creado y consolidado los cimientos y la estructura de esa alternativa y perfilado las definiciones ideológicas; apoyada en la cuales, la CSDC se plantea ahora la perfección de aquellos proyectos y la creación de otros nuevos para su concreción en la participación y solución de las problemáticas concretas que aquejan a la sociedad cubana.
II.          En ese sentido, las propuestas que aquí se realizan sobre algunos aspectos sociales conflictivos de la realidad nacional constituyen un reto. No se trata sólo de descripciones, valoraciones o exposiciones teóricas, sino de direcciones prácticas fundamentadas en los estudios realizados para llevarlas a la práctica en el período posterior a la celebración de la Conferencia Nacional.
III.          El proyecto social de la CSDC se sustenta en la idea de que el fin del desarrollo social es el bienestar material y espiritual de los seres humanos.
IV.          La realización de ese fin en Cuba, como en cualquier otro lugar del mundo, es imposible en ausencia del principio ético de la igualdad de todos los seres humanos, de sus derechos y sus libertades; trilogía sobre la que se asienta la realización de la igualdad de oportunidades y la participación activa de los seres humanos como sujetos de los cambios sociales y por tanto de su propia realización.
V.          La ausencia de esos requisitos –ética, derechos humanos, sociedad civil, espacios y libertades fundamentales– durante un período de tiempo tan  prolongado, han conformado una problemática social caracterizada por una moral de sobrevivencia que se expresa en desesperanza, apatía, marginalidad y escapismo. Ese cuadro negativo explica no sólo el estancamiento de la economía, sino también las conductas sociales generalizadas que asumen diferentes formas como la prostitución, la delincuencia, la crisis en la familia y la pérdida de valores espirituales. La eliminación o disminución de esas manifestaciones negativas, que requieren de profundas transformaciones estructurales, se expresa de una u otra forma en todos los sectores de la sociedad cubana.
VI.          Los factores antes mencionados, unidos a la justicia social, la cooperación, la solidaridad, el derecho de las minorías y la responsabilidad ciudadana constituyen los fundamentos básicos de los que parte la CSDC para el tratamiento de la problemática social y los diferentes sectores poblacionales, de los cuales trataremos los siguientes:
 
LA TERCERA EDAD
 
VII.          Es el sector poblacional de personas mayores de 60 años de edad, independientemente de que integren o no la categoría de jubilados o pensionados. Es un colectivo lleno de atractivos con potencialidades para la participación social en actividades y programas dirigidos a la  satisfacción de sus aspiraciones, exigencias, necesidades y al aumento de la calidad y expectativas de vida. El desarrollo de esos programas y actividades implica un nuevo periodo de aprendizaje, que algunos denominan como “segunda infancia”.
VIII.          En los países desarrollados, gracias al avance de la ciencia y la tecnología, la medicina y especialmente la geriatría, el mejoramiento de la calidad de vida ha provocado una explosión de abuelos conocida como “revolución de la longevidad”, cuya manifestación más palpable es el aumento de las personas de la tercera edad.
IX.          En Cuba también se está produciendo un fenómeno similar. La diferencia radica en que esa explosión no es resultado del desarrollo económico y social integral, sino de un crecimiento atrofiado. La combinación de la disminución de la tasa de natalidad y el aumento de la esperanza de vida –gracias, entre otras razones por las bondades de un sistema de salud que no se corresponde con el desarrollo económico– unido a la emigración de los jóvenes y la temprana edad de jubilación ha hecho que los ciudadanos mayores de 60 años pasen del 10,6% al 14% de la población en los últimos 20 años; crecimiento que para el 2015 sobrepasará el 18%, en medio de una economía precaria y estancada que lo convierte en un problema de seguridad nacional.
X.          En esa situación una parte considerable de los ancianos,  cuyos ingresos promedio apenas rebasan los 100 pesos mensuales (menos de 5 dólares) tienen que enfrentar un costo promedio de la vida de unos mil pesos per cápita, debido a lo cual, después de haber cumplido sus responsabilidades sociales y familiares durante un largo período de sus vidas tienen que emplear las energías que aún le restan para sobrevivir realizando actividades –al margen de la ley– que no están en correspondencia con sus fuerzas físicas y espirituales. Lo anterior se agrava por los efectos económicos negativos de los atentados terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos. La disminución del turismo, de las remesas familiares y de los ingresos por exportaciones de los productos tradicionales ha provocado la devaluación de la moneda nacional respecto al dólar en un 18,8%, afectando a los pensionados; situación que se agrava porque la mayoría de los productos imprescindibles para la vida diaria sólo pueden adquirirse con el dólar.
XI.          La alteración del equilibrio entre la población económicamente activa y los longevos significa un reto para costear el monto de las pensiones, donde sólo los jubilados suman aproximadamente 1 millón 400 mil y consumen el 10% del Producto Interno Bruto y otros gastos de la seguridad social a partir exclusivamente del sistema estatal. En esas condiciones de estancamiento, la elevación del monto de las precarias pensiones sin una respuesta productiva sólo generaría un aumento del dinero circulante y consiguientemente de los precios.
XII.          Teniendo en cuenta la imposibilidad de aumentar las pensiones sin antes lograr un crecimiento económico sostenido sobre la base de la eficiencia y la productividad del trabajo, la CSDC propone:
        Poner a debate público la situación de las personas de la tercera edad para recoger los criterios de los abuelos y de la ciudadanía como paso previo a la reforma.
        Liberar a la economía del estado actual de subordinación a intereses políticos,  diversificar las formas de propiedad sobre los medios de producción y establecer legalmente el derecho de los cubanos a ser empresarios.
        Promover la creación de un nuevo y flexible sistema público de pensiones y jubilaciones que establezca una relación equilibrada entre el monto recibido y el costo de la vida y que permita su permanente reajuste a los dinámicos cambios de la economía.
        Promover, de forma paralela al sistema público la creación de un paquete de proyectos que incluya: un sistema de fondos de pensiones privados; la creación y suscripción a planes de ahorro privados o cooperativos y el establecimiento de fondos por sindicatos, empresas y otras instituciones a favor de sus miembros.
        Establecer sistemas de fondos mixtos en el que se entremezclen el sistema público y el privado.
        Estimular un sistema consistente en la cotización de un porciento del salario de los trabajadores al fondo de jubilación para capitalizarlo mediante la inversión en activos financieros, de tal forma que cuando los trabajadores alcancen la edad de jubilación se reparta entre ellos la cantidad abonada más los intereses obtenidos a lo largo de los años.
        La creación de asociaciones de jubilados para interactuar con los sindicatos en las negociaciones colectivas y para la participación en la política y otras actividades sociales.
        Analizar la posibilidad de la jubilación parcial, de la jubilación gradual y del aumento paulatino del plazo de retiro de los trabajadores. Eso ampliaría el financiamiento de los sistemas de seguridad social y lograría un reconocimiento humano superior a esas personas.
 
 EL HOMOSEXUALISMO
 
XIV.          Los homosexuales, hombres y mujeres con preferencia y atracción por individuos del mismo sexo, constituyen uno de los sectores sociales minoritarios más discriminados en Cuba. Sin desconocer algunas conductas, manifiestamente intolerables, asumidas por personas de este sector que atentan contra la decencia y la moral ciudadana, en general los argumentos esgrimidos para esa actitud discriminatoria carecen de fundamento. Los avances de las ciencias han rebatido la clasificación de la homosexualidad como desviación y como enfermedad hereditaria o mental. Pero más allá de los prejuicios anticientíficos, esas conductas atentan contra la dignidad humana y prohíben o limitan la participación social de los homosexuales en igualdad de condiciones con los heterosexuales; razón suficiente para tener en cuenta esta problemática en nuestra proyección política.
XV.          En Cuba los homosexuales han sido víctimas de la discriminación social y gubernamental a lo largo de la historia gracias, principalmente, a una cultura machista fuertemente arraigada. Objetos de las más diversas formas de represión y de burla; caricaturizados en el cine, la televisión y otros medios informativos; expulsados de centros docentes, del Partido y de la UJC; privados de libertad y obligados a realizar trabajos forzados durante años como ocurrió con las Unidades Militares de Ayuda a la Producción en la década del 60 (Proyecto cuyo origen estuvo dado para conciliar el cumplimiento del Servicio Militar con la objeción de conciencia); obligados a marcharse del país por representar la antítesis del hombre nuevo; sus derechos han sido conculcados sin mediar ningún argumento ético o legal, lo que constituye una violación de los derechos humanos más elementales y ha generado consecuencias negativas como frustraciones, enfermedades mentales, suicidios y escape hacia el exterior.
XVI.          Gracias a la introducción en Cuba de una escasa literatura científica sobre el tema y a algunas manifestaciones artísticas, en los últimos años se ha producido una ligera variación en la conducta hacia este sector, sin embargo, aún se está muy lejos de restituirle los derechos que le corresponden como seres humanos. La actitud hacia la homosexualidad en Cuba, como en otras partes, evoluciona de la condena a la tolerancia; tendencia que debe impulsarse ahora, desde la tolerancia a la igualdad de derechos con los heterosexuales.
XVII.          Actualmente en algunas sociedades como Australia la homosexualidad está prácticamente generalizada; en países europeos como Noruega, Suecia, Países Bajos y Dinamarca, el matrimonio legal ya ha sido aprobado. En Alemania y Gran Bretaña existe la posibilidad de que las parejas de homosexuales se registren como parejas de hecho, y en los Países Bajos algunas parejas estables han conseguido el derecho legal de adoptar niños. En Brasil el asunto está en debate; pero tanto en Europa como en otras partes del mundo queda un largo camino por recorrer. Esto apunta a la necesidad de asumir el respeto absoluto a fenómenos culturales que son propios de las sociedades modernas.
XVIII.          La CSDC, sobre la base de la igualdad de los seres humanos, de las libertades y los derechos humanos fundamentales, de los derechos de las minorías y de los deberes ciudadanos propone:
        Abrir un debate social con participación  de especialistas acerca del tema en cuestión.
        Desarrollar programas informativos y educativos sobre la igualdad de derechos de este grupo minoritario.
        Suspender todo tipo de tratamiento caricaturesco en los medios de información.
        Dictar leyes contra la discriminación de los homosexuales en cualquier actividad social.
        Luchar por el establecimiento de leyes que reconozcan el derecho al matrimonio de las parejas homosexuales.
 
     EL PROBLEMA DEL NEGRO
 
XIX.          El problema del negro en Cuba es un fenómeno complejo que ha persistido a través de los siglos como componente consustancial de nuestra indefinición histórica y  nuestros desencuentros culturales. Se puede definir como un proceso histórico de lucha de ese sector contra la subordinación, injusticias y desigualdades encaminado a alcanzar una plena conciencia de pertenencia, identidad y destino nacionales. De su definitiva solución dependen problemas tan vitales como la conformación definitiva de nuestra nación.
XX.          La transculturación histórica esencialmente entre europeos y africanos, reducidos estos últimos por su condición de desposeídos a esclavos y por su aspecto exterior a negros, constituyó un largo y doloroso proceso que impidió cristalizar una  conciencia única de pertenencia, identidad y destino, debido a que lo esencial, la pertenencia al género humano, quedó subordinado a lo  aparente, el color de la piel. Ese proceso cerró el camino de los negros para acceder a la tenencia de propiedades y a la cultura, condiciones básicas para la participación social en igualdad de condiciones y sirvió de fundamento para que la élite dominante transformara las ideas irracionales en prejuicios raciales e ideología racista.
XXI.          El proceso de identidad en este sector se inició entre los propios negros con diferentes niveles económicos y matices de la piel y se hizo evidente en los palenques y sublevaciones desde el siglo XVI hasta la primera mitad del XIX. Luego durante las guerras de independencia en la segunda mitad del XIX la estrecha relación de solidaridad entre blancos y negros propiciaron los primeros brotes de identidad nacional negriblanca.
XXII.          Sin embargo, abolido el régimen esclavista, los negros que fueron a la guerra y se convirtieron en héroes, llegaron a la República como lo que habían sido antes, simplemente como “negros”. La agenda de igualdad y justicia social por la que lucharon continuó sin solución. No fueron representados por ninguno de los partidos tradicionales, los intentos de crear partidos independientes culminaron en una masacre y las sociedades de negros, asimiladas por los patrones culturales blancos, comenzaron a discriminar a sus similares con menor economía y cultura. Luego la participación en las luchas dentro de los sindicatos y partidos de izquierda le propiciaron algunas conquistas que fueron recogidas en la Constitución del 40 y en legislaciones posteriores.
XXIII.          La Revolución de 1959 propinó el más fuerte golpe sufrido por el racismo en la historia de Cuba mediante medidas institucionales y educativas que abrieron las puertas de lugares prohibidos, de empleos e instrucción mejorando sus condiciones de vida. Sin embargo, junto a los beneficios, los negros perdieron instrumentos insustituibles como el asociacionismo civil, la prensa independiente y los debates públicos, regresando a la peor posición en toda su historia. La crisis del socialismo real en 1989 los sorprende indefensos ante el resurgimiento de conductas racistas y el empeoramiento de sus condiciones de vida, excluido –por no haber emigrado– de las remesas familiares,  conjunto de factores que se reflejaron en la presencia masiva de negros durante los acontecimientos de agosto de 1994.
XXIV.          La colonia no tenía interés en solucionar el problema del negro; la República reconoció el problema y permitió el asociacionismo y el debate público, pero sin dictar medidas institucionales; la Revolución tomó medidas educaciones e institucionales, pero desmontó la sociedad civil y los derechos correspondientes. En fin, el problema del negro adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno de tal grado de complejidad.
XXV.          Teniendo en cuenta que el tratamiento del problema del negro exige la satisfacción de demandas insatisfechas durante la historia, que su problema es parte de la solución de otros problemas nacionales y que requiere un tratamiento integral dirigido simultáneamente contra causas y prejuicios, la CSDC propone:
        Promover un debate abierto y público sobre la problemática del negro –que se consideró resuelto y se ha querido mantener en silencio durante demasiado tiempo– encaminado a hurgar en las causas y las correspondientes formas de combatirlo.
        Suspender y penar por la ley la caricaturización del negro en los medios informativos y cualquier forma de discriminación de las que sean víctimas.
        Tratar de forma priorizada el derecho de este sector a la propiedad en cualquier proceso de reformas.
        Priorizar el acceso a la información y la elevación de su nivel de instrucción y cultura.
        Elaborar y desarrollar un programa de educación general a largo plazo dirigido a toda la población hasta que las diferencias de instrucción y propiedad entre blancos y negros desaparezcan.
        Crear espacios y legalizar el derecho de asociación de las cubanas y cubanos negros para encaminar los esfuerzos dirigidos a la eliminación de las causas del estado actual y de la discriminación, así como a propiciar la integración racial y la superación de los mismos, de forma independiente del Estado, para participar en el mercado de trabajo en igualdad de condiciones.
        Los resultados deben ser verificables para que los beneficiados puedan sentirse parte y sujetos de un proceso de justicia social hasta que desaparezcan de la realidad y las mentes la imagen de subordinación y su lugar lo ocupe la imagen de pertenencia universal de identidad y destino común.
 
     EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA
 
XXVI.          Desde que el hombre abandonó los refugios que ofrecía la naturaleza, la construcción y conservación de la vivienda se erigió en una de las necesidades más determinantes para los seres humanos. Desde ese momento, la casa ha sido, es y seguirá siendo por mucho tiempo, uno de los problemas de mayor preocupación para las familias, la sociedad civil, los Estados y los gobiernos. La misma ocupa un lugar privilegiado en el disfrute, la educación y la estabilidad familiar y social. “No se puede tratar con la gente y sus viviendas por separado” comprendieron y expresaron sabiamente los ingleses desde el siglo XIX.
XXVII.          En Cuba la construcción y satisfacción de la vivienda siempre fue precaria. La misma se puede separar en dos períodos diferenciados por el grado de participación estatal. El Primero de 1902 a1958, época en que quedó delineada La Habana como ciudad moderna con una participación directa mínima del Estado, El segundo de 1959 al 2000, con participación estatal casi absoluta.
XXVIII.          En cuanto a la satisfacción de la demanda el déficit calculado en 1958 era de 1 millón de viviendas, al concluir el 2000 a ese millón se le suma una cantidad similar, de lo que resulta el enorme déficit habitacional acumulado en nuestro primer siglo de república. Los planes revolucionarios, primero de 32 mil viviendas al año y posteriormente de 100 mil siempre estuvieron por debajo de las 40 mil anuales. A esa deplorable situación se le añade el crecimiento poblacional, el envejecimiento del fondo de viviendas, el aumento del deterioro por la falta de mantenimiento oportuno, los continuos derrumbes y el bajo ritmo de construcciones, lo que conforman el cuadro que caracteriza la gravedad del problema habitacional en Cuba. Esa situación repercute negativamente en la eficiencia económica, en la calidad de vida, en la estabilidad familiar y en la educación, en la salud física y mental y se refleja en el continuo éxodo del país.
XXIX.          Con la ayuda y control estatal por medio de créditos bancarios, venta de materiales de construcción y permisibilidad para la creación de pequeñas empresas constructoras –privadas o cooperativas– se habría desatado una fuerza colosal paralela a los esfuerzos estatales y la construcción de viviendas hubiera devenido en una nueva e importante fuente de trabajo. Sencillamente no se tuvo en cuenta que las viviendas la empezaron a construir los hombres y sus familias antes de la aparición e intervención del Estado.
XXX.          La creciente insuficiencia habitacional –en una sociedad donde el trabajo dejó de ser la fuente principal de ingresos y la conducta moral de una parte considerable de la ciudadanía se subordina a la sobrevivencia– se reflejó en el aumento de actividades subterráneas, ocupaciones ilegales y construcciones no autorizadas. La respuesta estatal fue la promulgación continuada de leyes, regulaciones complementarias y otras medidas dirigidas más a controlar el desorden que a aumentar el ritmo de las construcciones.
XXXI.          En diciembre de 1984 se promulgó la Ley 48, denominada “Ley General de la Vivienda”, mediante la cual se autorizó la transferencia de la propiedad a los usufructuarios onerosos y ocupantes legítimos y se legalizaron aquellas situaciones que no habían tenido solución jurídica. Cuatro años más tarde se aprobó la Ley 65, una segunda “Ley General de la Vivienda” encaminada a reordenar las regulaciones anteriores para “propiciar la solución del déficit habitacional” El efecto de la caída del Muro de Berlín para la economía cubana añadió nuevos obstáculos: la escasez de materiales de construcción y la paralización del movimiento de microbrigadas (grupos de constructores civiles que se dedicaban a la construcción de edificios de apartamentos populares) se reflejó en el aumento descontrolado de construcciones, compraventas y alquileres al margen de la Ley. La respuesta estatal fue la de nuevas regulaciones complementarias y la creación, en diciembre de 1995, de una nueva institución para controlar el desenfreno: el “Grupo Nacional”, integrado, entre otros organismos, por los institutos de la Vivienda y de Planificación Física y  los ministerios de Justicia y del Interior. Sin embargo, tampoco esas medidas pudieron resolver las ilegalidades y mucho menos las necesidades que conducen a ellas. En julio del 2000 el Gobierno aprobó un nuevo Decreto-ley, el 211, que menoscaba el derecho de propiedad reconocido antes por la Ley 65. Sólo siete meses después, el pasado mes de febrero del 2001 el Consejo de Estado ha aprobado un nuevo Decreto ley para el control de las contravenciones. De acuerdo a este último decreto el Instituto de la Vivienda elimina definitivamente la compraventa entre particulares y otorga a las entidades municipales de la Vivienda el derecho de confiscación.
XXXII.          Este breve recuento de las medidas legales referidas al complejo problema de la vivienda en los últimos 42 años, marca un camino que va de la participación ciudadana al férreo control estatal sobre la ciudadanía en todo lo relacionado con el problema habitacional. La causa de esta situación radica en la contradicción generada por un enfoque erróneo e inviable para el desarrollo, referido a la relación Estado-Sociedad. La disyuntiva se presenta así: El Estado respeta la autonomía y las libertades de la persona humana de tal forma que propicie la participación paralela y subsidiaria de la ciudadanía y de la sociedad civil; o sencillamente lo monopoliza todo, por encima de esas mismas libertades y paraliza las potencialidades extraestatales.
XXXIII.          Teniendo en cuenta lo antes expuesto la CSDC considera cinco factores que deben estar dentro del debate previo a las posibles soluciones:
       Situar en primer plano al ser humano y desde ahí definir la función social de la vivienda. Es decir, comenzar por el carácter humano de la misma y su vital importancia en el desarrollo social. La vivienda –desde ese punto de vista– es un medio, una necesidad básica subordinada a un fin que es el hombre. Ese enfoque humanista permitiría la participación de los ciudadanos en materia de construcción o distribución de viviendas en igualdad de derechos, al margen de  criterios políticos, ideológicos o religiosos; lo que implica consultar, escuchar y tener en cuenta los criterios de las personas, en particular de los necesitados, que son muchos.
       La eficiencia en la construcción, conservación y disfrute de la vivienda implica un reanálisis del derecho de propiedad individual. Ese derecho natural en cualquiera de sus formas, es una institución necesaria al ciudadano y al desarrollo por razones puramente prácticas y se justifica en la medida que sea útil para el bien de los hombres, que siempre debe ser lo primario. Este aspecto es crucial para el problema habitacional en Cuba donde la tendencia gubernamental manifiesta es a limitarlo cada vez más, mediante nuevas figuras delictivas tal como ha ocurrido en los últimos tiempos.
       La realización de estudios multidisciplinarios sobre el problema habitacional que, junto a los factores físicos y económicos, abarquen los factores psicológicos, sociológicos y demográficos que requiere el enfoque humanista del asunto. Para ello Cuba cuenta con determinada experiencia reconocida en eventos internacionales.
       Por la magnitud del problema y la cantidad de factores a integrar, –económicos, sociales, ambientales, arquitectónicos, urbanísticos, y sobre todo participación activa de los interesados– la vivienda necesita de un nuevo organismo rector con rango de ministerio. El Instituto de la Vivienda, el Ministerio de la Construcción o el Instituto de Planificación Física, se relacionan y complementan, pero no absorben toda su complejidad. A ese organismo central hay que agregar: un banco especializado; una industria de materiales; una política de precios; y una política de financiación, para la cual hay que explorar nuevas fuentes, como ocurrió en Cuba con el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda o con las experiencias republicanas de las cajas de ahorro y las sociedades de créditos mutuos; y un trabajo educativo dirigido a crear una conciencia urbanística y de protección al entorno.
       En las condiciones peculiares de la Cuba de hoy, es imposible la realización de lo anterior si no se acompañan con transformaciones globales que implican voluntad política para salvar nuestras ciudades y con ella a sus habitantes.
 
 
     LA PROSTITUCIÓN
 
XXXIV.          La prostitución – realización de actos sexuales con fines lucrativos– es un fenómeno inmemorial. Sus formas dependen de los valores económicos, sociales y sexuales de cada sociedad. La precariedad económica aparece como el principal factor generador de esta peculiar forma de comercio, razón por la cual las prostitutas proceden fundamentalmente de estratos sociales bajos y oportunidades limitadas. Esa fue la principal causa de la prostitución en la Cuba colonial, en la Cuba republicana y en la Cuba revolucionaria, donde se le denomina con el término jineterismo, que no es más que un intento eufemístico de renombrar el viejo y conocido fenómeno.
XXXV.          La revolución atacó la prostitución por sus causas. No se limitó a cerrar los prostíbulos que pululaban a lo largo y ancho de la Isla ni se dedicó a perseguir a las prostitutas, sino que brindó empleos y facilidades de superación y las reincorporó a la vida social en igualdad con las otras mujeres. Ya en 1965 no había burdeles ni prostitutas en las calles cubanas.
XXXVI.          Los continuos fracasos del modelo económico y con ello la postergación de las prometidas riquezas corriendo a chorro; las desigualdades sociales que fueron emergiendo entre simples ciudadanos y la élite dirigente; el arribo de turistas cargados de bisuterías en medio de las escaseses más elementales; la despenalización del dólar y con ello la entrada  de los mismos turistas cargados entonces de billetes verdes, unido a la pérdida paulatina de los valores éticos y espirituales, fueron conformando una situación social propicia para que mujeres y también hombres jóvenes, carentes de toda posibilidad de realización para satisfacer sus necesidades, tomaran el camino de retorno a una actividad que había sido erradicada.
XXXVII.          La prostitución ocupó el vacío dejado por la formación profesional y la economía como medios para acceder rápidamente a lugares prohibidos a los nacionales, a una buena remuneración, a realizar viajes de visita al exterior e incluso, los más afortunados, prostitutas y prostitutos, a casarse y residir en el exterior para  el “bienestar” de ellos y de sus familiares aspirantes a las remesas.
XXXVIII.          En ausencia de una sociedad civil independiente,  las autoridades, en lugar  de promover el análisis y la reflexión públicos acerca del resurgimiento de la prostitución para buscar soluciones entre todos, optaron por el silencio, luego por la negación, más tarde por el reconocimiento -atribuido al afán de lucro o a la sensibilidad y al placer, calificándolas como las prostitutas más cultas del mundo-, para culminar decretando la persecución, la represión y el encarcelamiento extrajurídico en centros penitenciarios de muchachas cuya edad oscila entre los 15 y 25 años.
XXXIX.          Las nuevas prostitutas cubanas tienen sin duda mayor instrucción y cultura que las de antaño pero están muy lejos de aquellas al menos en dos  aspectos importantes: 1- el derecho de asociación para la defensa de sus intereses y 2- su estatus legal, que impedía ser perseguidas, chantajeadas o internadas por realizar su trabajo. Ese estado de indefensión es más ofensivo porque la ejecución del “delito” requiere al menos dos personas, donde la otra, el extranjero, está libre del pecado, lo que representa una grosera violación de la dignidad humana nacional y de los derechos más elementales.
XL.          La historia de la lucha contra la prostitución en el mundo  ha demostrado que su disminución o erradicación transita no por la negación o la represión sino por el desarrollo económico sostenido, por la igualdad de oportunidades y la existencia de libertades y de derechos humanos, que en condiciones de crisis económica y social imposibilita su inmediata erradicación. Lo más conveniente y digno para esas personas es gozar de los derechos legales correspondientes a su actividad.
XLI.          Teniendo en cuenta lo anterior la CSDC propone:
        Luchar por la implementación de las reformas necesarias para lograr un crecimiento económico sostenido y como resultado la elevación del nivel y calidad de la vida.
        Legalizar la prostitución, en tanto ejercicio de derecho y crear las oportunidades de empleos y remuneración como base de ingresos que garanticen un nivel de vida decoroso.
        Reconocer el derecho de asociación y de sindicalización de este sector para la defensa de sus intereses.
        Establecer paralelamente planes educativos e informacionales sobre el fenómeno de la prostitución, sobre sus causas, consecuencias y riesgos para la vida y la espiritualidad de los seres humanos.
        Suspender el tratamiento discriminatorio a estas personas por parte de las autoridades y por parte de los medios informativos.
        Establecer los controles de salud correspondientes a esta actividad por los riesgos que la misma conlleva.
 
     LA DELINCUENCIA COMÚN
 
XLII.          Uno de los problemas más complejos y dañinos que enfrenta la sociedad cubana es la generalización de conductas “delictivas”. Hombres y mujeres, adultos, ancianos y jóvenes actúan al margen de la ley de forma sistemática.
XLIII.          La respuesta de las autoridades a ese fenómeno se ha concentrado esencialmente en la represión. Las múltiples medidas tomadas por el gobierno en la “batalla contra la delincuencia”: aumento de los cuerpos policiales y de inspectores, nuevas restricciones, detenciones y procesos judiciales, han logrado el crecimiento de la población penal a la vez que demostrado su incapacidad e impotencia ante el fenómeno. Esa situación constituye una gran preocupación para la CSDC y la sitúa entre sus objetos de estudio para determinar las causas y proponer soluciones.
XLIV.          Antes de 1959, cuando la sociedad cubana estaba nítidamente dividida en clases sociales y existían grandes sectores perjudicados por la explotación capitalista, la proporción de delitos y delincuentes era inferior a la actual, a pesar de que ahora la población cuenta con mayor instrucción. Entonces ¿cuáles son las razones que impulsan a tantos cubanos a actuar al margen de la ley?
XLV.          La generalización de las conductas “delictivas” en Cuba responde a la acción simultánea e interrelacionada de múltiples factores. La desequilibrada relación entre salario promedio (240 pesos) y costo de la vida per cápita (1000 pesos), la dolarización, el resurgimiento de marcadas diferencias sociales -gracias a las remesas familiares y a otros factores-, la ausencia de libertades, de participación y de oportunidades, las prohibiciones y restricciones generalizadas, el debilitamiento estructural y funcional de la familia y el predominio de una nueva moral subordinada a las necesidades vitales, han conducido a la apatía, al escapismo y a la desesperanza.
XLVI.          En esa situación de control monopólico del Estado e inexistencia de vías legales que permitan la satisfacción de las aspiraciones personales y grupales, los ciudadanos y particularmente los más desfavorecidos responden no con la heroicidad del pasado, sino con acciones concretas e inmediatas para la sobrevivencia. Han elegido la única opción posible: vivir al margen de la ley o no vivir, lo que fiel a nuestras tradiciones se podía expresar como “delincuencia o muerte”.
XLVII.          Como consecuencia, una gigantesca y eficiente red de productos y servicios funciona a lo largo y ancho del territorio cubano al margen de la ley. La oferta de artículos originales o adulterados abarca desde una aguja de coser hasta un detective privado, desde una linda caribeña hasta una consulta astrológica, desde una reparación de calzado hasta la construcción de mansiones; desde la prensa hasta un documento oficial. A falta de locales propios la red emplea los del Estado, donde comercializan o prestan sus servicios. La fuente principal de abastecimiento de esa red es el robo al único poseedor, al Estado. Los verbos escapar, luchar y resolver, designan las acciones de ese mundo subterráneo.
XLVIII.          Ese fue el dilema con que se enfrentó la familia cubana a partir de que el trabajo dejó de ser la fuente principal de ingresos. En ese sentido hay que reconocer en esas conductas negativas un contenido humano. Si esa conducta es, además, aceptada socialmente y cada familia de una u otra forma convive con ella y la comparte, entonces esa conducta es moral, precisamente una moral negativa de sobrevivencia, que sirve para sobrevivir, pero no para edificar nada positivo. Hecho a tener en cuenta en nuestra proyección social.
XLIX.          Las personas respondieron con lo que podían responder: al poco valor del trabajo, con actividades alternativas.  A la imposibilidad de tener empresas, con la vía estaticular. A la ausencia de sociedad civil, con la vida sumergida. Al pago en pesos cubanos, con la lucha por el billete verde. Al desabastecimiento, con el robo al Estado, Al cierre de todas las posibilidades, con la huida al exilio.
L.          Partiendo de la necesidad de erradicar las causas que inducen a la población a actuar al margen la ley la CSDC propone:
        Promover reformas dirigidas a la diversificación de las formas de propiedad como fundamento de la responsabilidad y el desarrollo económico.
        Establecer una relación adecuada entre salario y costo de la vida.
        Analizar y promover la eliminación de aquellas prohibiciones que realmente no constituyen verdaderos delitos.
        Combinar las medidas represivas sobre los verdaderos delitos con el trabajo social.
        Desarrollar planes educativos dentro de la familia dirigidos al fortalecimiento de esta institución y a la conformación de nuevos códigos morales.
        Luchar por cumplir las normas internacionales existentes para el tratamiento de la población penal.
 
 
PROYECTO FEMENINO
 
I.            La situación nacional que se nos presenta es hija de siglos razonamientos machistas. El caudillismo y la violencia, dos de los grandes males que nos afectan como nación, nada tienen de femenino. Es importante entonces, para transformar la naturaleza del poder y de las relaciones sociales en nuestra sociedad, recorrer el camino de forma diferente a como se ha hecho hasta ahora. Para ello no sólo es necesario incorporar decididamente a la mujer sino incorporar su visión del mundo.
II.            La participación de la mujer en la historia y la sociedad cubanas ha sido tan relevante como cargada de simbolismos. Ella ha estado presente en casi todos los acontecimientos que han definido la historia, la cultura y la obra silenciosa que conforma nuestra nacionalidad. Ha sido ella, injustamente, el pilar histórico de la familia cubana. La historia nos ha hecho relevante las anécdotas de mujeres que tienen comportamientos a la altura de las expectativas machistas. No se hace justicia a las mujeres, otorgándole sólo el derecho de entrar en la historia y en la vida política de la nación a partir del paradigma impuesto por los hombres.
III.            Antes de 1959 el torrente básico de la mujer cubana -a pesar de algunas conquistas femeninas como la del sufragio realmente universal alcanzado en 1934- tiene un rol prehumano y estrecho en el marco de una estructura patriarcal heredada de nuestra cultura y de nuestros estilos de emancipación. La mujer cubana participa y actúa pero desde una estructura de roles secundarios que la exhibe en los momentos heroicos y la devuelve automáticamente a la cerrazón y estrechez de la vida familiar y del hogar.
IV.            Para participar tenía que pedir autorización no sólo a los patrones seculares de una sociedad diseñada por y para los hombres, sino a las difíciles condiciones de vida y existencia que le impedían alejarse de los hijos y la familia.
V.            Con la Revolución Cubana se dan las condiciones relativamente efectivas para la emancipación de la mujer. Puede ella vincularse al trabajo, desplegar sus capacidades profesionales y participar en ciertas estructuras de decisión; auspiciado todo ello por la existencia de un mayor entorno participativo.
VI.            Esto lo garantizan ciertas condiciones existentes:
a.        la garantía de cuidado y pleno acceso de los hijos a la educación,
b.        la igualdad de condiciones para acceder a la educación, las profesiones y al trabajo,
c.        la codificación tanto institucional como constitucional de la igualdad de derechos y
d.        la existencia de un estatuto especial de derechos para el ejercicio de la maternidad.
VII.            Sin embargo, la propia estructura originaria de la Revolución limita el impulso emancipatorio de la mujer cubana. Como hecho que se origina en un acto bélico, la Revolución le otorga a la mujer, identificada con ella, un rol de retaguardia en la consecución de sus fines. En este sentido la mujer actúa como una "asistente de la Revolución". Un hecho relevante es que no hubo ni hay mujeres Comandantes de la Revolución.
VIII.            Este rol de la mujer como agente imprescindible pero subsidiario de la Revolución reproduce la misma relación que ésta sostuvo con las gestas independentistas, y se reproduce, a través de un sistema de comando absolutamente vertical y con fuertes matices patriarcales dentro del cual la participación de la mujer es potenciada pero absorbida por las pautas sociales de una sociedad tradicionalmente machista, en la estructura social articulada a partir de 1959.
IX.            El intento de emancipación de la mujer no llegó a su punto culminante con la Revolución  porque el antiguo vínculo de subordinación se manifestó desde que ésta triunfa en una estructura dual y paralela: subordinación respecto de un Estado dirigido por hombres y subordinación en un hogar regido también por hombres.
X.            El desencanto generalizado de la mujer hacia la política, así como la alta tasa de divorcialidad expresan por un lado la inconsecuencia del intento de emancipación y por otro, la necesidad de reconocimiento como sujeto social en igualdad de condiciones con el hombre. Esto se recrudece por la imposibilidad de crear asociaciones femeninas de forma independiente a la única organización femenina permitida que responde a los diseños e intereses del Estado-Partido en Cuba. Por eso el ideal teórico de igualdad entre el hombre y la mujer nada más ha conducido a la indeferenciación sexual frente a esferas, tareas y actividades que en nuestras condiciones exigen esfuerzos por encima de las capacidades psico-somáticas de la mujer. Se ha producido así -aunque nuestras tradiciones impiden que se complete este proceso- una machicización por el trabajo de algunos sectores femeninos y una tendencia creciente asumir los roles masculinos como patrones legítimos de conducta.
XI.            La militarización de la sociedad cubana constituye otro hecho que potencia el rol masculino en la sociedad en detrimento de los roles propios de la mujer. De este modo la mujer cubana convive con la tensión que supone un rol más participativo en la sociedad y la relación de subordinación tanto frente al Estado como dentro de su estructura familiar; contribuyendo así a profundizar el sentido de frustración que marca, en términos generales, a la mujer cubana.
XII.            Las condiciones hoy existentes en nuestro país imposibilitan a la mujer para una sistemática y emancipada participación en la modernización de la sociedad. Las carencias materiales en el hogar, la ausencia de condiciones para el cuidado primario de los hijos, la violencia estructural que va descomponiendo nuestros códigos y valores sociales, la violencia doméstica e intrafamiliar, la pérdida de la autoestima de las mujeres, especialmente de las más jóvenes,  y el retorno explícito a un machismo arcaico afectan con particular virulencia las posibilidades de la mujer.
XIII.            Las salidas que un número creciente de mujeres ha encontrado han sido disímiles pero lógicas. Por eso la creciente prostitución y mercantilización del sexo es la respuesta crítica pero coherente en una sociedad que ha destruido todas las premisas necesarias para que las coyunturas adversas, estructuralmente generadas, se reviertan a través de potentes movimientos civiles autodefinidos y dentro de los cuales podría destacarse un sólido movimiento femenino. Si bien es necesario agregar que la prostitución y mercantilización del sexo no tienen sólo un fundamento económico. Están determinadas, también, por la deficiente formación de valores éticos y morales en el seno de la familia y en las instituciones sociales 
XIV.            El proyecto de programa femenino de la CSDC parte de nuevas y distintas concepciones. Partimos ante todo del principio de emancipar al hombre de la mujer. La diferencia de sexo sigue siendo vista como una ventaja a favor de los hombres y como un obstáculo que se debe superar, en vez de tomarse como riqueza y valor de una verdadera democracia entre los sexos. Los principios igualitaristas se han demostrado insuficientes porque tienden a esconder las problemáticas, a ignorarlas y a dar soluciones superficiales sin tener en cuenta las particularidades, las características, las aspiraciones, y las necesidades de la mujer y de los grupos de mujeres. Y, sobre todo, porque no han nacido de las propuestas de las mujeres sino de lo que los hombres han pensado que es bueno para las mujeres. Hombres y mujeres somos diferentes, no somos mejores o peores, más fuertes o menos inteligentes, somos diferentes.
XV.            Si la familia es la célula de la sociedad, y la sociedad se debe formar sobre bases de paridad de oportunidades para todos sus miembros, de respeto hacia las diferencias que existen entre sus componentes de diferentes edades, sexos, color de la piel, creencias religiosas, culturas, orígenes, extracción social, encuadre productivo, capacidades físicas y mentales; la democracia y la paridad de deberes, derechos y oportunidades deben comenzar por la familia. Y todos los principios que son deseables para la sociedad, deben ser primordialmente aplicados en la familia. La división del trabajo en el seno familiar fortalece el arcaísmo tradicional de que existen tareas y responsabilidades propias de cada sexo. Ello no contribuye a estabilizar las condiciones emancipatorias que se requieren para alcanzar la plena liberación de la mujer.    Si bien el rol de la mujer es fundamental en la consolidación de una familia estable, hombres y mujeres pueden, indistintamente, asumir aquellas responsabilidades que son percibidas y practicadas casi  exclusivamente por la mujer. No es justo que la mujer arrastre el peso de la familia y que vean limitadas o anuladas todas las demás vías de realización humana.
XVI.            La educación de las nuevas generaciones, así como la de las generaciones pasadas nacidas y crecidas con la Revolución garantiza un nivel educacional comparable con el de cualquier país desarrollado pero es incompleta porque no educa a los ciudadanos y a las ciudadanas en la dignidad de ser diferente, en la riqueza de ser diferentes.  Nuestra sociedad será más libre y más democrática si fomenta, no solo retóricamente, la cultura de la riqueza de la diferencia y de la dignidad de la diversidad, la cultura del respeto y de la tolerancia de quien no es igual, el respeto de sus características, de su manera de ser, de su manera de manifestarse, de su manera de vivir, del orgullo de sus raíces y de su idiosincrasia. La discriminación y el miedo a quien es diferente tienen sus raíces en el desconocimiento y en el empecinamiento en preservar este desconocimiento como valor. Todo esto suprime el valor raigal y único de la mujer.
XVII.            El respeto hacia la mujer no es solo la manifestación de la caballerosidad, es también el respeto de lo que hace con dignidad, de lo que piensa, de como se manifiesta, de sus sentimientos, de sus elecciones, incluida la elección sexual y de la responsabilidad de la reproducción de los hijos que debe ser mutuamente compartida.
XVIII.            Con esto estamos diciendo que las mujeres de la CSDC trabajaremos por un cambio cultural que conciba la igualdad de responsabilidades en las tareas cotidianas de la vida familiar y del hogar. Lo cual supone no sólo potenciar la creación de condiciones generales dentro de la sociedad que sirvan de plataforma para este propósito, sino trabajar en la esfera educacional con vistas a preparar tanto al hombre como a la mujer en principios auténticos de igualdad.
XIX.            Por ello, la CSDC debe potenciar la creación de un sólido movimiento femenino que defina y defienda los derechos e intereses de la mujer. Nadie mejor que ella está en condiciones de plantear, sin tutelas externas, cuáles son y cómo canalizar aquellos valores, códigos, objetivos e intereses que expresarían sus inquietudes, peculiaridades y posibilidades de participación social, económica y política. Para nosotras tiene un valor fundamental las mujeres que no tratan de emular al hombre, de estandarizar sus parámetros a los masculinos, sino de defender su propia identidad expresada en algo tan clave como la democratización, como habíamos expresado, de las relaciones entre los sexos.
XX.            Otro de nuestros presupuestos y objetivos es garantizar el derecho de la mujer a la plena participación política. La CSDC está obligada por esta razón a tomar y valorizar con vigor  la  manera que tenemos las mujeres de hacer política; esa manera de reunir y no marginar, de trabajar para construir, de dar vida, de cuidar lo que está creando, de mediar.
XXI.            La CSDC debe abogar resueltamente porque la mujer participe, en igualdad de condiciones, en los órganos de dirección política de nuestra organización; definiendo, ella también, cuáles pueden y deben ser las líneas de acción política a seguir por el Socialismo Democrático.
XXII.            Ello implica la posibilidad de, atendiendo a sus capacidades y formación, dirigir cualesquiera de las estructuras políticas y organizativas de la CSDC. Una concepción no superada de tradicionalismo patriarcal supone que la mujer o está encargada solamente de asuntos femeninos, o está únicamente capacitada para administrar diseños ajenos.
XXIII.            De ahí que sea necesario suavizar y eliminar la crueldad propia al ejercicio de un tipo de poder, introduciendo un nuevo lenguaje y comunicación políticos que elimine la machicización de la política.
XXIV.            Para lograr éstos y otros objetivos en línea con nuestros presupuestos las mujeres dentro de la CSDC continuaremos trabajando para profundizar:

1.        la preparación y educación de la mujer,
2.        la protección de la maternidad y la familia,
3.        la creación de condiciones materiales para la humanización del trabajo de la mujer,
4.        la creación de instituciones con formas diversas de gestión para la educación y el cuidado                                    de los hijos,
5.        la protección del derecho materno y de familia para decidir el destino educacional de los hijos bajo tutela parental,
6.        la independencia económica y de posición social de la mujer que evite la prostitución y mercantilización del sexo por motivos económicos,
7.        la defensa de la mujer contra imputaciones indignas,
8.        la promoción de puestos de trabajo adecuados a la constitución física de la mujer,
9.        la defensa de sus preferencias sexuales en el marco del derecho individual a una calidad y estilo de vida autoasumidos y
10.    la institucionalización de derecho y movimientos femeninos dentro de la sociedad civil.

XXV.            Nuestro concepto es claro: no habrá verdadera emancipación de la mujer hasta tanto no se establezcan los términos y no se reconozcan sus capacidades, en el marco de un debate social permanente, donde participen ambos sectores de la sociedad para marcar las pautas y ritmos de la nación y la sociedad cubanas.
XXVI.            La República a la que aspiramos no es una utopía, es realizable. La voz de la mujer cubana es insustituible para la realización de nuestro proyecto de nación y para lograr que el socialismo democrático se convierta en un verdadero proyecto líder, moderno y de futuro para la modernización de la sociedad cubana.
 
 
PROYECTO JUVENIL
 
Universalmente se reconoce a la juventud como uno de los sectores más importantes e influyentes de la sociedad moderna. Sus potencialidades económicas e intelectuales y el dinamismo que caracteriza su participación decisiva en los más variados procesos políticos y socio-culturales, la colocan en el centro mismo de todo el conjunto de correlaciones que constituyen a una nación independientemente de su nivel de desarrollo o sistema socio-político.
La historia contemporánea de nuestro país recoge el papel jugado por la juventud como vanguardia e impulsora de ideas y movimientos encaminados hacia la evolución política, social y cultural.
Jóvenes provenientes de todos los estratos sociales e imbuidos de los más altos ideales emancipadores llenaron gloriosas páginas en la lucha por la independencia durante la segunda mitad del siglo XIX.
En la etapa republicana los jóvenes estudiantes y trabajadores constituyeron la fuerza descollante en los movimientos destinados a afirmar definitivamente los valores democráticos y en la lucha frontal contra los gobiernos autoritarios o dictatoriales de las décadas del treinta y el cincuenta.
Fue la juventud cubana segmento significativo del pueblo que en mayoría abrumadora apoyó el triunfante movimiento político-militar instaurado en el poder a la caída de la dictadura batistiana.
Este apoyo mayoritario, sin precedentes, a lo que se ha dado en llamar históricamente Revolución Cubana dimanó del criterio y la esperanza generalizada en que ésta se encaminaría, fundamentada en valores y principios nítidamente definidos y en el concurso consciente de todo un pueblo, a cumplir y legitimar definitivamente los anhelos de libertad, soberanía, prosperidad y bienestar compartido; objetos todos de preocupación y lucha de varias generaciones de cubanos.
Inspirada en estos ideales y consciente de las responsabilidades que tan altos cometidos le imponían, la juventud cubana impulsó, durante varios lustros, ambiciosos proyectos y tareas en el campo cultural, económico y militar (campaña de alfabetización, tareas agrícolas y “obras de choque” industriales, campañas militares contra guerrillas anticastristas y “misiones internacionalistas” laborales y militares) asumidos por la sociedad como un aporte decisivo a la concreción del proyecto estratégico de satisfacer definitivamente las necesidades económicas, culturales y espirituales del pueblo cubano.
En contradicción con las expectativas universalmente creadas de restauración y reafirmación democráticas, la Revolución Cubana degeneró hacia la entronización de un régimen totalitario anulador de libertades y garantías y encabezado por una cúpula inconmovible que fundamenta su poder en el control absoluto de todos los aspectos de la vida social.
El desconocimiento institucional de los derechos fundamentales, la supresión de la sociedad civil, de la opinión pública, del derecho de propiedad y de la independencia del poder judicial; el control y dominio sobre todos los recursos y procesos económicos, la supeditación de las leyes a los mecanismos de control y represión, la usurpación de valores como el Patriotismo y la Nacionalidad, así como la fusión y confusión de conceptos como Partido, Gobierno, Estado y Nación que privan a los individuos y a las colectividades de espacio y capacidad para participar de forma activa, directa y consecuente en la definición de los destinos de la nación.
Esta estructura anómala basada en la hipertrofia del poder dominante y en el monopolio excluyente de una sola ideología incapacita a la sociedad para moverse libremente en busca de su desarrollo multilateral y armónico.
La crisis generalizada e irreversible del modelo coloca a la juventud en el centro de la depauperación estructural que sufre el país como el sector más afectado por la falta de expectativas, horizontes y espacios de expresión y realización. Esto, unido al desmoronamiento de los supuestos valores sociales, éticos y morales que pretendían sustentar un proyecto encaminado a la satisfacción plena de las necesidades materiales y espirituales de todo el pueblo, enfrenta el segmento más joven de la sociedad a enormes y múltiples problemas que sólo pueden ser solucionados a partir de profundas e irreversibles transformaciones estructurales que otorguen plenas garantías jurídicas y legales al libre desenvolvimiento de los individuos.
Los socialistas democráticos cubanos apreciamos la nefasta repercusión que para la sociedad en general y para la juventud en particular tienen fenómenos tan graves como:
         la falta de expectativas profesionales y laborales aun para personas de alta calificación motivada fundamentalmente por el fracaso definitivo del sistema económico centralizado y la desaparición de los subsidios financieros y comerciales externos que mantuvieron durante muchos años a la economía cubana sobre bases falsas.
         el bloqueo estructural y jurídico interno que impide que se revelen las potencialidades, capacidades e iniciativas económicas de la población.
         el carácter excluyente y discriminatorio de medidas y procesos económicos que implementa el gobierno y que privan a los cubanos de posibilidades que por derecho natural le corresponden.
         la supeditación de las oportunidades para el ejercicio profesional, laboral y académico a la incondicional fidelidad política al régimen.
         la falta de espacio y capacidades de recreación y sano esparcimiento para los jóvenes; rama que controla casi totalmente el Estado y a la cual le impone con reiterada frecuencia carácter o matiz político e ideológico.
         la implementación de impropios mecanismos e instrumentos policiales y judiciales que se manifiestan fundamentalmente en el incremento preocupante de casos de brutalidad policial -principalmente contra los jóvenes- y en la frecuente aplicación de la llamada Ley de Peligrosidad que ha llevado a prisión a cientos de personas inocentes.
         la existencia de organizaciones como la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), y Organización de Pioneros José Martí (OPJM) teóricamente destinadas a expresar y representar los intereses de la juventud y a orientar su participación en la vida social y que en realidad forman parte del andamiaje corporativo de instituciones que la superestructura dominante del Partido-Estado fomenta en función de perpetuar el dominio que ejerce sobre toda la nación.
Los problemas antes señalados son la causa esencial de la lamentable manifestación de situaciones tan deplorables como:
a.        el incremento del delito criminal y económico y el desproporcionado crecimiento de la población penal joven.
b.        la proliferación generalizada de una lacra social como la prostitución casi desconocida durante muchos años en Cuba. Este fenómeno afecta de manera preocupante a amplios sectores de la población joven y adolescente y su práctica constituye generalmente la única vía de acceso a los bienes materiales y servicios de primer orden en la vida civilizada moderna.
c.        el creciente número de cubanos -principalmente jóvenes- que pretenden y en muchos casos logran abandonar el país en busca de los espacios y oportunidades que le son injustamente negados en su tierra.
El mundo moderno reconoce de forma unánime la influencia cardinal y determinante que tiene la educación en la capacidad de cada sociedad para enfrentar los retos presentes y futuros y en la formación intelectual, moral y espiritual de las nuevas generaciones.
El carácter supuestamente universal y nominalmente gratuito del sistema de educación en Cuba de ningún modo encubren su esencia monopolista, doctrinaria y voluntarista lo cual impide que los procesos docente-educativos cumplan los objetivos fundamentales para los que están destinados. Estos son a saber:
   contribuir de forma decisiva a la formación general de los individuos.
   formar profesionales y técnicos que posean el más alto bagaje intelectual y tecnológico acorde a las exigencias de nuestra época.
   propiciar en los estudiantes -en condiciones de libertad y pluralismo- el desarrollo de las más amplias capacidades de análisis, valoración y discernimiento de los más complejos procesos económicos, tecnológicos, sociales, políticos y culturales a los que se enfrentan.
Entre los problemas que repercuten negativamente en el sistema nacional de educación podemos señalar:
         el desconocimiento institucional del derecho fundamental de los padres a escoger el tipo de educación que prefieren para sus hijos.
         la anteposición de intereses políticos e ideológica a cualquier consideración cultural o académica.
         la supeditación del acceso a determinadas ramas de la educación a la lealtad política e ideológica al régimen.
         la decisión preferente del gobierno en la ubicación laboral de los profesionales y técnicos recién graduados.
         la obligación para los estudiantes de realizar labores productivas aun antes de cumplir la edad laboral legalmente establecida.
         la ausencia total de independencia orgánica y funcional de las organizaciones de masas estudiantiles que sólo cumplen el cometido de servir de instrumento de vigilancia y control al servicio de las estructuras de poder.
         el desconocimiento por parte de los estudiantes de los derechos que le están reconocidos legal e institucionalmente.
         Atendiendo a todos los elementos hasta aquí valorados y en función del idóneo desenvolmiento futuro de la juventud en la sociedad los socialistas democráticos cubanos propugnan y promueven:
         El establecimiento en Cuba de un Estado de Derecho pluralista y democrático, firmemente asentado en el reconocimiento de las instituciones democráticas, el respeto a todos los derechos y a la Ley que posibilitará a las jóvenes generaciones revelar y concretar sus capacidades y potencialidades para enfrentar con éxito los trascendentales cometidos que su lugar en la sociedad le imponen.
         La instauración incondicional de la autonomía universitaria que contribuirá a crear el clima idóneo para que estas fundamentales instituciones académicas y culturales cumplan cabalmente la impostergable función de aportar a la sociedad la riqueza intelectual y el potencial humano que conduzca a nuestra nación por el camino del desarrollo ascendente y sostenido.
         La restauración del carácter independiente de las organizaciones estudiantiles, lo cual otorgará a los jóvenes cubanos plena capacidad para canalizar y proyectar sus inquietudes, necesidades y aspiraciones.
 
 
PROYECTO DE RELACIONES INTERNACIONALES
 
INTRODUCCIÓN
 
I.            El propósito del presente proyecto es tratar de aportar orden y significado a un grupo de objetivos, misiones y acciones.
II.            Para una ingeniería de Política Exterior se debe comenzar por asegurar que este esta ingeniería cuente con la aprobación de los ciudadanos. Esta tarea es delicada por cuanto las condiciones bajo las cuales puede lograrse apoyo popular para una política exterior no son idénticas a las condiciones bajo las cuales una política exterior puede emprenderse exitosamente.
 
LEY DE SERVICIO EXTERIOR
 
III.            Es muy importante para la republica el establecimiento como primer paso de una Ley de Servicio Exterior, que fundamente, regule y organice los elementos de la construcción interna de las relaciones internacionales del estado y elimine por nacimiento las evaluaciones categorizadas por la fidelidad ideológica, los favores debidos o el nepotismo.
IV.            Nuestra República debe apoyarse en la calidad de su diplomacia para actuar como catalizadora delos diferentes factores que constituyen su proyecto. Dicho de otro modo, estos elementos, cuando son proyectados en el campo internacional por la diplomacia, pasan a convertirse en lo que llamamos el poder nacional. Por lo tanto, es de la mayor importancia que la buena calidad del servicio diplomático sea constante. Y esa calidad constante resulta afianzada si se la hace depender de la ley y de las instituciones.
V.            La Ley de Servicio Exterior establecerá los objetivos, acciones, funciones y misiones que deberá asumir el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Republica de Cuba para proteger y defender los intereses de nuestro país en cualquier lugar del mundo.
 
AISLACIONISMO CONTRA INTERNACIONALISMO
 
VI.            El principal problema al que se enfrentan el pueblo y Estado cubanos en sus relaciones con el mundo es el del aislamiento impuesto por el actual gobierno de Cuba. Quizás pudiera interpretarse que es el internacionalismo lo que predomina, como paradigma de nuestras relaciones internacionales, pero un pueblo que aproximadamente desde el año 1959 no recibe inmigrantes (viendo el asunto como fenómeno y no como caso) que no está autorizado a recibir señales de televisión, que no encuentra facilidades para adquirir prensa escrita internacional, es un pueblo que esta aislado y además no incorporado al cauce de la comunicación mundial. Si a esto sumamos las barreras burocráticas y de seguridad que impiden a la mayor parte de la diáspora cubana regresar a su suelo natal, encontraremos entonces los puntos que definen a la actual política del gobierno como aislacionista.
VII.            Este diseño permite comunicar la imagen de Cuba, al ciudadano, como la de una isla sitiada e impone la “necesidad” de estar unidos en torno al gobierno para mantener la soberanía nacional y los valores alcanzados durante el actual gobierno.
VIII.            Es cada vez mas claro que la sociedad que se encierran en sí misma, a larga decae. De cierto modo el aislacionismo provoca prohibiciones al comercio y toda una serie de restricciones a las demás actividades económicas, sobre todo con el exterior. Podemos afirmar que en todos los casos de aislacionismo se da una centralización política exagerada, que genera autoritarismo, intolerancia y obstáculos al cambio.
IX.            La Republica de Cuba es libre y soberana de escoger el camino que decidan sus ciudadanos para encontrar su bienestar y concretar la solución de sus necesidades como pueblo. Es de este fundamento del que se valen las autoridades para despreciar las reglas generales de las relaciones y la convivencia política internacionales Esto le ocasiona exclusiones y condenas repetidas en foros internacionales de vital importancia para el desarrollo político, social y económico del país.
X.            El contexto internacional debe mirarse con responsabilidad política para recorrer el camino que va del equilibrio entre la defensa de la soberanía del Estado cubano a la comprensión y respeto de las reglas internacionales de convivencia política. Así como a la estimulación de los proyectos de integración regional y mundial para incorporarse plenamente a la comunidad de naciones.
 
SOBERANÍA E INDEPENDENCIA
 
XI.            Aunque cada vez más se rompen las barreras del Estado-Nación, hay dos puntos claves: independencia nacional y soberanía del Estado cubano. Ellos son y serán los garantes y los baluartes de la construcción del Estado democrático. Sólo a partir de estos preceptos se podrá trabajar junto a las demás naciones democráticas del continente en la construcción de una mancomunidad regional.
XII.            Se conoce que con la globalización cultural, económica, política y comunicacional que signan nuestra época, se rompen cada vez más las barreras del Estado nación con el surgimiento de organismos económicos, políticos, sociales, jurídicos y de seguridad no gubernamentales y supranacionales; pero esto no debe ser óbice para que en nuestro archipiélago se establezca un Estado sólido y responsable, donde el ciudadano natural y el ciudadano jurídico encuentren amparo ante las múltiples fórmulas de desencuentro multinacional que existen. Dentro de la concepción moderna, el Estado-nación sigue siendo una forma importante y avanzada de organización social.
 
INTEGRACIÓN REGIONAL
 
XIII.            La Integración Regional es uno de los principales referentes para un real proyecto de unidad continental.
XIV.            Históricamente, la lucha por las áreas geográficas, los recursos energéticos, las materias primas, los mercados y las áreas de influencia ideológica, ha sido el principal motivo de rivalidades y conflictos entre los Estados más poderosos del sistema internacional o entre vecinos. Estos conflictos continuarán si  se antepone irracionalmente el concepto de interés nacional como objetivo central de las relaciones internacionales. En su lugar, deben plantearse urgentemente esquemas que refuercen el libre comercio, la integración regional, la cooperación internacional y los mecanismos de seguridad común para lograr una utilización y una distribución más racional de los recursos con que cuenta la humanidad.
XV.            Un proyecto objetivo de integración de Cuba a su área geográfica pasa por crear las condiciones políticas y socioeconómicas para participar en los organismos de cooperación regionales e integración política (Organización de Estados Americanos), de seguridad (Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca) y económica (Área de Libre Comercio de las Américas). Así como consolidar su presencia en los mecanismos de cooperación del Caribe (Asociación de Estados del Caribe y CARICOM).
XVI.            La existencia de un mundo multipolar y regionalizado hace más complejos los escenarios de política exterior, a su vez esto permite el mayor aprovechamiento de las posibilidades creadas por la humanidad. Por ello Cuba, al alentar la construcción latinoamericana, deberá interesarse por experiencias anteriores de unidad regional, como es el caso de la Unión Europea, y ver en ellas la posibilidad y la oportunidad de ayudar al sostenimiento del equilibrio mundial.
 
LA SOBERANÍA DEL PUEBLO COMO FUENTE PRIMARIA PARA UN PROYECTO DE RELACIONES INTERNACIONALES
 
XVII.            La soberanía del pueblo es el elemento de base para establecer un proyecto de política exterior. La contradicción práctica entre la falta de derechos sociales, políticos y económicos del ciudadano cubano y las demandas de democracia que exige el gobierno de la Isla para los organismos internacionales, se expresan en la apatía de la ciudadanía hacia los principales problemas que enfrenta la humanidad: el terrorismo,  las guerras, las hambrunas, la migración y la defensa de la ecología. Se debe trabajar conjuntamente por la solución de estos problemas así como por la democratización de los organismos internacionales. Para ello se deberá romper las ataduras a la que está sometida la sociedad civil como premisa de su plena participación en la comunidad internacional.
 
DESMITIFICACIÓN DE LAS RELACIONES ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CUBA
 
XVIII.            Para mantener unas saludables relaciones con el mundo y en especial con nuestra región geográfica, se deben descontaminar, desideologizar y desmitificar las relaciones con los Estados Unidos. Entre vecinos cercanos, con grandes diferencias de tamaño, población, recursos naturales y desarrollo, las relaciones pueden tensarse y llegar hasta su destrucción. Las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no están precisamente en la lógica de la convivencia, sino más bien están en la lógica de la confrontación basada en la dicotomía: soberanía versus hegemonía.
XIX.            El respeto a la soberanía del otro puede construirse, conjuntamente con los intereses comunes, aun y cuando las visiones no tienen por qué estar necesariamente alineadas.
XX.            La demonización del vecino del norte por parte del gobierno de Cuba, en los últimos 40 años, ha impedido conformar las relaciones constructivas a las que aspiran los pueblos cubano y norteamericano. Erigir esta relación sobre la base del interés de ambos gobiernos y pueblos es una tarea primaria en la democratización de la sociedad cubana. Debe considerarse además, en esta ecuación, a la amplia diáspora de cubanos residentes en los Estados Unidos.
XXI.            En 1975 el gobierno de Cuba planteó su disposición para resolver el diferendo creado por las medidas unilaterales y agresiones de los Estados Unidos  y para discutir la normalización de las relaciones entre ambos países, contribuyendo de esa forma al necesario proceso de distensión internacional. Reiteró, además que si el gobierno de los Estados Unidos había dado pasos en la dirección de eliminar el embargo, sus medidas eran todavía insuficientes. Dijo por otra parte, que antes de iniciar conversaciones oficiales con las autoridades norteamericanas en torno a la  reanudación de las relaciones, sería necesario que el Estado norteamericano formalizara la eliminación de los aspectos esenciales del embargo económico contra Cuba.
XXII.            Lamentablemente en los últimos 10 años se han levantado barreras muy anchas y altas para eliminar el contencioso en Cuba y, sobre todo, en los Estados Unidos. El Congreso norteamericano en esta última década aprobó dos leyes ingerencistas y limitadoras de la soberanía de Cuba: la “Ley para la Democracia en Cuba” (Ley Torricelli) y la “Ley para la Libertad y la Democracia en Cuba” (Ley Helms-Burton). Estas leyes han sido impulsadas por la derecha cubana en el exilio, muy bien instalada en los corredores de la política y conocedora de los artilugios de la democracia norteamericana; anclada tristemente en un viejo discurso anticastrista que la demerita.
 
LA COMUNIDAD CUBANA EN EL EXTERIOR
 
XXIII.            La relación con la diáspora cubana es más asunto de política interna que de política exterior. Esta inmigración tiene fuertes componentes político e ideológicos, independientemente de estar marcada en sentido general por una naturaleza económica. Un gobierno nacional “con todos y para el bien de todos”, como señaló José Martí debe abrir sus puertas a todos los cubanos donde quiera que se encuentren, con independencia de su ideología política.
XXIV.            El diseño de relaciones con nuestra comunidad en el exterior deberá ser, por principio, plural e interno.
XXV.            La solución de los problemas fundamentales que afectan a la diáspora en su relación con Cuba debe ser la piedra angular de las relaciones de la nación con sus naturales y descendientes. Entre ellos están:
XXVI.            La imposibilidad de entrar a su país de nacimiento por razones políticas.
XXVII.            La necesidad de obtener un permiso de las autoridades para entrar a su país.
XXVIII.            La imposibilidad, como cubanos, de invertir dentro de su país.
a.        En este balance cabe destacar que sólo una ingeniería del más alto nivel podrá atraer a todos los cubanos radicados en los Estados Unidos, independientemente de sus posiciones para contribuir con sus conocimientos, sus relaciones y con humildad a la construcción pacífica y equilibrada de la república democrática.
b.        Por otra parte, se deben mantener los esfuerzos de extradición para que sean juzgados en la Isla todos aquellos individuos, cubanos o no, que hayan practicado el terrorismo contra el patrimonio y el pueblo de Cuba en cualquier lugar del mundo conforme a derecho y a las normas internacionales reconocidas.
 
SOLIDARIDAD CON LOS PAÍSES MENOS FAVORECIDOS
 
XXIX.            Una Cuba democrática debe mantener el apoyo y la solidaridad hacia los países menos favorecido por su historia y por el actual orden internacional en todo lo que le sea posible, como forma de construir un mundo más justo y solidario.
XXX.            Lamentablemente la ayuda que hoy Cuba presta a gran parte del mundo no está en correspondencia con nuestra real capacidad económica y las posibilidades de nuestro pueblo.
XXXI.            Los ofrecimientos de solidaridad y apoyo a otros países más pobres deberá cimentarse en la libertad de los ciudadanos cubanos y de sus profesionales en específico y en las posibilidades reales de brindar de medicinas y alimentos sin que afecte a los ciudadanos cubanos.
XXXII.            La ayuda y el apoyo a otros países menos favorecidos por el desarrollo, no solamente deberán ser concretados con los gobiernos de los países afectados sino que deberán tener en cuenta, además, a: las ONGs y la sociedad civil de esas naciones. Además debe considerarse un por ciento del Producto Interno Bruto para ayudar a los países en vías de desarrollo.
 
 
PROYECTO DEL CENTRO DE ESTUDIOS “DIEGO VICENTE TEJERA”
 
El Centro de Estudios del Socialismo Democrático “Diego Vicente Tejera”, es una institución académica, fundada en mayo de 1998 con el fin de realizar estudios encaminados a elaborar un sistema de ideas sobre las posibilidades, perspectivas y características del socialismo democrático en Cuba.
 
La misión del Centro consiste en armar a la CSDC con ese sistema de ideas,  preparar a sus miembros y simpatizantes para la socialización de las mismas, mantenerlos actualizados sobre la evolución de la política nacional e internacional e incorporarse al debate internacional sobre las perspectivas y retos del socialismo democrático y de la socialdemocracia en el contexto del mundo globalizado.
 
LOS OBJETIVOS GENERALES DEL CENTRO SON:
 
        Realizar estudios de la historia política de Cuba.
        Realizar estudios de la historia del socialismo democrático y de la socialdemocracia en Cuba.
        Realizar estudios de la historia del socialismo democrático y de la socialdemocracia en otras regiones del mundo, extraer las experiencias válidas para nuestras condiciones.
        Realizar estudios de forma permanente sobre los cambios de la sociedad cubana.
        Realizar estudios y debates encaminados a elaborar un proyecto de teoría de la transición hacia la democracia.
        Transformar los conocimientos adquiridos en programas de acción de la CSDC y en herramientas de trabajo de los miembros y simpatizantes.
        Establecer un fondo bibliográfico de información relacionada con éstos y otros temas de política en general.
 
LAS LIMITACIONES PARA EL CUMPLIMIENTO DE LA MISIÓN Y LOS OBJETIVOS SON:
 
        Carencias materiales como ausencia de local, medios técnicos, bibliografía y finanzas.
        Reducido número de colaboradores para la realización de los estudios.
        Situación política adversa para desarrollar cualquier actividad alternativa al actual poder.
        Relaciones de intercambio bibliográfico, de investigación y colaboración con otros centros de estudio, bibliotecas y centros de información nacionales afines.
        Relaciones de intercambio y colaboración con instituciones afines en el extranjero.
        Relaciones con editoriales y publicaciones nacionales y extranjeras para dar a conocer los resultados de los estudios realizados por el CESD.
 
A PESAR DE LAS LIMITACIONES ANTERIORES LOS RESULTADOS OBTENIDOS POR EL CENTRO DESDE SU FUNDACIÓN CONSTITUYEN UNA VENTAJA PARA EL CUMPLIMIENTO DE SU MISIÓN Y OBJETIVOS. ENTRE ESOS RESULTADOS ESTÁN:
 
        Un paquete de estudios sobre retos y perspectivas de la CSDC, sobre política, sobre relaciones entre Cuba y los Estados Unidos,  sobre la ética, sobre los derechos humanos, sobre la sociedad civil, sobre la economía y las relaciones de propiedad, sobre aspectos sociales como la problemática del negro en Cuba, de la tercera edad, sobre la vivienda y otros.
        La elaboración de un conjunto de ponencias sobre temas particulares; su debate en el Centro y en las delegaciones provinciales encaminado a elaborar una teoría específica de la transición a la democracia en Cuba.
        La edición del Boletín Nueva Frontera en formato electrónico, su incorporación a Internet mediante una página web y su edición trimestral durante tres años consecutivos, gracias a lo cual los resultados de los estudios se conocen en otras latitudes y ha permitido alcanzar determinado reconocimiento internacional.
        La elevación del nivel político e ideológico de cuadros, miembros y simpatizantes de la CSDC.
        Haber coadyuvado a la elaboración de la Plataforma Común de la Mesa de Reflexión con estudios, la elaboración de un aparato conceptual nuevo y la creación del germen de una nueva cultura de la gobernabilidad en sectores de la sociedad civil alternativa.
        Un número de colaboradores, aún reducido.
 
PARA LA REALIZACIÓN DE SU MISIÓN Y OBJETIVOS EL CENTRO SE APOYA EN:
 
        La existencia de un pequeño y frágil espacio concretado en cierta permisibilidad que ha permitido realizar las actividades sin grandes obstáculos por parte de las autoridades gubernamentales.
        El establecimiento de relaciones con partidos de la familia socialista y con los órganos de la internacional socialista.
        Misión al exterior del Secretario General de la Corriente Socialista.
        Relaciones con el cuerpo diplomático acreditado en Cuba.
        Relaciones con otras instituciones y personalidades extranjeras.
 
LOS PELIGROS QUE AMENAZAN LAS ACTIVIDADES DEL CENTRO SON:
 
        El carácter postotalitario del gobierno cubano.
        La ausencia de reconocimiento legal.
 
TENIENDO EN CUENTA LA VISIÓN, LA MISIÓN, LOS OBJETIVOS GENERALES, LAS LIMITACIONES Y VENTAJAS, LAS CONDICIONES Y LOS PELIGROS, EL CENTRO SE PROPONE ENTRE SUS TAREAS INMEDIATAS:
 
        Elevar la calidad del Boletín Nueva Frontera.
        Incorporar nuevos colaboradores.
        Preparar nuevos materiales. Entre ellos documentos didácticos para la socialización de nuestras ideas  y la edición del primer libro sobre la teoría de la transición.
        Elevar la capacidad política de miembros y simpatizantes.
        Emprender permanentemente la investigación de temas que resulten de las necesidades de la actividad práctica que genere la corriente o la dinámica política de la nación.
        Establecer y fortalecer los vínculos con instituciones afines de la sociedad civil emergente, del Gobierno y del exterior.
        Relaciones con los estudios que dirige la Comisión Progreso Global de la Internacional Socialista para aportar nuestra visión sobre la problemática del socialismo democrático y la socialdemocracia.
 
 
 
EL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO EN CUBA:  ¿ HACIA DÓNDE VA?
 
El debate internacional sobre el socialismo democrático sigue su curso renovador. No sólo dentro de los países que cuentan con sólidas formaciones socialistas y socialdemócratas, sino en una dimensión global.

Me atrevería a afirmar que la Internacional Socialista es la familia ideológica que más piensa la realidad y sus problemas verdaderamente urgentes en la única escala en la que los auténticos políticos humanistas deberían articular sus preocupaciones: la escala mundial.

Los ángulos del debate son diversos, su naturaleza es encendida, los pensamientos son diferentes y hasta opuestos, pero lo cierto es que todas las cuestiones básicas que nos afectan como ciudadanos del mundo caen bajo el prisma analítico de los que colocan sus sensibilidades en el ángulo de la justicia social y la democracia.

Si la democracia está en crisis es porque hay una crisis de aquellos criterios participativos que fueron puestos en la agenda política por socialistas y socialdemócratas. Si el Estado de bienestar pierde su capacidad es porque hay un bienestar creado que demanda una mayor y mejor satisfacción. Si la noción y la realidad del ciudadano político se debilitan es porque hay un sentido político del  ciudadano forjado en la discusión social.  Y si hay una crisis ideológica  al interior del socialismo democrático es porque las expectativas abiertas por nuestra hegemonía política parecen desbordar, por enfoques inadecuados y circunstancias cambiantes, sus posibilidades de realización. Es cierto que el mundo es hoy más injusto. Lo es, sin embargo, porque al mismo tiempo es más social. 

La crisis es la marca fundamental de nuestro tiempo. Y la mayor responsabilidad por ella recae en quienes han alimentado sus sensibilidades en los múltiples  déficits de la sociedad, es decir, en nosotros mismos. Este solo hecho basta para darle la razón a aquellos que nos culpan por la permanente tensión de una sociedad insatisfecha. Es cierto que nos asisten las mayores responsabilidades. Y es así porque hemos asumido, planteado, argumentado y defendido la necesidad de una democratización radical en todos los ámbitos humanos. Cierto liberalismo no puede ser acusado de injusto: habría que demostrar que su meta es la justicia, socialmente entendida.

Ello, en sí, refleja una peculiaridad en la crisis del socialismo democrático: su crisis es de crecimiento:  en la medida en que las sociedades crecen se sienten más insatisfechas.

Pero hay otra peculiaridad que caracteriza al socialismo democrático: la de asumir su propia crisis. Es verdad que no del mismo modo y en los mismos tiempos.

Ello explica por qué –después de la caída del muro de Berlín, que se pensó había caído de un solo lado cuando en verdad se derrumbó hacia todos los lados del espectro político– la fiesta del liberalismo económico a ultranza no duró lo suficiente, y por qué el socialismo democrático navegó con mucho mejor suerte en los países centrales.

Lo cual refuerza al siguiente dato: la capacidad de socialistas y socialdemócratas de volver sobre su plataforma de ideas para reanalizar sus conceptos y adecuar sus fórmulas a los nuevos tiempos. Con una peculiaridad más: la de mantener, por sobre todas las cosas, la agenda social y la democratización  de la democracia.

Estas dos últimas peculiaridades definen la ruta de los socialistas y socialdemócratas cubanos que se organizan en torno a la CSDC.

La crítica puntual de nuestras propias ideas, y la defensa y articulación de una agenda política y social democrática constituyen las bases de nuestras orientaciones fundamentales tanto dentro como fuera de Cuba.

Todo esto permitirá entender porque la CSDC es una opción de futuro. El mundo, Cuba dentro de él, se dirige hacia la primacía de la social sobre el Estado y de la democratización sobre la verticalidad de ciertos modelos democráticos.

La primacía de lo social no se reconoce en Cuba, desde luego, a través de las instituciones sociales del Estado. Para percibirla hace falta mirar a las distintas formas en que la sociedad se auto organiza  con el fin de  redistribuir riqueza o pobreza, saberes e información, cultura y estilos de vida. La democratización es ya un proceso más difícil de captar. En un Estado postotalitario, las redes horizontales de comunicación y toma de decisiones estarán siempre obstruidas por la inercia social y la cercanía de los órganos represivos. Pero basta con aproximarse, de nuevo a la sociedad, para saber que un número importante de decisiones básicas no tienen nada que ver con las órdenes del Estado.  Estos son hechos que se manifiestan en Cuba de manera negativa: muchas veces al margen de la ley y de las instituciones. Apuntan, sin embargo,  hacia dos direcciones que son esenciales para la CSDC: la independencia y autonomía de la sociedad civil y la independencia y autonomía de los individuos.
Sólo desde ambos tipos de autonomía es legítimo para la CSDC reconstruir, en el primer caso, lo social y, en el segundo caso, al ciudadano político: dos metas que sustentan nuestros esquemas.

La CSDC se dirige, entonces, hacia el espacio político para reinventar al ciudadano y su capacidad de decidir, no sólo  quiénes le gobiernan, sino cómo y sobre qué bases se gobierna. Para la CSDC son necesarias las bases liberales de la democracia, tal y como nos supo mostrar Diego Vicente Tejera, el primer socialista cubano. Pero ellas no son suficientes. Se requiere, además, devolverle al ciudadano la capacidad de determinar los puntos decisivos en los diseños políticos a escala nacional y a escala mundial.

En términos de economía vamos buscando al ciudadano económico. Ese que tiene la capacidad de crear sus propias empresas, de orientarse con la flexibilidad que impone la nueva economía, hecha a base de inversión productiva y riesgo, informatización y  capacidad gerencial, inmaterialidad del producto y ecología. ¿ Sobre qué estructuras? Sobre la pequeña y mediana empresas y sobre las diversas formas de propiedad. La discusión ideológica acerca del papel de la propiedad privada y del Estado no se plantean para la CSDC. La eficiencia, la rentabilidad y la productividad son los conceptos más importantes cuando se trata de crear riquezas. El Estado es el actor fundamental cuando se trata de su redistribución. La pregunta está en qué redistribuimos prioritariamente para satisfacer el criterio de igualdad y equidad: ¿oportunidades para crear o mercancías para consumir? El verdadero reto de las economías que se globalizan radica en el establecimiento de los marcos adecuados para que sus procesos tengan un fin humano. Y el marco que propugnamos es, por supuesto,  el marco social. La economía social de mercado es una adquisición política que garantiza aquello que prominentes líderes de la socialdemocracia quieren evitar: que el mercado gobierne a la sociedad. 

Lo que define nuestra postura hacia la globalización. Si el mercado no debe gobernar a la sociedad, la globalización necesita ser gobernada por la política. Gobernada y no subordinada a la política. Y la mundialización, que parece un concepto mejor para captar los procesos actuales, tiene ventajas y desventajas. A la CSDC no le bastan sus ventajas para imaginar que vivimos en el mejor de los mundos soñados. África y buena parte de América Latina la desmentirían. Sus desventajas no le son suficientes tampoco para pensar que vivimos en el peor de los mundos imaginables. Buscar una concertación política global, de hombres y mujeres que reivindiquen su papel en la sociedad globalizada, reducirá significativamente el efecto marginativo que provoca una globalización incontrolada.

Hacia el mundo de la cultura ve encaminada también la CSDC. La idea de que por la cultura se determina la calidad de vida de las sociedades pertenece al acervo de la izquierda democrática. Tres conceptos definitivos fortalecen la necesidad de trabajar en este ámbito: el concepto de tolerancia, el concepto de diversidad y el concepto de libertad. Ellos constituyen las bases de un proceso político auténticamente democrático, de la posibilidad de flexibilizar los esquemas económicos y del respeto a la autonomía de la persona humana y a la expresión diversa de la cultura. De ahí la importancia del papel indirecto de los intelectuales para lograr una estructuración social civilizada: son ellos los que simbólicamente legitiman los valores que una sociedad necesita asumir para una convivencia en armonía consigo misma.

En su itinerario de presente y de futuro, la CSDC vindica el valor y papel de las minorías. El de las minorías por elección y el de las minorías culturales. La libertad de que disfrutan las sociedades suele medirse por el respeto a la autonomía de los individuos. Pero una sociedad puede ser respetuosa de la libertad individual e intolerante con las minorías. No son estas precisamente las sociedades plenamente libres. Disolver la tensión entre lo que un individuo puede hacer y lo que una minoría puede elegir y expresar es imprescindible para vivir una libertad coherente. La existencia de las minorías no sólo aporta riqueza social y cultural sino que define los límites positivos del estado de derecho. La identidad con ellas, que responde consecuentemente a nuestra condición de minoría política, revelará uno de los fundamentos que dan origen al socialismo democrático: eliminar toda forma de marginación a través de la asunción y defensa públicas de  los valores de las minorías.

En términos de poder, la CSDC buscará un cambio en su naturaleza. Para nosotros no se trata ahora mismo de ejercerlo.  La posibilidad de implementar medidas políticas concretas  exigen ejercer el gobierno. Pero la posibilidad de  potenciar políticas públicas es compatible con el ejercicio de la oposición. El desafío está en cómo hacer efectivas estas políticas públicas. Ello depende en muchos casos de los temas que pongamos a debate, y un buen comienzo lo tendremos en una de los dilemas específicos de la política: cómo se ejerce el poder. La CSDC debe destruir la noción de que la crueldad es consustancial al ejercicio efectivo del poder. La firmeza en las posiciones y la capacidad y necesidad de fortalecer los liderazgos no exigen el rigor de la intolerancia y la falta de generosidad que parecen propias de la política. Una viva discusión sobre este tema propiciará tanto un giro en la manera en que las autoridades se proyectan hacia los ciudadanos como la oportunidad de crear un consenso público acerca de la democracia que debemos y podemos construir. 
   
La relación estrecha entre ejercicio del poder y necesidad de nuevos estilos políticos va en la dirección en la que camina el socialismo democrático en Cuba. La moderación como proyección política y la búsqueda del consenso para construir la voluntad democrática son las premisas urgentes que estamos requiriendo para restituirle valor y dignidad a la política. Esto devela la importancia que para la CSDC tiene una concertación política como la Mesa de Reflexión. Las ideologías arrogantes, las elites cerradas y la noción del ciudadano como votante excluyen la posibilidad de la participación libremente asumida y la reconstrucción del proceso político democrático. Después de las duras y no poco frustrantes experiencias del siglo XX, no será posible disolver el desencanto social con el espacio público si no se cambian los puntos de partida de la política. Y para eso debemos procurar el regreso de la ética.

En este sentido adquiere valor una de nuestras metas a corto plazo: la construcción comunitaria de la democracia. Es en la comunidad donde comenzará a decidirse la democracia del futuro, donde comenzarán a medirse nuestras capacidades de articulación social y donde se pondrán a prueba las nuevas formas de aproximación política que estamos proponiendo. Es ese el espacio para lograr que el ciudadano vuelva a ganar confianza en el debate público y en la alta política. La identidad con los asuntos comunitarios es la garantía auténtica de que es real la identificación con las políticas de Estado.  

Es este el mejor modo de concretar uno de los mayores desafíos que debemos afrontar: el de un nuevo proyecto de nación inclusiva. Para iniciar y adelantar este propósito, la CSDC propondrá la conformación de un Arco Progresista con aquellas organizaciones de cubanos de tendencias socialdemócratas de Cuba y del exilio dispuestas a aportar fuertes contenidos sociales y democráticos a este proyecto de nación. Nuestra identidad y nuestro trabajo conjunto con la Coordinadora Socialdemócrata es un paso alentador hacia esta meta.

Pero este proyecto de nación pasa por dos claras definiciones: la independencia y soberanía nacionales frente a toda pretensión foránea de influir en nuestras determinaciones, y el respeto a la diversidad política que está en los orígenes de nuestra nacionalidad. Sin ella no se logrará el completamiento de la nación cubana: una de las asignaturas pendientes de nuestra cultura. 

¿Desde que fuentes podrá la CSDC completar su trayectoria? Desde cinco sensibilidades básicas.
En primer lugar, desde la sensibilidad política: la CSDC está en capacidad y en posibilidad de demostrar que la política tiene un sentido ético, estético y concreto.

En segundo lugar, desde la sensibilidad social: para nosotros la democracia es el medio para la justicia de los procedimientos y para la justicia social.

En tercer lugar, desde la sensibilidad democrática: para socialistas y socialdemócratas la justicia social pierde sentido sin la libre participación de los ciudadanos en la formación de la voluntad social y sin el respeto a los derechos. 

En cuarto lugar, desde la sensibilidad cultural: para la CSDC si no hay  legitimación de valores y no se promueve la diversidad, no es concebible un proyecto profundamente democrático.

Y en quinto lugar, desde la sensibilidad nacional: si no se construye un espacio común donde confluyan identidades e intereses, no será posible, en nuestra visión, renovar nuestro proyecto de sociedad. 
 
Manuel Cuesta Morúa
 
 
¿Cómo reconstruir una nación sobre bases nacionales y no patrimoniales?
Manuel Cuesta Morúa 
Portavoz del Partido Arco Progresista

¿Cómo reconstruir una nación sobre bases nacionales y no patrimoniales?

Recientemente el Partido Arco Progresista de Cuba (socialdemócrata) dio a conocer su propuesta “50 años después: un nuevo contrato para Cuba(ver texto completo en www.cuba-europa.org).

Esta propuesta fue resultado de varias confluencias. Por una parte, sometíamos a análisis el debate progresista que habíamos animado en y posterior a la Primera Convención Nacional del PARP [julio 2008] que se resumía en el concepto estratégico de construir la Cuba de los Ciudadanos. Este concepto es germinal porque nuestro país ha tenido sucesivamente como ejes referenciales a la sacarocracia, (los propietarios de los centrales azucareros) a los mambises, (la clase de los guerreros de la independencia) a los generales y doctores, y a los revolucionarios; pero nunca a los ciudadanos.

Por otra parte, en el texto 50 años después: un nuevo contrato para Cuba sostenemos que, contrario a lo que se piensa, fundamentalmente en América Latina, la cubana fue una revolución conservadora que creó un Estado de corte jesuita, con esa fuerte sensibilidad social que caracteriza a esta orden religiosa. La comparación más pertinente de Cuba no es entonces con los ex países  socialistas del Este y Centro de Europa, sino con la República del Dr. Francia en el Paraguay del siglo XIX.

Por lo pronto, el nuevo contrato que proponemos trata de convertir en necesidad política del ahora el siguiente dilema cubano: la ausencia evidente de definición conceptual de cualquier proyecto político en nuestra historia nos ha llevado a correr –y a sufrir— el siguiente riesgo: justificar y legitimar la política en las meras necesidades del estómago, visto este como símbolo abierto y glotón de lo más perentorio e inmediato para los ciudadanos.

Fue exactamente esta constatación de sentido común la que guió al Partido Arco Progresista (Parp) hacia la idea de un nuevo contrato social.
Un repaso detenido por la historia política de Cuba nos aproxima más o menos a este hecho: la política cubana no ha logrado fundarse en valores compartidos, sino en programas para la solución de problemas concretos de diversos sectores de la sociedad. Por eso, la política de riquezas cubanas, entre las primeras del hemisferio occidental antes de 1959, se perdió ante la ausencia o debilidad de una política cubana de los valores. Valores entendidos no en su sentido metafísico, sino como pautas-límite de conducta que los individuos o los grupos no son capaces de transgredir, ni siquiera para su propio beneficio.

No al modelo político patriarcal

Se podrá decir que la política es para las cosas concretas de la vida y nada más. El it's the economy, stupid, que se hizo famoso en la era de Bill Clinton, parecería el contenido moderno, algo precursor, de la cuestión política en el mundo, ayer y hoy. Con lo que estaría básicamente de acuerdo, pero con la siguiente salvedad: donde la política no se funda en valores, se pierden a la larga la riqueza, la posibilidad de solucionar problemas concretos e, incluso, la de proponer programas.

Esto, por una razón fundamental, entre otras: la política de las soluciones divorcia a los ciudadanos de las políticas y los políticos providenciales, que son percibidos como los salvadores, destinados teológicamente a resolver los problemas de los otros, a detentar la sabiduría suprema para determinar cuáles son las demandas del "pueblo", de qué modo satisfacerlas y cuándo podrán ser cumplimentadas. Y en la medida en que estas posibilidades dependen cada vez más de algún saber tecnocrático, el asunto se pone peor, porque los ciudadanos, vistos como individuos, carecen —o se supone que carecen— de los conocimientos técnico-providenciales apropiados, según la visión que les gusta nutrir a los de arriba en no pocas sociedades.

Que la política cubana haya reproducido históricamente el modelo patriarcal, no sólo tiene que ver con el origen rural de la mayoría de la élite política cubana. Tiene que ver también con esa infantilización política por la cual es el padre el encargado de satisfacer las demandas de los hijos. Con una diferencia. En el modelo político patriarcal no existen las demandas, nada más existen las necesidades. Y estas no la determinan los hijos, sino los padres.

En tal sentido, el modelo político cubano no ha evolucionado desde aquel presidente, Gerardo Machado, quien por allá por los años veinte del siglo pasado determinó cuánto debían cobrar los que trabajaron en la construcción del aeropuerto de San Antonio de los Baños en La Habana, hasta el ex gobernante Fidel Castro, quien tuvo a bien decidir qué hacer con y cómo distribuir el dinero que ganan los deportistas de la élite profesional.

Y no hay evolución, ni diferencia, agregaría, porque la idea de que nuestras soluciones deben venir desde arriba es consustancial a otras dos realidades: primero, al principio arraigado de que al Estado y al gobierno hay que pedirles lo que necesitamos o nos pertenece —la democracia, los derechos humanos, la libertad de movimiento, la alimentación, etc.— y al principio incorporado de que si el Estado o gobierno no los satisface, pues hay que robárselos. De modo que petición y corrupción se dan la mano en una sociedad construida para la pobreza y desde el derecho patrimonial.

Cuestión de élites

En tal concepto, la política cubana no se ha basado nunca en el fundamento de toda sociedad moderna: el contrato, cualquiera sea, entre gobernados y gobernantes. Y todo contrato nos lleva a unos valores básicos que alimentan, en todos sus detalles y de manera general, las cláusulas de la convivencia.

Cuba no ha tenido nada parecido a esto. O sí. Las sucesivas constituciones de la Isla parecen haber llenado esta necesidad de un contrato social. Sólo que los valores detrás de esos esfuerzos de dotarnos de una ley fundamental han sido contrarios a la naturaleza de toda ley fundamental.

La primera élite que surgió de las guerras de independencia fundó su derecho a gobernar en el hecho de haber arriesgado la vida y la hacienda frente a España. La segunda élite que surgió de la "Revolución" basó el suyo en el mismo hecho de haber arriesgado la vida, y esta vez la utopía, para conquistar el poder. A lo que hay que agregar la cultura heredada. De modo que el derecho político en Cuba pasa por el juego real o supuesto con la muerte, y no por los derechos ciudadanos.

Cuando Fidel Castro utilizó recientemente el par simbólico de miel y sacrificio, para justificar la defenestración de Carlos Lage Dávila, un cuasi primer ministro, y de Felipe Pérez, encargado de las relaciones exteriores, nos estaba recordando que el poder en Cuba significa riesgo por adelantado: algo totalmente contrario a la naturaleza del contrato, que es la de riesgo a futuro, con cláusulas de garantía incluidas. En un juicio sin facha debemos saber ahora, y este es el valor pedagógico resumido de la tradición política cubana, que al poder se llega para mandar y disfrutar. O para disfrutar y mandar. No para servir.

A partir de este análisis funda el PARP la idea de nuevo contrato social. En dos direcciones: primero, la idea misma de contrato trata de impulsar el concepto de que es necesario reformular las pautas de convivencia entre cubanos; algo que en rigor se haría por primera vez en Cuba, porque nunca se ha contado aquí con los ciudadanos a la hora de determinar sus vidas y destinos. Segundo, la necesidad de modernizar las relaciones entre el gobierno y los ciudadanos. Llegar al punto en el que podamos decir: no somos los ciudadanos los que tenemos un problema con el Estado, sino es el Estado el que tiene un problema con los ciudadanos; sería la apertura y el fundamento de la civilización política en Cuba.

El Parp cree que sólo así podremos crear una relación estable entre cubanos y un proyecto maduro de país o de nación, que no es lo mismo. Las culturas políticas que han perdurado a lo largo de la historia han sido aquellas en las que al sentido de propósito se ha unido el sentido del límite: eso revela la necesidad de todo contrato social, aunque sea con los dioses que dieron vida al derecho divino de las monarquías. Si la "revolución cubana" murió, fue, entre otras cosas, por su desmesura, por la ruptura de sus propios límites.

Superar los compartimentos huidizos

El nuevo contrato social, tal y como lo percibimos, no sigue, por tanto, las líneas de un programa político. Las cuatro propuestas que hacemos sólo tienen que ver con las bases necesarias, no las únicas —me gustaría repetir—, para reorientar el satélite de los cubanos hacia Cuba: pertenencia real, no su sentido, respecto de la propiedad; posibilidad de alimentación sostenible y rentabilidad de nuestro suelo, que de sustento a la biosociedad cubana; pluralidad cultural en el ámbito cívico, para eliminar la institucionalización del racismo que funda el artículo 5 de la vigente Constitución, y posibilidad del reencuentro de la familia, en la Isla o en el exterior, constituyen bases para reconstruir la nación con arreglo al criterio de nacionalidad, no de patrimonio, tal y como ha sido hasta ahora y desde los orígenes.

¿Es Cuba de la izquierda o de la derecha? ¿Es Cuba de los revolucionarios o de los contrarrevolucionarios? ¿Es Cuba de los de adentro o de los de afuera? Preguntas retóricas que sólo tienen el valor de alumbrar un hecho: mientras no superemos estos compartimentos huidizos —la mayoría de los cubanos hemos estado indistintamente en uno u otro de estos compartimentos—, no habrá posibilidad de poner en marcha ni políticas concretas, ni políticas fundadas en signo ideológico alguno. Porque suponer que la política actual del gobierno es de izquierdas no se sostiene en ninguno de sus catálogos. Es más bien un asunto de humor triste. Conviene advertir cuáles son los gobiernos de América Latina que más se acercan a Cuba: aquellos que intentan reproducir las autocracias progresistas, fundado sea en el modelo caudillista (Venezuela), sea en el comunitarista (Bolivia) o en el cleptocrático (Nicaragua). Todo lo viejo dentro de la canasta social. 

¿Cómo reconstruir la nación sobre bases nacionales y no patrimoniales? Como muchos cubanos, creemos que sólo puede hacerse y sólo debe hacerse a través de la ley. Nuevo contrato significa por eso que los instrumentos jurídicos adquieren relevancia para recrear la convivencia social y para restaurar la relación orgánica entre los ciudadanos y el Estado.

Esta relación fue rota en 2002. Al declarar constitucionalmente la irreversibilidad del "socialismo", el gobierno pulverizó los precedentes constitucionales de la fundación de Cuba. Desde nuestros orígenes como proyecto de nación, estos asimilaron, sin contradicción, esa unidad de súbdito y soberano que está en la base del ciudadano moderno. Otra cosa fue su real incorporación.

Súbdito de la ley, soberano para conformarla, los cubanos perdimos con aquella contrarreforma la condición de ciudadanos —que es pulverizada— y la relación orgánica con un Estado que sólo sabe y le importa justificarse a sí mismo. A partir de aquí quedó claro que para el Estado los cubanos somos únicamente fuente de deber, no de soberanía.

Y no importa que la Constitución "socialista" no diera para mucho en términos de reformas; lo importante es que, hasta esa fecha, se podía reformular la convivencia Estado-sociedad atendiendo a las necesidades e intereses de los ciudadanos. Después de ella, parece que sólo podría hacerse velando porque no se destruya la naturaleza "socialista" del Estado.

Los cubanos del futuro, ¿atados?

La discusión de qué entender por socialismo, que daba una especie de opción legislativa preferencial al ciudadano revolucionario —una contradicción en los términos, sin dudas—, se desplaza "legalmente" de los ciudadanos al Estado; lo que ya acontecía políticamente, pero sin estatuto legal. Que no se explotara debidamente semejante monstruosidad jurídica estaba en relación, por supuesto, con la débil cultura del derecho de nosotros los cubanos, acostumbrados a "derribar", y no a reformar. De modo que se ató a los cubanos del futuro a una condición presente que se niega a reconocer las posibilidades empíricas de ese futuro.

¿Qué hacer si los cubanos de "mañana" fueran todos evangelistas, católicos, santeros o musulmanes? Bueno, para abrirnos a todas las opciones posibles del futuro, no hipotecando absurdamente lo que ya acontece en el presente, podemos restituir jurídicamente las bases de ese nuevo contrato alumbrando la Cuba real, diferente por completo de la Cuba oficial. La posibilidad para ello, que hay que explotar teóricamente, está en aquella ruptura orgánica de 2002, que obliga a replantearlo todo desde el ciudadano, y en el análisis antropológico del artículo 5.

¿Responderán los ciudadanos cubanos a la necesidad de este nuevo contrato? Eso no lo sabemos. El esfuerzo va encaminado también a reconstruir nuestra relación madura con el Estado partiendo de asumir las responsabilidades de nuestros éxitos o fracasos. Si logramos ir definiendo sustancialmente la Cuba de los ciudadanos, el éxito será de los mismos ciudadanos. Si no, el fracaso será de nosotros.

En este sentido el nuevo contrato significa no transferir las culpas a la poca capacidad de escucha del gobierno, o a su demolición represiva, sino entender que lo que suceda o deje de suceder depende en verdad de nosotros. Se supone que un Estado autoritario se comporte como tal. También, que la imaginación debe ser capaz de neutralizar sus obstáculos a base de una combinación… creativa.

Y un asunto final. Con el nuevo contrato social hemos tratado de vincular necesidades concretas con necesidades estratégicas. El "Shangri-la" [imaginario paraíso idílico, término tomado de la novela Lost Horizon, de James Milton] de la política cubana sería que todos los ciudadanos vieran el valor estratégico de determinadas propuestas políticas.

En espera de que esto pueda suceder —inteligencia no es justamente lo que falta—, sí queda claro que muchos atisban el valor de practicar la "real gana" con lo que les pertenece, de tener un mejor sustento para sus hijos raquíticos, de ser gerente de una empresa y babalawo, o católico, al mismo tiempo, y de vivir con su familia en cualquier lugar del mundo, fundamentalmente Cuba, sin la tensión de que un hijo imite lo inimitable, a Ernesto Guevara; o, siga la ruta mejor de Martin Luther King, Ghandi o Martí. O ninguna, pero que siga siendo un hijo.

Finalmente cabe un comentario de ambiente internacional.

Con independencia de sus desarrollos, los ciudadanos latinoamericanos están demandando nuevos contratos sociales y políticas para refundar su convivencia. Esto refleja una crisis sentida y un síntoma de que en las políticas del futuro hay que atender primordialmente a los ciudadanos. La elección de Barack Obama, que extiende la necesidad de un nuevo contrato a todo el hemisferio, no es en este sentido un punto de partida, sino un punto en el camino que potencia lo que sucederá en el mundo y en el hemisferio, desde luego, por la importancia de los Estados Unidos. Cuba puede y debe beneficiarse de esta ola progresiva de cambios fundamentales. Mucho depende de los mismos Estados Unidos si se decide a mantener o a eliminar el embargo, del apoyo que recibamos de las democracias en América Latina, pero sobre todo de los ciudadanos cubanos, de quienes depende tanto que el cambio sea fundamental como de que se torne en su beneficio. La sociedad cubana, aunque no lo parezca, está preparada para ese cambio: sus expectativas se abren y eso es esencial para absorber el impacto de una apertura. La Cuba de los ciudadanos sigue siendo en tal sentido, el fundamento básico del nuevo contrato social para Cuba que propone el Parp.